Amor eficaz para el mundo la única acción de vivir en justicia social

Recordando la Teología de la Liberación

Por Víctor Longares Abaiz Twitter @VLongares

¿Qué estaba sucediendo en la Iglesia Católica?

Padre Camilo Torres, portando el fusil en las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN)

En 1964, se formaba el Ejército Nacional de Liberación para luchar contra las injusticias que sufría el pueblo colombiano. Enseguida recibió el apoyo de muchos sacerdotes católicos, cuyo principal exponente fue Camilo Torres Restrepo que, cansado de luchar por todos los medios por los pobres, vio la lucha armada como la única alternativa. Camilo caerá en combate en 1966 y será considerado un mártir cuya sangre, como se decía de los mártires de los primeros siglos del cristianismo, sembrará con su semilla el nacimiento de muchos guerrilleros cristianos.

En 1967, caerá en combate en Bolivia el símbolo por excelencia de los revolucionarios, Ernesto “Che” Guevara. Por toda Latinoamérica, empezó a circular una pintura de un Cristo con un fusil al hombro. Esta pintura era arrancada por las autoridades de todas las paredes, pero no consiguieron arrancarla de la mente del pueblo. Cristo con fusiles, cayendo en combate, luchando junto a los guerrilleros o en pie con el puño en alto junto a mujeres e indígenas eran imágenes que se extendían por todo el continente y saltaban también a Europa, especialmente a la Francia del general De Gaulle y a la España del dictador Franco, poniendo nerviosa a toda la jerarquía e inspirando a muchos cristianos. La Teología de la Liberación dejaba de ser un conjunto de ideas defendidas por sacerdotes de parroquias pobres y se presentaba al mundo como un peligro para el capital y los poderosos.

El mundo entero y, especialmente, los católicos se preguntaban: ¿Qué está sucediendo en la Iglesia Católica? ¿Qué es eso de la Teología de la Liberación?

Se suele fechar su nacimiento en 1968, con la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín, donde se estudian los documentos del Concilio Vaticano II, las encíclicas de Juan XXIII y, especialmente la Populorum progressio (1967) de Pablo VI. También se considera que el principal ideólogo de este movimiento fue Gustavo Gutiérrez Merino, que escribió en 1971 el libro Teología de la Liberación.

La opción preferencial por los pobres

El clamor de los cristianos contra la explotación y a favor de la justicia y la libertad había sido una constante en todo el siglo XX. Los cristianos que dejaron su vida luchando contra el nazismo en Alemania y el franquismo en España y el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King en Estados Unidos son vivos ejemplos de ese sentir del pueblo cristiano.

Pero ahora, los sacerdotes católicos se veían arropados por el Vaticano, desde que leyeran cómo Pablo VI les llamaba a que “respondan con amor al llamamiento de sus hermanos” (Populorum progressio 3). Para muchos sacerdotes latinoamericanos, ese amor que pedía Pablo VI no era otro que el “amor eficaz” que defendía Camilo Torres, cuya muerte les había conmovido un año antes.

No se trataba de una libre interpretación de la encíclica de Pablo VI, que criticaba el colonialismo (artículo 7), atacaba las desigualdades económicas (artículo 8) y animaba a acabar con las indignidades a que las oligarquías sometían al pueblo (artículo 9). El Episcopado Latinoamericano reunido en Medellín comprendió perfectamente que la única manera de acercarse a Jesús era estar junto a los pobres y luchar junto a ellos.

Pero también los marxistas leyeron la encíclica de Pablo VI y se vieron identificados cuando declaraba que “La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. Es decir que, la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto.” (artículo 23); cuando defendía “la expropiación si algunas propiedades sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva” (artículo 24) o cuando afirmaba con total claridad que “un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía.” (artículo 26).

Por toda Latinoamérica, al igual que en los sectores más progresistas católicos de Europa, se empezaba a leer la Biblia a la luz del marxismo o bien a Marx a la luz del cristianismo. ¿Era esa la verdadera intención de Pablo VI? Parece bastante claro que no. Sin embargo, debemos reconocer que, por primera vez en la historia, los revolucionarios y la Iglesia Católica estaban realizando un análisis parecido de la realidad social, económica y política del mundo.

Y los curas tomaron las armas

Los católicos se sentían interpelados directamente por el Papa, ¿a la revolución? Eso creyeron leer muchos cuando Pablo VI acepta la “insurrección revolucionaria, en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país” (artículo 31), porque “la situación presente tiene que afrontarse valerosamente, y combatirse y vencerse las injusticias que trae consigo.” (artículo 32). Así, todo cristiano tiene que luchar para “reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual.” (artículo 34).

¿Qué fue de todo esto? ¿Sigue Cristo empuñando el fusil?

Los sacerdotes de toda Latinoamérica veían en Camilo Torres a ese ejemplo de mártir que luchó por lo que estaba pidiendo Pablo VI. El ELN, que había nacido inspirado en la Revolución Cubana, se convertía ahora en el ejemplo de muchos cristianos que querían acabar con las injusticias, para luchar por el Reino de Dios. Camilo Torres era el Che Guevara cristiano, aquel en quien todos pensaban cuando veían la imagen del Cristo guerrillero con un fusil al hombro.

El 11 de agosto de 1968, la catedral de Santiago de Chile apareció cerrada y en su fachada había un enorme lienzo donde se leía “Por una Iglesia Junto al Pueblo y su Lucha”. Dentro del templo, 200 cristianos, varios de ellos sacerdotes, se habían encerrado reclamando que la Iglesia chilena fuese combativa contra el gobierno del democristiano Eduardo Frei Montalva.

En 1969, los sacerdotes José Antonio Jiménez, Domingo Laín y Manuel Pérez, nacidos en Aragón, en la España franquista, se enrolaron en las filas del ELN, inspirados por la figura de Camilo Torres.

José Antonio Jiménez, Domingo Laín y Manuel Pérez, nacidos en Aragón.

El 3 de noviembre de 1970, el socialista Salvador Allende tomaba el poder en Chile, siendo apoyado por muchos católicos. Ese mismo año, el educador brasileño Paulo Freire publicaba el libro Pedagogía del oprimido.

En 1971, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez Merino publica el libro Teología de la Liberación, sentando las bases teológicas e ideológicas de este movimiento, que supondría un gran quebradero de cabeza para muchos gobiernos y, especialmente, para la jerarquía de la Iglesia Católica.

¿Qué fue de todo esto? ¿Sigue Cristo empuñando el fusil? En próximos artículos lo analizaré con mayor profundidad.

Perfil del autor

Víctor Longares Abaiz. Nacido en Zaragoza (Aragón, España). Maestro de Primaria y Teólogo. Muy interesado en la Teología de la Liberación y en los procesos populares que se desarrollan en España y América Latina.

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