Un consejo no solicitado para las izquierdas de aquí, allá y acullá

Por Fernán Medrano

El progresismo permitió la democratización de la democracia en América Latina. Lo ideal es construir la Patria Grande, lo cual significaría y conllevaría un proyecto antiimperialista. La desunión latinoamericana consiente la realización de los planes de dominización hegemónica de la potencia del norte sobre Nuestra América. Por eso hoy, Venezuela es asediada por países vecinos. Por eso, el golpe de Estado en Bolivia contra Evo; un gobierno de facto allí; un Bolsonaro, en el Brasil; Piñera, en Chile; Duque, en Colombia. Hace falta nuevas formas de avanzar en lo logrado. Sólo resistir no es suficiente. Hay que consolidar lo alcanzado. Siempre nos imponen todo, incluso hasta la forma de resistir.

Pero la izquierda es pensante, cultiva el pensamiento crítico, denuncia la mentira, escudriña y no calla la verdad. Se reinventa; se recicla; sabe que la dialéctica zanja las contradicciones. Aprovecha las rendijas que deja la derecha para depositar la semilla de la democracia plebiscitaria, popular, directa.

No hay espacios a dudas que sólo las causas justas son defendibles; sólo la gente justa puede defenderlas; sólo los políticos justos junto al pueblo pueden defenderlas; lo demás es retórica fascista pura y dura.

Marta Harnecker escribió que el desprestigio de los políticos a nivel mundial es creciente. Michelle Maffesoli comenta que la gente se siente estafada por los políticos. Personalmente, pienso que nuestros líderes políticos de izquierda deben ser y parecer la verdadera alternativa a las clases políticas tradicionales de nuestros paísea; deben darse cuenta de que ellos son un espejo en el que se miran millones de personas que buscan un molde, un ejemplo, un modelo de humanidad diferente y mejor; no hay que trenzarse en disputas intestinas por menudencias; los liliputienses son los que están pendientes de pequeñeces. Aunque algunos de ellos son parte del engranaje del Estado burgués, ya sea como parlamentarios, etc, no hay que olvidar que nadie está por encima del pueblo. No hay que olvidar de donde vienen, para dónde van y por quién luchan desde la arena de la democracia burguesa.

Los peores gobiernos de la historia del mundo están felices con la pandemia, porque están consolidando su ambición tiránica de poder para aplastar cualquier intento popular de crítica, apertura democrática o denuncia del abuso del ejercicio del poder. Ese gobierno fascista ha ilegalizado el hambre, la sed y a una gran porción de la humanidad.

No debe perderse de vista que el marketing político le ha robado terreno a la ciencia política; por eso, hay una explosión demográfica de políticos preelaborados, empacados al vacío en el envoltorio del mercadeo, buscan más el éxito personal que practicar el sentido más profundo de la política, como es servir.

Los mejores consejos son aquellos que se piden; no obstante, un joven negro, desplazado por la violencia, latinoamericano, hijos padres analfabetos, descendiente de abuelos arrancados del África y esclavizados en Cartagena de Indias, tiene un consejo no solicitado para los políticos progresistas de aquí, allá y acullá. Los políticos de izquierda avanzada no alineada, especialmente de Colombia y América Latina, están obligados a gobernar con ética y estética; a ser honestos, intelectuales de acción, investigación, participación, sentipensantes, estrategas/planificadores, excelentes comunicadores; la derecha mundial está haciendo todo lo que tiene a su alcance para derrocar a cualquier mandatario de izquierda en cualquier rincón del mundo, inclusive en la aldeíta más remota.

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