Sáb. Abr 17th, 2021

Continúan la vigilancia ilegal en Colombia

Informe del equipo anónimo t. Colombia con la colaboración de WikiLeaks en el Reino Unido.

Más de una docena de empresas internacionales están suministrando potente tecnología de vigilancia de comunicaciones en Colombia. En las últimas décadas, empresas principalmente de Israel, Estados Unidos y el Reino Unido han trabajado con socios colombianos para ampliar las capacidades de vigilancia del Gobierno. Esto pasa a pesar de las pruebas, de que el Gobierno está llevando a cabo una vigilancia ilegal, de los colombianos.

El Estado colombiano es un cliente listo para esta tecnología, impulsado por su creciente deseo de capturar grandes cantidades de datos de comunicaciones privadas de los ciudadanos como parte de su lucha contra diversas insurgencias armadas.

Si bien el Ejército ha utilizado drones y otras tecnologías para rastrear los movimientos y comunicaciones de los grupos rebeldes, también ha utilizado sus recursos técnicos para espiar las negociaciones de paz e influir en los procesos electorales. Las fuerzas del orden y los organismos de inteligencia, que van desde el ahora disuelto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) hasta la Dirección de Inteligencia Policial (DIPOL), han excedido su autoridad legal al dirigirse a su vigilancia contra periodistas, activistas e incluso funcionarios gubernamentales. En los escándalos de interceptación más notorios, grupos especiales de inteligencia estratégica del DAS espiaron a unas 600 figuras públicas, entre parlamentarios, periodistas, activistas de derechos humanos, abogados y jueces, entre otros. Los objetivos han sido espiados y acosados de maneras horribles, y continúa hasta el día de hoy.

Publicado esta semana, «Estado en la sombra: vigilancia, ley y orden en Colombia», detalla cómo se ha construido un sistema de vigilancia masiva en ausencia de una autoridad legal clara, salvaguardias contra el abuso o cualquier escrutinio público. De hecho, el público colombiano desconoce en gran medida que el Gobierno se ha dado poderes tan amplios.

Surveillanomics, la industria mundial de la vigilancia comercial es relativamente nueva. Históricamente, el sector privado desempeñó un papel limitado en la prestación de las capacidades de vigilancia utilizadas por las fuerzas del orden estatales y las agencias de inteligencia. Los Estados conservaron en general el monopolio del desarrollo y el despliegue de tecnologías de vigilancia, ya que la vigilancia era una actividad intensiva en tiempo, recursos y finanzas.

El panorama ha cambiado significativamente en las últimas décadas. Una industria comercial ha surgido para atender el deseo de los estados de capacidades de vigilancia cada vez más expansivas. Vende tecnologías que han puesto la recolección y retención de grandes cantidades de datos al alcance presupuestario de cada vez más gobiernos, como el de Colombia. La industria mundial de la vigilancia se estimó en unos 5.000 millones de dólares EE.UU. en 2011 y está creciendo un 20% anual. Las empresas atraen nuevos clientes presentándose como parte de una industria legítima y responsable cuyo objetivo principal es hacer frente a la amenaza de una creciente criminalidad facilitada por las infraestructuras de comunicaciones modernas. Y en Colombia, con sus militares bien financiados y sus débiles regímenes de supervisión, la industria encuentra clientes listos.

Investigado por elección, nuestra investigación reveló más de una docena de empresas internacionales que trabajan con revendedores y socios colombianos. Estos incluyen productos dirigidos más pequeños como un dispositivo de grabación de tarjetas de crédito por la empresa suiza Nagra; ‘Pointer’, un dispositivo portátil que se puede utilizar para determinar la dirección en la que viaja una persona que utiliza un dispositivo de comunicaciones mientras intercepta llamadas telefónicas con un receptor IMSI por parte de la empresa británica Smith Myers Communications; y un dispositivo de grabación de vídeo y audio modelado en un asiento de bebé por la empresa británica LMW Electronics.

Pero más preocupantes son las ventas de dispositivos de vigilancia de las comunicaciones de red: los grifos de red, las sondas y los centros de monitoreo a los que se conectan.

STAR Colombia Inteligencia & Amp; Tecnología, una firma colombiana, construye la plataforma nacional de interceptación fija y móvil ‘Esperanza’. Esperanza, fue el sistema de interceptación de comunicaciones más visible del país, administrado y administrado por la Fiscalía General de la Nación (Fiscalía) y fuertemente apoyado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA). Esperanza puede obtener datos de llamadas móviles y de línea fija. NICE Systems, en asociación con el socio colombiano Eagle Commercial, ganó una serie de contratos posteriores para ampliar masivamente la capacidad de interceptación del sistema PUMA.

Un sistema de vigilancia gestionado por otra rama de la Policía, la Dirección de Inteligencia de la Policía (DIPOL), también tiene capacidades de vigilancia masiva. El Sistema Integrado de Grabación DIPOL gestionó datos de comunicaciones recopiladas y almacenadas utilizando tecnologías de la empresa israelí Verint Systems Ltd. Ambos proyectos de Verint fueron mantenidos por su socio local, Compañía Comercial Curacao de Colombia.

Las empresas que venden tecnologías de vigilancia a menudo permiten y facilitan la vigilancia estatal que violan las normas de derechos humanos, sin embargo, las implicaciones legales y éticas de las tecnologías que venden nunca han sido suficientemente examinadas.

Sólo recibimos cinco respuestas aclaratorias de las 16 empresas con las que nos pusimos en contacto. De ellos, ninguno abordó nuestra pregunta sobre qué políticas de responsabilidades sociales corporativas emplea la empresa en relación con su negocio de tecnología de vigilancia.

Ha habido algunos progresos limitados en la lucha contra los abusos de vigilancia de los últimos años. La Procuraduría General de la República está investigando los abusos del DAS y en 2014 pidió que se detenga la expansión del PUMA, uno de los sistemas de interceptación masiva de redes del país, por temor a que pueda conducir a una interceptación indiscriminada. Sin embargo, PUMA está de vuelta en el camino y se espera que la versión ampliada esté operativa pronto.

La interceptación ilegal de las comunicaciones y los abusos de los derechos de privacidad continuarán mientras las tecnologías que vende la industria de la vigilancia y las formas en que se utilizan permanezcan en las sombras. A la luz de los abusos pasados del sistema de vigilancia, la desclasificación de documentos relativos a los contratos de tecnología de vigilancia sería un primer paso hacia el aumento de la transparencia y la supervisión efectiva muy necesaria de los organismos de inteligencia y de aplicación de la Ley del país.

El informe también subraya la necesidad de que los gobiernos extranjeros tomen medidas para garantizar que no sean cómplices de permitir la vigilancia ilegal. Pide a los Estados que se asegure de que la prestación de asistencia extranjera esté condicionada a condiciones sólidas de derechos humanos y a llevar a cabo una revisión completa y transparente de la asistencia que se ha prestado a Colombia, que en última instancia se ha utilizado para programas de vigilancia. El informe subraya además la necesidad de que los Estados se aseguren de que las tecnologías de vigilancia no se exporten si existe el riesgo de que se utilicen para facilitar la represión interna o para socavar de otro modo los derechos humanos, o si no existe un marco jurídico claro que regule el uso de los artículos exportados.

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