Miserables en medio de la riqueza

Llegan las elecciones y como siempre los “políticos” salen al encuentro de las masas, aquellas a las que nunca visitan, las que permanecen solas en total desprotección, abandonadas por completo, muriendo en medio de la violencia y la desnutrición. Hasta allí llegan todos en sus camionetas blindadas y con sus escoltas, el pueblo sale descrestado ante la majestuosidad del “Doctor” “que se acordó de esta región” y les parece super importante el señor sin enterarse que esos lujos que destellan ante los ojos de la plebe son pagados con el hambre y la miseria que viven a diario.

Esta es Colombia, una nación rica, que produce de todo, sus campesinos producen absolutamente todos los alimentos conocidos pues tenemos la ventaja de poseer todos los climas, temperaturas que también nos permiten ser un gran pueblo multicultural con unas riquezas incalculables de las que muchos no se enteran.

Vivo en Francia desde hace 11 años, un país que no produce nada, sólo tiene cuatro vacas por ahí regadas en sus potreros, una tierra que sólo es la mitad de la que tenemos los colombianos, con cuatro estaciones que no permite el manejo del agro como podría hacerse en Colombia, no tiene petróleo ni carbón, tampoco oro o esmeraldas. No es un país bañado en aguas como lo es Colombia, país atravesado por el Atrato, el San Juan, el Cauca, El Magdalena y hasta el mismo Amazonas.

Tenemos las esmeraldas más verdes del mundo, pozos de petróleo y gas, minas de carbón y sal, producimos café, plátano, yuca y los aguacates de Petro. También las flores más hermosas y hasta las exportamos. Frijol, maíz y arroz, aunque no son rentables por que el gobierno permite la importación sin aranceles. Criamos vacas, pollos, cabras y hasta Cuyes.

Somos potencia podrían pensar muchos, y sí, en realidad lo somos, tenemos la materia prima para ser la primera potencia del mundo, no estoy mintiendo, es lo que tenemos, pero es la misma materia prima que los “políticos” regalan a los países supuestamente desarrollados a cambio de las camionetas y los escoltas con los que ustedes pueblo, los ven llegar en campaña.

Tenemos el mejor café del mundo, pero preferimos exportar cocaína, por eso muchas de las tierras donde podríamos sembrar alimentos la dedicamos a los cultivos de la hoja de coca.

Somos el segundo país del mundo en biodiversidad, pero también el primero en CORRUPCIÓN, somos el segundo país de Latinoamérica con más desnutrición, el primero es Haití, nuestro sistema de salud es pésimo, y somos el cuarto país más desigual del mundo. En contraste nos dicen que también somos el más alegre, o sea que mientras nos roban, nosotros nos cargamos de la risa.

Somos hijos de la miseria y las malas políticas adoptadas por unas familias que manejan los hilos a su antojo. Somos hijos del silencio y la masacre. Hemos visto morir a nuestros hombres y mujeres por las balas de un fusil, luego al fusil le damos nombre, Paramilitar, Guerrillero o Militar, sin saber que perteneciendo ambos al mismo sistema nos obligan a matarnos entre sí.

Pero que viva el “Doctor” es lo que suena abajo de las tarimas donde se escucha un discurso repetido cada cuatro años y desde que tenemos memoria, memoria que es reemplazada por los 50 mil que sabemos que se van a robar multiplicado por 10, “pero como no roba para el solo”, “ese roba, pero da”.

Y, así han pasado 300 años de saqueo del reino, y 200 de saqueo de los descendientes de este. ¿Y nosotros?, peleando una guerra tras otra, unas veces con bandera roja y otras de color azul sin que llegue jamás la blanca.

El fulano gana y no regresa, sin embargo sale en la prensa pero no por los buenos proyectos si no por los actos de corrupción, aquellos que todos critican replicando, “Ninguno Sirve, cuando llegara el que es”, pero cuando este llega caemos en las trampas malvadas pero bien planeadas de los de siempre y por temor a volvernos como Venezuela lo reelegimos por quinta vez y gritamos los pobres de derecha mientras celebramos y alzamos globos, “Menos mal ganamos, si no, nos habría llevado el diablo”, y así felices cogemos los harapos y la miseria para regresar sin las bombas ni los platillos pues eran prestados, al rancho de tabla y paja sin saber que vamos a cenar, pensado como pagar las facturas que cada vez son más, pero dormiremos tranquilos por qué por fin nos salvamos de ser como Venezuela.

Dos años después de la última fiesta acabamos de celebrar para entrar en la crítica, y es aquí que me pregunto a quién nos parecemos hoy.

Solo nos queda que la “virgen” a la que esté ser malvado se inclina no lo escuche para que ver si por fin pensamos, y mirando el rancho de paja y las tablas a punto de caer, nos ponemos las manos en el consideré y moviendo el fundillo como debemos dejamos de comer cuento cada vez que vemos que un político o un narcotraficante llega en su camioneta y protegido por sus escoltas nos promete lo que jamás hará.

¿Qué pasa si en una empresa un empleado se roba la nómina el dinero de la materia prima y demás? Si usted es el jefe de inmediato lo hecha y de paso se la mienta, (la madre), entonces que esperamos, Colombia más que una empresa es nuestra casa, los corruptos nos roban la empresa y también en la casa, ¿Cuándo les vamos a cancelar el contrato?, ¿Cuándo vamos por fin a entender que los jefes de ellos (Los políticos) son el pueblo y no a la inversa?

Despertar es lo que en realidad nos hará libres, no hace falta entender que es más negocio si los aguacates o el petróleo, sólo debemos entender que cada peso que se roban es de todos y que cada peso que se ganan también.

Pará superar la miseria solo hace falta aprender a votar.

Gener Usuga

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