UNA PATRIA PARA LOS HIJOS Y NIETOS

«…en mi refugio hogareño de soledad y pobreza he comprendido mejor el drama violento de Colombia desde que lleva su nombre…»

Por: Reynaldo Belloso Donovan

Soy un dirigente campesino de Colombia de los que luchan desde el pasado Siglo para tener un pedazo de tierra, de esa que los terratenientes nos han robado a los campesinos raizales de tantas regiones del país y que son hoy prósperas haciendas o jugozos macropoyectos.

El asesinato sistemático de líderes campesinos, de otras organizaciones populares y de Defensores de Derechos Humanos, así como constantes amenazas de muerte por fuerzas paramilitares auspiciadas y protegidas por el Estado de Colombia, me obligaron a abandonar la región y refugiarme en algún lugar de ésta patria que no me pertenece.

Mi caso no es único, centenares o miles de defensores populares, vivimos este drama, el cual no aparece por los medios de comunicación. Esta es la manera de protegernos o escapar a la muerte.

Luego de años de meditarlo, he resuelto denunciar mi caso a través  de ustedes y solo para la opinión, pues no me interesa acudir a las autoridades cómplices y corruptas en las que no creo, porque nunca se ocuparon de mi caso ni el de miles de lideresas y líderes, porque ellos viven cobijados en una impunidad de mas del 90 por ciento, a través de la cual se mueven fabulosas sumas de dinero, así como altas cuotas de poder político y burocrático.

Mi drama es uno más en la tragedia de violencia institucional y parainstitucional de Colombia, por eso más que mi problema, seguiré la lucha desde esta otra parcela imaginaria inspirado en que llegará un día en el que pueda regresar a la mía, a la que me robaron aquellos que engordan con la sangre el sacrificio y el sudor de quienes caímos en el pecado de reclamar lo poco que nos han dejado quienes  se jactan de ser la clase gobernante y aquellos que tienen sus uniformes manchados de la sangre humilde de las gentes del campo y la ciudad.

Cuando era niño me embelesaba con temores y fantasiosas imaginaciones de miedo, escuchando a mis padres hablar de la violencia por los años en que los oligarcas de entonces, mandaron a un sicario para que asesinara a Jorge Eliecer Gaitán.

Pensaba entonces que eso era asunto del pasado y hasta en mis años de primaria se jugaba a los liberales y los godos.

Hoy  a mi edad, en mi refugio hogareño de soledad y pobreza he comprendido mejor el drama violento de Colombia desde que lleva su nombre, y  toda esa vorágine de tragedia vivida por los pobres es la que me hace reaccionar contra el silencio y el olvido.

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