Sáb. Abr 17th, 2021

El rapero Pablo Hasél, durante un concierto. — FOTO: PÚBLICO.

Manotazos represivos y cárceles democráticas

Por José Manzaneda, coordinador de Cubainformación.

ESPAÑA | El rapero catalán Pablo Hasél entrará en prisión en los próximos días, tras su condena por supuesto “enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y las instituciones del Estado”. La gran prensa española se divide entre la fría información de agencias (1) y la justificación entusiasta de la condena (2).

Es la misma prensa que silencia que España es el estado del mundo con más artistas con pena de prisión (3).

Y la misma que, en estos días, convertía en noticia internacional el manotazo del ministro cubano de Cultura al teléfono móvil de un individuo que lo asediaba: “El ministro de Cultura cubano agrede a un grupo de activistas durante una protesta pacífica”, titulaba el diario “El Mundo” (4).

Un simple manotazo, apenas un empujón, era condenado, al segundo, por la Sociedad Interamericana de Prensa (5) y por Human Rights Watch (6). La directora para las Américas de Amnistía Internacional lo calificaba de «repugnante acto de violencia del ministro (cubano) de Cultura», mostrando la caricatura en que se ha convertido esta ONG de prestigioso pasado (7). Y, unas horas después, para no levantar sospechas, llegaba la condena de la Embajada de EEUU (8).

El llamado “Observatorio Cubano de Derechos Humanos”, con sede en Madrid y sostenido por la Casa Blanca con 250 mil dólares anuales (9), pedía a EEUU y la Unión Europea «sanciones públicas» para el ministro por su «participación directa –palabras textuales- en actos violentos y que atentan contra los Derechos Humanos de intelectuales y artistas” (10).

La “disidente” Rosa María Payá, que cobra, según los documentos fiscales, 30 mil dólares anuales del gobierno de EEUU por una jornada de 25 horas semanales (11), inventaba que había allí “jóvenes golpeados, detenidos y desaparecidos por la policía política” cubana (12).

Varios eurodiputados exigían incluso la suspensión del actual Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con La Habana (13).

¿Estaremos ante el manotazo más represivo y sanguinario de la historia? ¿O será, más bien, un nuevo montaje barato de quienes, en Cuba, viven del dinero de Washington? Pues va a ser, una vez más, lo segundo (14).

Vayamos a los hechos (15). El pasado miércoles, estaba prevista una reunión del vicepresidente de Cultura de Cuba, Fernando Rojas, con tres representantes de un grupo de artistas contrarios al gobierno. Pero se presentaron no tres, sino veintidós*. Desde la calle, realizaron una llamada al viceministro y, sin su conocimiento, la emitieron en directo por las redes sociales. En ella, se escucha cómo Rojas, en tono cordial, les propone recibirlos a las 12 del mediodía y les invita a pasar a las instalaciones del Ministerio. No a los tres acordados, sino a los treinta. Más tarde sale a la calle y reitera, varias veces más, la invitación. El grupo lo desafía, se oyen risas e insultos. Graban al viceministro con sus celulares, y se niegan a entrar, al exigir grabarlo todo, dentro, con sus teléfonos. Como se permitiría en la reunión con un viceministro en cualquier país del mundo, ¿verdad que sí?

El objetivo era evidente: impedir la reunión y provocar hasta generar un incidente, por nimio que fuera, para convertirlo, a través de las redes y los medios internacionales, en noticia. Ahí entraron en juego los medios digitales pagados por las agencias gubernamentales de EEUU, cuyos “corresponsales” eran casi la mitad del grupo, nueve* (16).

El supuesto “periodista independiente”, cuyo celular fue retirado por el ministro, es Mauricio Mendoza, a sueldo de “Diario de Cuba”, una web que la Casa Blanca financia con 350 mil dólares al año para apoyar su política de bloqueo a la Isla (17).

En Cuba, desde hace dos meses, hay un intenso diálogo entre Ministerio de Cultura y centenares de artistas de todos los sectores, a lo largo de todo el país. Del que este pequeño grupo, vinculado a la agenda de Washington, ha decidido desgajarse.

Por cierto, en Colombia, el mismo día, era asesinado el periodista Cristian Camilo Illera (18). Como 14 líderes y defensores de derechos humanos en los escasos días que llevamos de 2021 (19). Pero quizá sea necesario el «manotazo represivo y dictatorial» de un ministro para que la prensa internacional –la española muy especialmente- se digne a informarnos sobre ello.

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