Guillermo Rico Reyes, escritor y periodista

¿EN MEDIO DE UNA GUERRA AJENA?

Sin duda alguna, Colombia es la esquina más importante del mundo, muchos se preguntarán ¿cómo es eso?, fácil: nuestro país no sólo limita con Sur América, también lo hace con casi todo el mundo ya que contamos con dos inmensas fronteras; los océanos Atlántico y Pacífico que nos conectan con todo y todos.


Es la posición mas privilegiada del todo el globo, como Panamá y otros pocos, pero ninguno con unas tierras tan fértiles que, sumada a gobiernos que siempre han claudicado en la defensa de la soberanía, nos convierte en el blanco perfecto de los intereses de los poderosos.


Desde Colombia se controlan los vecinos más cercanos, Venezuela, la Bolivia de Evo, Ecuador en la época de Correa, y a todos los que con sus modelos políticos intentan salirse de la órbita norteamericana. Por ejemplo, el golpe de estado a Manuel Zelaya de Honduras, propiciado por tropas hondureñas y paramilitares colombianos, o las campañas de desprestigio a los vecinos ya mencionados.

Al interior de nuestro país, contamos con tierras sorprendentemente fértiles, desde la Guajira, que con agua puede producir una innumerable lista de productos agrícolas, de ahí la gravedad de quitarles el río Ranchería a los Wayuu, sus ancestrales dueños, hasta las selvas del Amazonas que con las del Chocó y Tibú, son el pulmón más importante de la humanidad y uno de los países mas ricos en biodiversidad.


Si la riqueza de nuestro país fuera para el beneficio de todos, seríamos una de las potencias agrícolas más importantes, a eso sumamos los tesoros minerales y los combustibles fósiles. Somos, sin duda alguna, el país más privilegiado de la tierra, pero el más traicionado por sus gobernantes.
Es por todas estas riquezas que los poderes económicos y políticos del mundo incluido los ricos de Colombia, que intentan apropiarse de todo, saquean nuestro oro, petróleo, esmeraldas, coltán, carbón y se adueñan de nuestros campos aplicando la teoría neoliberal de “el campo sin campesinos, el campo para las multinacionales”.

En 1928, cuando se presenta la huelga de las bananeras, el gobierno norteamericano amenazó a Colombia con enviar tropas para “proteger” las inversiones de capitalistas gringos en la costa Caribe, el entonces coronel Carlos Cortés decide asesinar a todos los huelguistas, según él, para evitar el ataque gringo, así hizo el trabajo sucio de las supuestas tropas extranjeras con el pretexto de defender la soberanía nacional y la vida de los campesinos y ratificó la postura servil del Estado a las políticas del imperio del norte claudicando la soberanía nacional y sacrificando la vida de los campesinos.


Nada ha cambiado desde entonces, con la gran diferencia que ahora también servimos como territorio de transición para que ejércitos foráneos atenten contra la estabilidad de todo el sur del continente.

Los tiempos en que se ordenaban los golpes de Estado y se manipulaban las tropas nacionales desde Washington, como el ataque a Salvador Allende en Chile, ya no son suficientes. Como se pretendió con Panamá cuando le ordenaron al general Noriega que su país se volviera campamento de las tropas que invadirían a Nicaragua. El general, dijo que no, entonces le pasaron la cuenta y lo invadieron, pero Colombia siempre ha sido permisiva, en los años recientes la lista es esta:
• Las bases militares gringas, cuya instalación permitió el entonces presidente Cesar Gaviria en las poblaciones del Pacífico Sur del país, que aseguraron que lo que hacían era construir escuelas para los niños de Buenaventura, pero las edificaciones que estaban dotadas con radares.
La instalación de siete bases militares que pactó don Matarife. Por fortuna, la Corte Constitucional no las admitió, aunque abrió la puerta para que la aprobara el Congreso, pero nunca fue presentado y el pacto fracasó. Sin embargo, los militares y contratistas que alcanzaron a llegar, violaron a más de 53 niñas menores de 13 años en Melgar, Tolima, a las que drogaban y ya sin sentido, las llevaban a lugares preparados para los abusos y ultrajes que grababan y los vendían a las redes de pornografía infantil. Ninguno de los perpetradores fue procesado por la justicia, todos tenían visas diplomáticas.


Con Duque, como ya es conocido, se pactó la presencia de una fuerza especializada en lucha contra cultivos ilícitos, pero fueron llevados a las zonas fronterizas con Venezuela, donde, comparado con otras regiones, no hay ni un 20 por ciento de los cultivos; sin duda es un trabajo de espionaje para agredir a nuestro vecino.


Paralelo a esto, la policía, en un operativo que a todas luces no fue consultado con la presidencia, logró la incautación de un gran cargamento de armas en la Guajira y capturó a varios responsables del tráfico ilegal, a pocos kilómetros de la frontera con Venezuela. Según Cliver Alcalá, general retirado de este país que vivía en Barranquilla, las armas se introducirían a su país para atacarlo. Sin duda, otra demostración de que el nuestro se ha convertido en un país transitorio de tropas gringas para atacar a Maduro.
¿Por qué Duque permite esta claudicación soberana? ¿Será que existe algún pacto clandestino como el de Irán-contras que permitiría la financiación de los paramilitares con dineros de la droga? Es decir, ¿será que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos permiten la entrada de narcóticos para financiar el paramilitarismo y la agresión contra el vecindario? No es extraño, con esos dineros ya financiaron su campaña presidencial, ¿por qué no una guerra?

Los dueños del poder han salido a negar que en nuestro país existan tropas gringas, sin embargo, hasta hace pocos años, la fuerza aérea USA tenía 51 edificaciones en un número igual de bases, calculadas en 22 millones de dólares, además de que varias instituciones de ese país, DEA, FBI, CIA, Marina, entre otros, hacen presencia en casi todas las bases militares nuestras, según ellos para “orientar” al país en sus diferentes objetivos.
Uno se pregunta ¿El Estado colombiano está metiendo al país en una guerra ajena?

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