Manuel Cepeda Vargas, dirigente comunista de la Unión Patriótica.

Manuel Cepeda Vargas, el revolucionario poeta.

Hoy recordamos al hombre poeta, si, a ese comunista romántico, muy estético en la política y comprometido con la humanidad.

COLOMBIA| Se cumple 26 años de la siembra del humanista, poeta, abogado, artista, periodista, y líder de la Unión Patriótica, Manuel Cepeda Vargas, asesinado el 9 de agosto de 1994 por los agentes del Estado en complot con los paramilitares, tras denunciar los vínculos del narcoparamilitarismo.

Manuel Cepeda Vargas, fue esposo de la también dirigente comunista Yira Castro, con quien tuvo dos hijos, Iván Cepeda Castro y María Cepeda Castro.

El legado de Manuel Cepeda Vargas, sigue vigente no solo en las instituciones de las que hizo parte como, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos; el Seminario Voz; el Ministerio de Cultura, sino en el pueblo colombiano, por el que lucho inquebrantablemente en la defensa de los derechos humanos, hasta perder su vida.

Hoy recordamos al hombre poeta, si, a ese comunista romántico, muy estético en la política y comprometido con la humanidad.

Pase lo que pase

Digo que pase lo que pase

la victoria es del pueblo.

A nuestro favor estás, niño, a nuestro favor estás, tiempo.

Están las lágrimas lloradas,

están los destrozados pechos,

el cielo con sol o con lluvia,

el hombre con celda y sin cielo.

…Y están esas manos con rifles

y entre los árboles, creciendo.

Digo que pase lo que pase

la victoria es de nuestro pueblo.

Amor sálvame de la prehistoria

Hallo tus fotos
caídas entre los libros,
clavadas en la espalda de mi casa,
atravesándome la frente.

Te veo, reportera,
tapándote de la ventana cruel,
huyéndole al viento verdugo.
Y allí vas
saltando charcos,
retratando a los niños,
descifrando la esfinge suburbana.
Mariposa árabe:
sácame de la prehistoria,
rescátame del diluvio universal.

Y preguntas. Preguntas mucho.
Indagas existencias
hasta hacerlas cantar en tus crónicas
y vuelves a salir
(no esperes, llego tarde)
a la calle apoteósica.
Afuera Bogotá nocturno
emprende comunidades estelares
en su tapiz asiático.

Asciendes
barriadas, ventisqueros
y luego:
“Hoy visité Lucero Alto,
pasé por las Colinas,
cómo llovía en el Meissen”.

Entrégame la flor de la suerte
trébol del nomeolvides
fluvial Ofelia en pos de Hamlet.
Cierra la ventana por Dios:
el sacrílego viento no me deja dormir.

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