La insurgencia con un proyecto por cumplir

“Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso que avanza su educación Simón Bolívar

Ante un Estado camaleónico de esencia narcoparamilitar como el colombiano y con más de 64 años de guerra por el conflicto social y armado, no hay espacio para excusas de cumplir el objetivo plateando por los campesinos que se levantaron en armas, el de buscar la equidad social para su pueblo.

Son décadas firmando Acuerdos de Paz con un circulo político que no está dispuesto a ceder un centímetro de tierra, y menos, el de abrir espacio para la participación del pueblo en lo político. Como dijo un ex presidente y actual senador de la República “los prefiero ver en el monte echando plomo” claro, para los narcos asesinos como él, el negocio redondo es la guerra.

Y no creo, que esa parte del pueblo colombiano constituido en guerrillas haya tenido la mente tan retorcida para en nombre de la revolución, seguir el juego de sus verdugos, el de la guerra. Por eso les pregunto, ¿Cuántos años más hay que esperar para avanzar hacia la construcción de una sociedad con mayores oportunidades y más equitativa?

¿Acaso no se dan cuenta las organizaciones guerrilleras de que son un Estado en cada región donde hacen presencia? Si, Estados pequeños o grandes, pero lo son. Es hora de asumir esas responsabilidades surgidas de la legitimidad de las comunidades, muchas veces sin tener una afinidad política y militar los apoyan por ser esa autoridad única en la comunidad; autoridad que no se puede comportar igual o peor al ausente Estado.

Esas comunidades campesinas, afros, negras, trabajadores, víctimas del conflicto y en general que de por si viven en una vulnerabilidad permanente, solo quieren vivir dignamente, y eso implica tener una autoridad capaz de generar oportunidades laborales, educativas, de salud; elementos fundamentales para vivir en paz. En este sentido, ¿Qué proyectos tienen para solucionar estas realidades en las comunidades?

Basta de echarse las responsabilidades unos a otros. Ya las realidades, el tiempo y el discurso para seguir en el ciclo vicioso de la paz, sin paz no tiene cabida. Si el Estado siempre ha ofrecido corrupción, miseria y plomo, las revoluciones nacieron para transformar realidades y construir sueños. No hay tiempo ni espacio para otra cosa distinta.

Es hora de asumir la corresponsabilidad innegable, ese binomio perfecto: comunidad y organización revolucionaria para trabajar desde las realidades territoriales al aporte para construir un proyecto nacional; y no me vengan a decir que estoy promoviendo a la insurgencia, no. Lo que promuevo es la aceptación para poder caminar a la transformación real.

La sociedad colombiana está cansada de ver a una “justicia cobarde e incapaz de meter presos a los políticos corruptos, esto se debe, porque está viciada por la corrupción” Entonces, ¿con qué moral el gobierno colombiano vienen a llamar criminales a la población campesina que se armó para exigir sus derechos? ¿Con que moral, utiliza sus cajas de resonancia para estigmatizar e incrementar el odio social, mientras ellos no solamente han asesinado a comunidades enteras en bombardeos sino de hambre y por el paupérrimo sistema de salud? señores, esos no son actos de paz, son actos guerreristas escudados en la legislación de un Estado.

En esa línea, los antiguos líderes de las organizaciones insurgentes deben hacer dos cosas sin peros: la primera, asumir su trabajo como Estado; la segunda, y no menos importante, es no dejar pasar el tiempo. ¿Acaso no buscan establecer con la participación del pueblo otro sistema de vida digno para la sociedad en general?

“Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso que avanza su educación”

Simón Bolívar.

Ya son hombres y mujeres expertos en el tema, que deben aprovechar esa sabiduría (pensando en la buena fe) de los grandes legados como el de: Simón Bolívar; Vladimir Llyich Lenin en Rusia; Fidel Castro en Cuba, el ejemplo de Ernesto Guevara “CHE” de Argentina; Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Pizarro y Camilo Torres en Colombia; Hugo Chávez en Venezuela. Para seguir desarrollando, el tema que los hizo coincidir a todos, la apuesta sin titubeos por la educación del pueblo, de la cual, hoy son ejemplo en el mundo.

“Revolución y educación son una sola cosa”

Fidel Castro

La educación a todo nivel debe ser ese eje central para emanar todas las directrices en cualquier organización social. La falta de educación en Colombia hace que la población no termine de entender sus realidades, y el papel fundamental de ellos para superar el “triángulo de la violencia” como lo expone Johan Galtung: violencia directa, violencia estructural y violencia cultural. 

De allí, la importancia de dinamizar una educación liberadora en la formación de cuadros políticos (no politiqueros) que tengan el sentir de sus realidades; capaces de crear, dirigir, delegar y de incentivar desde el compañerismo, la democratización y el ejemplo el surgimiento de nuevos cuadros.

Para el desarrollo de un cuadro “se debe acometer la tarea, además, y de modo sistemático en escuelas especiales, donde los profesores competentes, ejemplos a la vez del alumnado, favorezcan el más rápido ascenso ideológico”. Orientación del Che en 1962.

Con la formación de cuadros se asegura, eliminar por completo el horroroso reclutamiento de niños y niñas, de hombres y mujeres que se unen a las estructuras guerrilleras más por miedo o por necesidad, que por conciencia a la lucha armada; y cuando falta conciencia, una pata de la mesa cojea, y llegan las deserciones que termina colocando en riesgo no solo a la comunidad, sino al proyecto en sí, y eso es un error garrafal.

Éstos errores son los mismos que comete el Estado colombiano cuando recluta a los jóvenes de la clase pobre para prestar el servicio militar, que por cierto sigue siendo obligatorio, pues tiene dos condiciones: si está estudiando o trabajando no prestan el servicio militar. Pero estas condiciones son ilógicas, porque el índice de jóvenes que pueden ingresar al sistema universitario es muy bajo, y la taza del desempleo está sobre 11 puntos, es decir, terminan con un fusil en las manos.

Es evidente la falta de oportunidades en la educación y en lo laboral, algo similar les sucede a los y las mujeres de la Policía Nacional “me voy para la Policía, aunque no estudie lo que quiero, allí tengo asegurado un sueldo” este es uno de los cientos testimonios de los hombres que forman parte de la Fuerza Pública en Colombia. Lamentable, ¿verdad?

Por eso, hay que trabajar la educación desde nuestras comunidades, y entrar de lleno a formar a los hombres y mujeres que están en la insurgencia, cambiar la mente del fusil por la del conocimiento; como dice el escritor Mario Mendoza, hoy no se mide la riqueza por lo que lleva puesto, sino por lo que tienes en la cabeza, esa riqueza inmaterial. Sería terrible seguir dejando la educación de ese pueblo en manos del sistema neoliberal, y eso, sería culpa de la insurgencia.

El empoderamiento y la participación de un pueblo en un proyecto nacional se obtiene mediante el conocimiento, y ese conocimiento debe venir de una educación liberadora que les permite, ser es capaces de crear, proponer y hace frente a un Estado miserable y fallido.

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