Daniel Emilio Mendoza Leal, abogado penalista y criminólogo, escritor, investigador y periodista.

Arias el Santo Ladrón

Llegó el exministro de agricultura de Álvaro Uribe a pagar lo que nos debe. En el Aeropuerto Militar aterrizó extraditado ese clon con bajas defensas, al que le dicen Uribito que parece haber sido gestado por la misma ubre podrida que en mal momento parió al expresidente matarife. Después de andar algunos meses vestido de yuppi por la Florida asesorando empresas internacionales, llega esposado y muy asustado. Le quedan 17 años. Su condena está virgen y por andar volado el tiempo preso en Estados los Unidos no puede esperar ningún tipo de descuento, precisamente por eso: Es un prófugo más al que la justicia acaba de capturar. Su esposa no ha parado de llorar frente a las cámaras, tratando de que la humanidad entera observe la inmaculada aureola de santidad que lleva puesta su marido y por supuesto, de plañideras le han servido nuestros medios enmermelados que pretenden ser los titiriteros que gobiernan nuestras neuronas.

Me vivo topando con doñas muy pispas y pinchadas, que me dicen que tan pobrecito el Ministro con esa cara de tan buen muchacho. Al corro de berridos se suman el de muchas rezanderas camanduleras, pertenecientes a esas nuevas sectas neofachas católicas, que están adoctrinando a los ricos más uribistas y que aseguran que Arias es un tipo pobre, que no se robó un peso y que “hasta” le tocó vender el apartamento. También me regañan niñitos muy majos y arregladitos, de camisita con caballito y Omega en la muñeca, recién egresaditos ellos de la facultad, diciendo y estirando la palabra, “es que fue una pena desssproporrrcionada”.Todos esos jóvenes tan bien educados que después de haber conocido a Andrés Felipe Arias como su profesor en la Universidad de los Andes, elevan su voz de protesta:

¿A profesionales decentes y bien formados como uno, viendo esas condenas, cómo no nos va a dar miedo entrar a trabajar al sector público?…por eso es que las entidades gubernamentales andan llenas de analfabetas que ni saben hablar inglés, me dijo alguna vez uno de aquellos, muy indignado.

Y a todos ellos me toca contarles la misma verdad:


