Gustavo Petro: de quemado a “pirómano”

Por Felipe A. Priast @priast

Hace un mes Gustavo Petro estaba quemado, según Semana. Luego de las elecciones de alcaldes y gobernadores del 27 de octubre, esa revista hizo un análisis “torcido” de la jornada electoral y concluyó que los grandes perdedores del día habían sido Petro y Uribe. Según el semanario bogotano, Colombia se había movido hacia el centro, “rechazando ambos extremos del espectro electoral”, y para justificar su malintencionado análisis utilizaron la victoria de Claudia López en Bogotá por encima de Hollman Morris, y la victoria de los Char en la gobernación del Atlántico por encima del Nicolas Petro, el hijo mayor del político de izquierda.

Poco importó que el hijo de Petro fuera un novicio sin experiencia en la política y que a pesar de ello hubiera sacado casi 200.000 votos en una elección contra la casa política más fuerte del país, o que Morris tuviera que pedalear cuesta arriba, con toda la prensa en contra, gracias a su exmujer y sus disputas familiares.

Para Semana, en su casi afán patológico de “matar” políticamente a Petro, lo único de importancia era que Petro no había ganado alguna de estas dos elecciones regionales, y por tanto Semana podía gritar a los cuatro vientos que había perdido. La maniobra mediática resultaba aún más retorcida una vez ponían a Petro en el mismo cotarro con Uribe, como si se tratara de lo mismo, pero en extremos políticos opuestos.

Para crédito de los colombianos, poca gente compró el argumento de Semana. Casi de inmediato cientos de miles de voces se expresaron en redes en contra de ese juicio sesgado del magazín de López Caballero, quienes se encargaron de que Petro no se hundiera en el mismo naufragio en el que se hundió Uribe. Estaba claro que esa comparación entre Petro y Uribe no cabía y que era perverso meter en el mismo talego a un expresidente con casi 20 años en el poder, con un líder de izquierda sin personería jurídica.

Para un partido nuevo y en formación como Colombia Humana, las pasadas elecciones fueron un avance. No solo sacaron cientos de concejales en todo el país, sino que ganaron un par de alcaldía importantes, donde la Colombia Humana había participado en coalición con otros partidos de centro izquierda y, por lo tanto, el análisis de Semana no dejaba de ser una intentona de hundir al candidato de izquierda y sacarlo de competencia de una buena vez, quizá para abrirle campo a la centro-izquierda del lopismo, lo que el resto de Colombia ve como la “izquierda de la gente de bien”, o la “izquierda del Chicó”.

Un mes después, con el país alborotado por una semana convulsionada de protestas, chocorazos y asesinatos del Esmad, esa misma revista Semana tilda a Petro de “incendiario” y de “provocador”. Las mismas fuerzas que hace un mes lo enterraban hoy dicen que él es un “pirómano” que quiere incendiar al país, y preguntan con hipocresía “¿A qué está jugando Petro?”. El “quemado” de ayer tiene al país convulsionado, según la prensa torcida y los sectores de derecha de Colombia. Los que lo querían sepultar hace un mes por sus resultados electorales hoy lo catalogan -sin querer queriendo- como el político más poderoso del país, pues aparentemente tiene el poder de incendiar a Colombia a voluntad.

Es decir, la estrategia ha cambiado. Hace un mes la narrativa era “Petro se quemó”. Pero como la gente no compró esa historia, hubo de necesidad de cambiarla. Ahora la narrativa es “Petro está incendiando el país, todo lo que ustedes ven quemándose y con humo, en las protestas, es culpa de él”. Si mañana empieza a llover mierda sobre Colombia, la culpa es de Petro; y si el Junior pierde y Nacional gana, el culpable es Petro; si el invierno arrecia por toda la geografía nacional, Petro es el responsable; si Uribe pisa una cáscara de banano, se cae y se rompe la cadera, esa cáscara la puso Petro a propósito.

La estrategia de los medios parcializados y del Gobierno es asociar cualquier calamidad nacional con Gustavo Petro. Hace un mes era un político quemado; hoy es Nerón, alguien que con su sagacidad malévola de exguerrillero está incendiando a Colombia, como el emperador romano lo hizo con Roma en el 64 A.D.

La fórmula es hasta simple: poner a Petro de “Coco” y asustar a la Colombia comerciante, esa Colombia pequeñoburguesa que protege su “tienda” y cuida sus pesos (la mayoría del país), esa que teme que le quemen su negocio en las revueltas callejeras. Crear un peligro, asociar un nombre a ese peligro. Primero fabricaron a los vándalos, toda Colombia vio como la Policía Nacional se encargó de soltar vándalos en Bogotá y Cali para crear el “pánico a los vándalos destructores”. Luego, asociaron el nombre de Petro con ese incendio. Ambas partes de la ecuación son fabricadas, pues ni los vándalos eran reales, ni Petro es el que los mandó a saquear. Eso lo vio todo el mundo en infinidad de videos que saturaron las redes sociales con la farsa del gobierno.

La táctica del gobierno y todos sus acólitos, ¡INCLUYENDO A LA REVISTA SEMANA!, no ha sido otra que una táctica nazi. Incendiar el Reichstag y luego echarles la culpa a los judíos y a los comunistas. Aquí es lo mismo, vandalizar a ciertos sectores de un par de ciudades del país y luego echarle la culpa a Petro, el carajito que hace un mes Semana daban por “quemado”.

¡Caramba, que “quemado” tan vivo! No solo no estaba quemado, sino que ha resurgido como el Ave Phoenix en un tiempo récord. Petro ha ejecutado el “comeback” político más extraordinario de la historia de la política colombiana. En escasas 4 semanas se sacó un as de la manga y le incendió el país a la pelota de presidente que tenemos. Pelota que no es responsable de nada, según el uribismo. El país ardiendo e Iván Duque es el presidente, pero la culpa es de Petro, ¡habrase visto!

Semana se ha graduado como medio poco confiable, capaz de decir cualquier cosa, mientras lo dicho salve sus intereses (¡Oh sí!, Semana tiene agenda política propia, para los que no lo sabían). Hoy pueden decir una cosa y mañana decir exactamente lo opuesto, si eso ayuda a detener a Petro. Lo que hoy es blanco, mañana Semana y el uribismo lo pueden calificar de “negro”, si las circunstancia así lo requieren. Y si mañana a usted se le quema el arroz, su mujer le pone los cuernos o su equipo de fútbol pierde, “eso fue el hijueputa de Petro”. Gustavo Petro es el “judío” de esta comedia nazi, y Semana se ha convertido en el Völkischer Beobachter, periódico oficial del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores.

¿Quién iba a pensar que Semana, la revista del hijo del fundador del MRL, iba a terminar utilizando estrategias de propaganda nazi?

Eso indicaría que están desesperados, que sienten que hay que detener a Petro como sea, incluso jugando a ser Goebbels.

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