La firma de paz, puerta abierta para el genocidio de las Farc

@Rosa_Alcarajo

Después de varias décadas de guerra entre el Estado colombiano y las Farc, se llegó a la conclusión: firmemos la paz, ni ustedes ni nosotros pudimos acabarnos, es decir, ninguno le gano al otro, esas fueron las palabras del ex comandante Kunta Kinte, del por qué su organización tomó la decisión de iniciar el Acuerdo de Paz.

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Ex comandante de las Farc-ep Kunta Kinte

Kinta Kunte de 1.82 de estatura, con su mirada fija y penetrante en la celebración del 53 aniversario de las Farc en Cooperativa Meta, aseguró: “pero no nos dejaremos matar, si es que, el gobierno piensa hacerlo, firmamos un Acuerdo fue para hacer la paz, no para continuar en la guerra”.

Y es verdad, con más de 60 años de guerra es ilógico que se firme un Acuerdo de Paz para dañarlo; pero es la cruel realidad que se esta viviendo la población en Colombia, un Acuerdo más que estancado, están asesinando a los miembros firmantes.

Pareciera que lograr la paz en esta nación es una utopía pese a los grandes esfuerzos de la comunidad internacional y de la población que le ha apostado siempre a la paz; entendiéndose que no existe una paz completa pero por lo menos deben existir unos mínimos elementos que acerquen a ese estado.

La firma de paz fue una puerta abierta para el genocidio de los miembros de la ex guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP), hoy constituida en el partido político, Fuerzas Alternativas de Colombia, conocidos como el partido de la rosa. Hasta la fecha, van más de 187 excombatientes asesinados después de la firma de paz, y el gobierno nacional no ha brindado medidas de protección que garanticen la vida los ex guerrilleros en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) al punto que, el 29 de enero de 2020 62 personas y 45 familiares se ven obligados a dejar la ETCR de Santa Lucía en el municipio de Ituango, en la subregión norte del departamento de Antioquia.

¿Por qué es genocidio?

En estos tiempos, ya no se identifica el genocidio con una matanza colectiva, basta con castigar el intento de exterminio de un grupo humano estable, nacional, racial, étnico… Recordemos la sentencia de la Corte Constitucional, el genocidio “…consiste en la destrucción sistemática y deliberada de un grupo humano, que tenga una identidad definida” (Sentencia 177 de 2001).

En el caso de los ex combatientes de las Farc, su organización es víctima de asesinatos, torturas, persecución de su colectivo por motivos políticos, elementos que conllevan al exterminio de su grupo. Dichos elementos, son los que establece el derecho Internacional para determinar el “genocidio”. Ahora, si el Estado colombiano y los estudiosos de la materia, están esperando que se incremente el números de asesinatos de los miembros de este grupo, como pasó con la Unión Patriótica en los años de 1984 a 2002, que dejó 5.000 personas asesinadas y desaparecidas, para que se reconozcan el genocidio que está en pleno desarrollo, es preocupante.

Es allí, donde el Estado incurre en el genocidio por omisión, porque no hace nada para detener el sistemático asesinato de sus oponentes, unido al abandono estatal a determinados territorios donde se produce con mayor solides las rutas del narcotráfico, grupos armados entre otros. A su vez, el Estado es genocida de hecho porque dentro de su aparato de gobierno se une a grupos terroristas para realizar acciones como los falsos positivos, falsos judiciales, y en dado caso, ellos, descaradamente realizan sus prácticas criminales.

Esta práctica genocida del Estado colombiano con los ex combatientes trae al presente el genocidio cometido con la Unión Patriótica. Una sentencia nos recuerda los modos de operar de la Fuerza Pública en la región del Urabá en conjunto con los paramilitares, en este caso, era el paramilitar Hebert Veloza alias HH “las acciones en contra miembros, simpatizantes y representantes políticos de la Unión Patriótica fueron sistemáticos y generalizados, y la fiscalía confirmó la participación y colaboración activa de los miembros de la fuerza pública”.

Bastaba solo con ser miembro de un sindicato o simpatizante de la UP para ser objeto de señalamientos, hostigamientos y ataques de los grupos paramilitares”, agrega el fallo de la Sala que tuvo ponencia del Magistrado Eduardo Castellanos.

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Cortesía Verdad Abierta

Aunque el genocidio de la UP fue hace 36 años se siguen dando las mismas órdenes en el Ejército colombiano; hoy para asesinar a los ex combatientes de las Farc. “Matar, capturar o forzar la rendición de los grupos criminales” y de “lanzar operaciones con un 60-70 por ciento de credibilidad y exactitud” son las ordenes de los generales a sus subalternosexigiéndoles rendimiento. Así lo reveló en un informe en el 2019 el diario The New York Time.

La presión de dar de bajas y la costumbre de realizar falsos positivos en el Ejército les permitió planificar un plan minucioso al coronel Jorge Armando Mézquita, al punto de haber creado un chat “denominado Dimar Torres”. La ejecución la realizó el cabo segundo del Ejército Daniel Eduardo Gómez Robledo el 22 de abril del 2019 en la base Sinaí de la vereda Carrizal, en Norte de Santander, en las montañas del Catatumbo.

https://twitter.com/yumbila/status/1120788164317151233

La estrategia genocida a las Farc es afinada y sutil

La estrategia aplicada para llevar a cabo el genocidio con los ex combatientes de las Farc sin lugar a duda es una estrategia afinada y sutil. Si ustedes observan, les han aplicado el plan “tiro fijo” (forma afinada) tienen estudiados los lugares donde transitan y cuando van a cometer el homicidio no pierden la bala, y no asesinan a nadie más. A diferencia como lo hicieron con la Unión Patriótica.  

La forma sutil del genocidio se puede ver de dos formas, la primera, mediante los medios de comunicación que hicieron un piso fuerte en la campaña del NO en el plebiscito, rechazando el proceso de paz, y creando la matriz de opinión “de que se le iba a entregar a Colombia a los asesinos de las farc, a los narcotraficantes de las Farc” Una vez el odio estaba en la opinión pública, la muerte de cualquier ex combatiente iba ser justificada.

No es extraño escuchar en las calles. “de que se quejan, cuantos colombianos no mataron ellos” “bien merecidos que se lo tienen” “Ojalá los asesinen a todos”

 Además, el Estado colombiano continúa trabajando de la mano de la organización criminal del paramilitarismo, que ya es, una estructura social vestida de empresarios, políticos, instituciones, y no ven al partido político de las Farc como su gran rival, pero eso no quiere decir, que no siga haciendo acciones para exterminarlos.  

Entonces, ¿Cómo se va a contrarrestar la violencia en Colombia? ¿Para qué se firma un Acuerdo de Paz? ¿Dónde está el ejercicio de Estado para hacer cumplir las funciones de un gobierno? Ustedes pueden darse las respuestas.

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