Arias incurrió en varios delitos. Indujo y determinó a muchas personas para que los cometieran y le pidió donaciones electorales a los beneficiados a cambio de enseñarles cómo era que se hacía el torcido. No solo fue el genio que diseñó el sistema, sino que se paró frente al tablero y le dictó catedra a la élite rural de cómo robar al Estado. El expediente me lo conozco de memoria, he hablado personalmente con los protagonistas, participé de todas las audiencias como defensor de uno de los implicados, y por eso no me cabe la menor duda que toda esa opereta criminal que terminó dejando a medio departamento sin agua, fue compuesta y dirigida por el ministro Arias obedeciendo órdenes de Álvaro Uribe Vélez, el gamonal que para esa época necesitaba dejarle a la finca un agregado firme, un perro guardián que mordiera y ladrara cuando él se lo ordenara.Los dos sentados en una de las mesas largas que llenan las oficinas de palacio debieron haber caído en cuenta que no iba a ser muy bien visto diseñarle un proyecto agrícola con carácter social y humano a los terratenientes multimillonarios de todo el país, a quienes tenían que homenajear antes de que iniciara la campaña electoral, pues eran ellos quienes tradicionalmente habían fondeado la militancia política que puso a Uribe a gobernar.En cambio, si el proyecto se presentaba como indispensable para ayudar al pequeño agricultor, al campesino de a pie que le hace el quite al charco cuando lo salpica la Toyota del patrón, pues ese sapo picho y deforme, bien adobadito y salsudito, el pueblo sí se lo podía tragar.Andrés Felipe Arias y sus asesores le presentaron el proyecto a los terratenientes y hacendados dueños de media Colombia. Les dijeron que ese ponqué era para que se lo jartaran como marranos y que después de quedar llenos, le iban a tener que tributar pues necesitaban recursos para pagar la campaña presidencial del Uribito el Minimí, que se veía venir.La maldad fue planeada aprovechándose de la aridez de la tierra que se está deshidratando.Cuando llueve, si el campo es árido, lo que hacen es desviar cauces e inundar terrenos y esperar a que el calor los vaya secando. Quien tiene la tierra cerca al río queda emparamado y para el que la tiene lejos no hay nada, un par de gotas si al caso como baño’e gato. Entonces es solo aplicar la lógica ancestral que tiene la repartición del agro en este país, la ecuación es muy fácil de explicar: las tierras de los ricos siempre tienen agua y las de los pobres, sed.Un sistema de riego moderno y eficaz en cada parcela campesina, haría que el recurso hídrico perdurara durante todo el año y sobre todo que el agua, que en el campo es riqueza, se repartiera mucho más equitativamente.El Gobierno necesitaba un platal. El presidente, a como diera lugar, tenía que reelegirse así fuera, atendiendo su costumbre, a través de un testaferro, y por eso a los grandes aportantes había que darles un ponqué bien grande al que le quepan muchas velas, para que estuvieran dispuestos a repartir un par de tajadas.El crimen se empieza a ejecutar cuando Arias y su Patrón, Álvaro Uribe, después de haber sido revisado por un par de ojos, le inoculan unos párrafos que lo cambiaban todo. Con ese mico el gobierno y su ministro fotocopia, permitieron que los recursos de los subsidios para los sistemas de riego, no fueran solamente para los propietarios sino que también podían acceder a ellos los arrendatarios. Era la única forma de poder entregar la torta entera a los millonarios: De a tajadas.Les explico lo más claramente que me es posible: Los contratos de arrendamiento se usaron para defraudar las finalidades del proyecto. Como el proyecto era diseñado para el campesino propietario de un terreno muy pequeño y seco, el hecho de que se le otorgara subsidios no solo a los propietarios sino también al arrendatario, permitía que el gran terrateniente subdividiera en tajos sus miles de hectáreas, hiciera contratos ficticios de arrendamiento con primas viudas que vivían en Miami, con sobrinos bobos; o con bellas y reconocidas actrices que nunca han sembrado una yuca. Y así, por cada pedacito de la majestuosa e inmensa hacienda, que habían rebanado jurídicamente en lotes diminutos que le tenían arrendados a su parentela, recibían varios milloncitos que se convertirían en la inmensa tula que se terminó cargando cada uno. Uribito desde el Ministerio y al amparo de su jefe el presidente, fue el que diseñó el proyecto dando cabida al arrendamiento de predios y fue quien les explicó a sus dadivosos donantes donde estaba la trampa.Ahora bien, es importante aclarar que los terratenientes beneficiarios, los que partieron sus fincas descomunales en lotecitos y recibieron la plata, y que después pagaron la campaña del bichito ese que engendró Uribe y que puso de ministro, obraron de buena fe.Créanme. Suena chistoso pero esta vez, a los ricos, los cogió Arias de pendejos. ¿Será que en su lugar, algún cristiano podría llegar a pensar que ese era el punto de partida de una larga maratón de delitos gravísimos?Si a usted que es un ganadero y agricultor millonario, que sabe es de pesticidas, palmas, vacas y terneros, se le sienta al frente “El” Ministro de Agricultura junto a un puñado de asesores yuppies, y en una reunión técnica los invita al proyecto y les explica lo de los contratos de arrendamiento y la subdivisión de los terrenos. Es decir, les maquilla el crimen como si fuera una Drag Queen bien dotada… ¿Quién piensa que ahí hay un delito? …¿Ah? ¿Quién?Si lo vemos desprovistos de pasiones, objetivamente, una persona normal no puede ver por donde está el chueco. ¿Acaso es que arrendar un pedazo de tierra es delito? Y si se lo quiero arrendar a mi tía Magola o a la dulcinea que me estoy cogiendo… … ¿La estoy embarrando en algo?Pero es que además me lo está diciendo ese ministro que es el muñeco del ventrílocuo. ¡Él! Que habla igualito, es igual de chiquitico y tiene la misma carita de monaguillo, se viste igualito, de rancio paño gris y lleva las mismas gafitas que ese gamonal eterno al que un pedazo de país aún se le arrastra. Y además, plata para él no estaba pidiendo, no era una coima, pedía en contraprestación, como todos los candidatos, una cuantiosa donación para la futura campaña que se avecinaba.A ninguno de esos latifundistas se le pasaría ni por un instante que estaba sirviendo de instrumento para agarrar a patadas el código penal.Por eso es que las cosas son como son y a cada quién lo de cada cual: ni los Dávila, ni los Vives, ni los Lacouture, ni uno solo de los propietarios de esos inmensos terrenos es culpable, así el atortole mediático, las garras de un fiscal bien fierra y la cárcel que les picaba el ojo, los haya llevado a aceptar cargos y buscar condenas que los dejaran en la casa.Aquí los únicos delincuentes son Uribe el Gamonal, su subordinado Andrés Felipe Arias y sus secuaces asesores del gabinete ministerial que diseñaron y tradujeron el crimen en el papel.Ellos fueron los que le dieron cátedra a los beneficiarios, pero lo más grave: Le dieron apariencia de legalidad al torcido y les hicieron creer a todos esos hacendados, que ese proyecto era para ellos y no para su vecino que camina en alpargatas.

