Foto: Prensa Rural

¿RCN TV y Caracol TV son medios de comunicación o de contaminación?

Las palabras del ingenioso escritor irlandés Oscar Wilde son demasiado importantes e ilustradoras, además de servir como vacuna contra el periodismo y toda la producción televisiva de RCN TV y Caracol TV: «Si usted ha sobrevivido al periodismo amarillo, no tiene por qué temerle a la fiebre amarilla», sentenció con precisión quirúrgica Oscar Wilde.

Obsérvese, por consiguiente, que el presunto periodismo de investigación de Caracol TV y RCN TV (que en algunas ocasiones es presentado por Hassan Nassar y Claudia Gurisatti) sólo se ocupa de averiguar de manera minuciosa y detallada durante varios y largos meses cómo los ladronzuelos se roban los espejos de los carros en el Centro de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena o Cúcuta, por ejemplo.

En cambio, el periodista y columnista Daniel Coronell se ha dedicado a revelar a través de sus más recientes columnas de opinión en la Revista Semana las pruebas sobre el comportamiento presuntamente sospechoso de definidos altos funcionarios del Estado colombiano, como es el caso del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, el de otros senadores, el del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla; incluso, al propio Fiscal General de la Nación.

Yo no me atrevo a sostener que el trabajo periodístico de RCN TV y Caracol TV no sea divertido, no afirmaré que no sirva para uno distraerse un rato; la verdad es que sí son bien entretenidas esas profundas y exhaustivas investigaciones periodísticas sobre el hurto de carteras, billeteras, relojes; o sobre la modalidad de robo conocida como el «cosquilleo», la cual es muy común en TransMilenio; o acerca de la otra técnica de despojo de las pertenencias personales del «raponazo» en San Victorino o el robo de celulares en el antiguo sector de El Bronx de Bogotá, etcétera. No.

Pero yo sí pienso que hay otros asuntos, a lo mejor más gruesos en materia noticiosa, que también le interesan a la gente, porque le perjudican –como lo es la corrupción en las altas esferas del Estado– y que al parecer no son investigados por estos medios con la misma intensidad y profundidad como hacen con el hurto de espejos de los carros que circulan por la Calle 19 con Avenida Caracas en Bogotá.

No se conoce ninguna investigación periodística ni profunda ni siquiera superficial realizada por los medios tradicionales de Colombia (ni aun de los de televisión) que haya coadyuvado para que la justicia de nuestro país pudiera revelar algún escándalo político, algo así como un «Watergate», que saldó la renuncia del presidente de los Estados Unidos Richard Nixon.

Aquí no se trata de que los medios sustituyan a la justicia; no, de lo que se trata es de que ellos contribuyan o cooperen con ésta.

Por eso, yo nos les voy a prohibir que continúen con sus investigaciones sobre lo que la justicia colombiana considera ‘delitos menores’, pero no es menos cierto que los considerados como grandes medios de comunicación de Colombia, entre ellos RCN TV y Caracol TV, les deben a su audiencia una destacada investigación informativa, un género de investigación como un «Watergate» a lo colombiano, o por lo menos algo similar a «WikiLeaks», de Julian Assange.

Coletilla:

RCN TV y Caracol TV pueden lavarse la cara una y mil veces, pero su producto seguirá siendo por los siglos de los siglos los más parecido a la telebasura. Nada de lo que ocurre en los llamados «realities shows» musicales colombianos, tales como «Yo me llamo» o «A otro nivel», producidos y transmitidos por Caracol TV, o «Factor X», «Idol Colombia», «Mi Familia Baila Mejor», de RCN TV, allí nada sucede por obra y gracia del azar; todo está fríamente calculado y planeado como un guion o, mejor dicho, libreteado, incluso las descargas de ira de doña Amparo Grisales contra César Escola y Pipe Bueno. Así es la televisión mercantil y chatarra: es capaz de hacerte comer estiércol como si fuera un banquete muy espléndido y exquisito. ¡Despierta, dormilón!

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