Respuesta del gobernador Carlos Caicedo ante ataques del periodista Luis Carlos Vélez

Señor Luis Carlos Vélez:


A través de la presente me veo en la obligación de responder a sus recientes declaraciones, de corte injurioso y calumnioso, las cuales me llevan a levantarme de la silla en donde aún me repongo del dolor por la reciente pérdida de mi madre. Le aclaro que lo hago con una gran dosis de humildad, tan solo en aras de proteger mi honra ante acusaciones injustas que carecen de todo fundamento y soporte.


Pienso honestamente, Sr. Vélez, que usted –una vez más– hace uso y abuso de su función de comunicar para cargar contra mi integridad ética, moral y política, sin consideración ni pudor de ninguna especie. Puede ser, quizás, que dedicar tiempo a lanzar contra mí todo tipo de epítetos le genere buenos dividendos ante sus patrones, así como ante el clan familiar de los Char, espacio al que usted pertenece por cuenta de su parentesco extendido.


Puede que sus fieros ataques, de igual modo, le generen el favor del clan Cotes en el Magdalena, grupo que ha saqueado y corrompido las instituciones durante décadas y que tiene sonados e intensos vínculos con su familia. Sus comentarios de última hora, si me permite, infames, confirman su malquerencia frente a este servidor al que usted nunca ha
buscado para investigación alguna. Menos aún se ha dignado a visitar este departamento en donde, vale decir, tiene las puertas abiertas para que conozca e informe de manera veraz.


Sr. Vélez: muy rápidamente han comprendido los ciudadanos y ciudadanas –ahora vigilantes del buen periodismo y del actuar del buen periodista–, que lo suyo ha sido guardar un escrupuloso y reverencial silencio ante casos de corrupción lacerante que azotan nuestra Región Caribe, tales como como la Ñeñepolítica, la presunta compra masiva de votos del clan Char y sus delicados señalamientos por presuntos sobornos, realizados por la
periodista María Jimena Duzán.


Este silencio interesado es lo que ha marcado su labor con un imborrable sello de servilismo, que compromete cada vez más su credibilidad, la cual usted ha hipotecado con esas vergonzosas entrevistas que realiza periódicamente a significativos miembros del oficialismo gobiernista. La auto-humillación y la genuflexión, Sr. Vélez, no deberían ser las
credenciales de quien se llama a sí mismo periodista.


Usted me ha dejado bastante claro que hace parte de aquellos agentes de un
establecimiento que no perdona que personas como yo, que venimos de hogares humildes y representamos con dignidad nuestra clase popular, defendamos a mucho honor y honra las ideas progresistas y democráticas. Debo decirle que son estas ideas, que al parecer usted tanto desprecia, las que nos permitieron recuperar la Universidad del Magdalena, la alcaldía
de Santa Marta, desplazar a las mafias locales y poner las instituciones al servicio de nuestro pueblo.


Son estas mismas ideas las que nos llevaron a ganar, contra todo pronóstico y posibilidad, la gobernación del Magdalena con más de 348 mil votos limpios. Es preciso refrendar ante usted que los gobiernos del Cambio en la alcaldía de Santa Marta y en la gobernación del Magdalena, tenemos por higiene democrática no comprar votos, cosa que no pueden decir los Cotes ni los Char, estos últimos, sus parientes. Para perjuicio de la democracia y de su labor, usted guarda sepulcral silencio ante estos hechos.

Le confieso también que ronda mi mente si a usted acaso le causa insoportable urticaria los resultados de las encuestas, que ubican al gobierno de la alcaldesa Virna Johnson y al mío entre los mejores del país en términos de desempeño. Sr. Vélez: las empresas encuestadoras
no nos regalan nada. Si ellas nos acreditan en los primeros lugares se debe a las buenas acciones de gobierno que acometemos en pro de los pobres y excluidos de Santa Marta y el Magdalena. Aquí no maquillamos resultados ni pagamos para que nos favorezcan.


Termino por decir que los motivos que en últimos días lo han puesto a usted en el centro de la polémica se relacionan con su auténtico descaro de sugerir que el recién elegido presidente demócrata de Estados Unidos, Joe Biden, ceda su escogencia legítima ante los arrebatos de un gorila malcriado. Es usted quien con sus apreciaciones pandas despierta la
crítica razonable y justificada de unas audiencias cada día más educadas y exigentes, y debo aclararle que mis asesores nada tiene que ver con lo que usted hace o deja de hacer. Bien le haría escuchar a sus audiencias en lugar de culpar a otros por sus salidas en falso.


Sr. Vélez, por las ideas que profeso defiendo la paz, y como vengo de ella defiendo con convicción un cambio real para el país: transitar a un sistema federal que propenda por el desarrollo de las regiones; una reforma agraria integral; una renta básica para los más necesitados y la prestación de servicios públicos en cabeza del Estado. Los que conocen mi teoría y práctica política saben que defiendo la salud pública y de calidad, la gratuidad de la educación superior, a la juventud como principal motor y a nuestros ecosistemas del cambio climático.


Defender estas ideas, que apenas materializan nuestra Constitución Política, me ha valido las más duras persecuciones: desde antaño en cabeza de Álvaro Uribe Vélez y de sus fiscales de turno, pasando por el gobierno de Iván Duque hasta los clanes narco-paramilitares locales que aquí se presentan como prestigiosos empresarios (y que algunos indican viven
dedicados al lavado de dineros del narcotráfico). ¿Dónde ha estado usted, Sr. Vélez, y por qué su servil micrófono no ha dicho nunca nada sobre esto? Es cierto que el país lo juzga, más que por lo que dice, por sus atronadores silencios.


No me puedo despedir sin solicitarle que, en un acto de caballerosidad, rectifique sus últimos comentarios infundados sobre mi integridad política y moral, pues de lo contrario no me deja usted más camino que el de una acción penal. Tiene usted mi compromiso incansable para seguir trabajando por la transformación de Colombia, y como político y servidor público siempre encontrará en mi la colaboración que requiera para adelantar su labor con el rigor que corresponde. Para fortuna de la gente decente y de la democracia de Colombia, son aún muchos los periodistas que dan estatura moral y profesional al oficio: cómo deben sufrir cuando usted enarbola falsamente las banderas de la profesión que ellos encarnan diariamente con tanto sacrificio y dignidad.

CARLOS EDUARDO CAICEDO OMAR
Gobernador del Magdalena

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