Ahora, antes de que Uribe se venga estallando metras, me pique y me chamusque en ácido o lo que bien puede ser más mamón: que me eche a su ejercito de eminentes juristas encima, me permito preguntarles a todos ustedes ¿Ustedes creen que Uribe no sabía lo que estaba sucediendo? Si era el proyecto bandera de su principal cartera, la de agricultura, la que de daba de comer a sus reses y a sus caballos de paso fino, a sus fedepalmas y fedeganes, y a José Felix y a los Valencia y a la recua narco genocida que lo aplaude desde el pastal. Y él era el presidente de presidentes, la divinidad humanada que hacía palpitar el corazón del Ministro… ¿Quién se cree que Arias, el Uribe chiquito, le iba a esconder semejante guardado a su amo y señor?  

Entonces, junto esas sequías que aturden la costa y que dejan poblaciones enteras sin agua, pónganle chulo a Arias y a Uribe, junto a los sembrados resecos e infértiles que ponen a aguantar hambre a los más pobres, el mismo chulo, y uno bien grande y reteñido frente a los miles de niños que se han muerto de sed y hambre en la guajira por falta de esos sistemas de riego, que se robaron los que en sus yates se bañan en champaña cuando celebran.

En lo demás sí estoy de acuerdo con las señoras del Club el Nogal: Uribito con sus gafitas y hablado desgonzado, tan bien puestecito, pinta de buen muchacho sí tiene… hasta de guevón diría yo. Y pobrecito también es. Bien pobre si debió haber quedado porque no creo que del desfalco se haya guardado nada, pues todo se lo metió a la campaña. Debe, como muchos, estar maldiciendo el día en que conoció a ese expresidente que lo clonó.

Seguirá recibiendo el giro mensual de su mecenas como todos los otros con los gobernó y que andan aquí metidos en sus calabozos, corriendo prófugos por el mundo o extraditados comiendo frijoles enlatados en una cárcel gringa, pero lo cierto es que si ese Ministro – que sirvió de piñón engrasado de ese mecanismo de corrupción y muerte que ha sido el uribismo desde las épocas de los Ochoa y Pablo Escobar- quiere salir de la cárcel a la calle sin bastón, tiene que ir pensando en decir la verdad, en golpear la puerta de la JEP que de seguro lo escucha y contarlo todo…todo con lentes, poncho, Crocs, caballo de paso fino y motosierra prendida.

Fuente: La Nueva Prensa.

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