GENOCIDIO CÍNICO A CUENTA GOTAS

Por: Guillermo Rico Reyes @guillermoricore

El genio de la propaganda fascista Hitleriana, Joseph Goebbels, aplicaba una frase, eje de todas las campañas de comunicación en favor de su líder, “una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”, que parece haber sido copiada al pie de la letra por los gobernantes colombianos, al igual que la estrategia que dejó millones de muertos en ese país: el tánato-Estado o Estado asesino, y que hoy se aplica con todo éxito en nuestro país.
La lista en donde el Estado aplica esta propuesta es muy larga, así que me referiré a la más simple y primaria de todas, el asesinato de todo aquel que represente un riesgo contra la clase dominante o sus tronos de poder, donde encajan los líderes sociales que luchan por una justicia jurídica, humana y ambiental entre muchas otras.

Quiénes son los líderes sociales:

Para entender por qué los asesinan tenemos que saber que los líderes sociales son hombres, mujeres y en ocasiones niños, niñas o grupos, que terminan en medio de fuerzas enemigas de sus comunidades y que muchas veces ellos logran detener, sin más fuerza que las palabras o las acciones pacíficas y desarmadas que emprenden espontánea o planificadamente.
Son seres que se juegan su propia vida por la libertad de sus vecinos, como las mujeres de Montería cuando un paramilitar alias “Patepalo” se llevó a todos los niños de los colegios para integrarlos a sus tropas; estas mujeres se fueron tras los camiones y al llegar al campamento, exigieron que les entregaran sus criaturas y al recibir la negativa con la sentencia de que no volverían a verlos junto con la amenaza de que si no se iban serían asesinadas, ellas simplemente comenzaron a cantar. Sí, a cantar, para hacerlo se dividieron en tres grupos, unas cantaban, otras descansaban, otras preparaban los alimentos… y cantaron un día y dos y tres y siguieron cantando, sus voces no se apagaban, ni el cansancio, ni la ronquera, ni la sed las detuvo.


El ejemplo fue sacado de una comunidad Nasa del Cauca, ellos estrenaron esta práctica de resistencia civil cuando un grupo de guerrilleros atacó la estación de policía vecina a su resguardo y tras la rendición de los uniformados, los indígenas salieron a los caminos a bailar y así bloquear el paso de los insurgentes y sus secuestrados…
En los dos eventos, todos regresaron a sus casas con el sabor de un triunfo pacífico.


De la realidad de la guerra en Colombia saqué estas historias para narrarlas como una forma de describir lo que es un líder social, como ya lo expliqué, hombres, mujeres, niños, niñas o grupos que se juegan la vida para garantizar la de los demás. Con esas acciones se enfrentan todos los días a los grupos armados de toda índole, incluido los institucionalmente que debían protegerlos pero que, contrario a su misión constitucional, muchos de ellos son tan agresores como los ilegales… o más. Pero también se enfrentan a las multinacionales que, en sus regiones, explotan el oro, el petróleo, todo tipo de combustibles fósiles. También a los ladrones de tierras que asesinan y desplazan y por su puesto a los industriales de la guerra que van por los pueblos reclutando niños para esa macabra violencia.

Quiénes los asesinan

Las balas vienen de todas partes, pero el mayor asesino por estos tiempos son las llamadas “águilas negras” que, como un grupo de fantasmas, nadie ve, nadie encuentra, nadie conoce, solo aparecen, disparan y huyen, dejando cuerpos sin vida en su camino, un rastro de sangre que con suerte verán los investigadores y muchos seres que lloran la pérdida de un ser querido.


De la investigación solo quedará una estadística más, un dato, el expediente será ocultado y la mayoría de los casos las autoridades darán una declaración señalando la causa de la muerte como “un lio de faldas” o un robo de ropa que estaba colgada después de haberla lavado.
Los pocos capturados, especialmente los que dicen pertenecer a “las águilas” son integrantes del ejército o de la policía, pero no se dice más, no delatarán a nadie, el crimen por el que fueron detenidos, y son pocos los casos, lo pagarán en total silencio, como un pacto de sangre que hicieron con los demás integrantes. No tendrán una pizca de arrepentimiento ni de conciencia y en sus ojos no existirá ningún destello de tristeza o vergüenza por su actuación.

Cuántos han caído

Las cifras nunca serán claras, tampoco coincidirán las del Estado con las de las organizaciones de derechos humanos, la diferencia es radical y depende de las conveniencias de las autoridades, mientras que los delegados del gobierno entregan informes donde aseguran que en 2016 se presentaron 61 asesinatos; en 2017, 84; en 2018 la cifra fue la más alta, 115 homicidios, en 2019 se llegó a 108 y en lo corrido de 2020 se han verificado37 asesinatos.
Muy diferente es la cifra de los defensores de derechos humanos, según el último reporte presentado por Indepaz, Marcha Patriótica y la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular, entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 2019 fueron asesinados 226 líderes sociales y defensores de derechos humanos en 112 municipios del país. En 2018 hubo un incremento respecto a los últimos dos años, pues en el 2016 se registraron 97 casos y en 2017 hubo 159 y aunque las cifras son altas, nunca alcanzan el 2003, que registró 1.912 homicidios.


Durante los primeros 100 días de mandato de Iván Duque se registraron 120 asesinatos de líderes y contrario al informe de la asesora presidencial de derechos humanos, que aseguró que este año van 36, las ONGs denunciaron más de 120, sin incluir la cifra de exguerrilleros que, desde la firma de los acuerdos, hasta el pasado 13 de julio del presente año, llegó a 218 asesinatos.


Esa es la mentira que NO repetiremos mil veces y es la institucionalidad la responsable de esa caricaturización de las cifras. Recordemos que cuando el primer defensor del pueblo Jaime Córdoba Triviño anunciaba la elaboración de un libro sobre el caso Unión Patriótica, torpemente creí que se hablarían de los más de cinco mil muertos de ese partido político, pero en su publicación la cifra de Córdoba Triviño era de menos de 800.


Sin duda, una demostración del Estado aplicando esa estrategia de mentir mil veces para hacer verdad la mentira. El camino del defensor ha sido recorrido por asesores, ministros y presidentes y las explicaciones de los asesinatos fueron cada día más cínicas: líos de faldas, robo de ropa extendida, delincuencia común, defensa personal contra un campesino desarmado que quiso atacar a 8 militares armados, etc.


En el gobierno Duque, los cargos que tienen que ver con los derechos humanos están en manos de las más dudosas personas, cuando de defensa de la vida se trata: la alta consejera de derechos humanos de la presidencia, Nancy Patricia Gutiérrez, es señalada de tener vínculos con el paramilitarismo. El centro Nacional de Memoria Histórica lo maneja un historiador negacionista del conflicto, Rubén Darío Acevedo, de extrema derecha y militante del partido Centro Democrático, que en su fanática postura asegura que en Colombia se vive una de las democracias más puras del mundo. Personalmente rebauticé esa institución, como Centro Nacional de Mentira Histérica.


Otro de los puntos que hay que tener en cuenta son las grandes fortunas que Duque paga a los medios de comunicación para garantizar que solo se publique lo que al presidente le conviene tratando de repetir la mentira, los asesinatos de más de 120 personas que murieron por defender el agua, los páramos, los bosques, o por estar en contra de alguna explotación de combustible fósil… todos colombianos que entregaron su vida por otros colombianos.
¡Basta ya!..

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