Terror en el Conjunto (Parte II)

O del Miedo que desmoviliza-.

La militarización de varios barrios ayudó al pánico colectivo que se generó la noche del 22 de noviembre. Foto tomada de www.vtactual.com

Por: Víctor Gaviria*

La historia anterior quedaría como una anécdota mas y nuevos vecinos conocidos, si los hechos no hubieran estado en el marco del paro nacional más grande de la historia del país.

El sentirse protagonista (o al menos actor secundario, no todos tenemos esas dotes) de una especie de película de terror deja más dudas que claridades, en situaciones que se repitieron en buena parte de los conjuntos residenciales de una ciudad de más de ocho millones de habitantes. Y parte de estas dudas fueron las que surgieron en las discusiones de los vecinos del trascurso de la noche del 22 de noviembre y la madrugada del 23. Luego supimos que hechos parecidos, casi con el mismo guion fueron los que se vieron en la ciudad de Cali la noche del 21 de noviembre.

Extrañamente nunca antes (en la memoria colectiva) se había visto ni en estos, ni en ningún otro conjunto, una jornada donde los “vándalos” muy organizados, a pesar del toque de queda y la soledad de las calles, habían intentado ingresar a varios conjuntos, de lo que no fue ajeno casi ninguna localidad de la ciudad. Pero paradójicamente al final del día y según las autoridades, en Bogotá no hubo ninguna captura, ni denuncia real de invasión a ningún conjunto. El Alcalde Mayor de Bogotá afirmó que comprobaron mas de 600 llamadas que no llevaban a ningún hecho real o directo mas allá de comentarios de otras personas (en Cali hicieron lo propio y tampoco encontraron los casos). Se pudo comprobar qué en algunos lugares, algunos grupos de personas amenazaban con entrar a conjuntos o rompieron algunos vidrios para generar temor, mas que para intentar ingresar, robar o invadir estos lugares; pero fueron casos muy minoritarios que no llevaron a capturas.

Así mismo deja dudas la razonabilidad de las “invasiones” a conjuntos, pues habiendo tantos objetivos más “fáciles” como el ingreso a almacenes, supermercados, bancos, centros comerciales etcétera, ¿cuál era el interés de un grupo de personas de ingresar a conjuntos residenciales donde fácilmente habría cientos y hasta miles de habitantes dispuestos a defender sus propiedades y sus familias? Así mismo ¿Qué les permitía moverse en grupos grandes, por distancias tan amplias un día de toque de queda sin ser identificados? Estamos hablando de días en que la Policía afirmó tener la tecnología suficiente para identificar (con número de cédula y todo) encapuchados desde el helicóptero a kilómetros de distancia durante las marchas. Así como habría afirmado la Secretaría de Seguridad, poseer cámaras de alta definición y drones para complementar la vigilancia.

No hubo una sola captura por la jornada de miedo y paranoia del 22 de noviembre y 23 en la madrugada en Bogotá. De hecho, al 25 de noviembre, la Fiscalía afirmó que en Bogotá había realizado 46 capturas, ninguna referente a esta jornada, por delitos como el daño a bien ajeno y bien de uso público, violencia contra servidor público, obstrucción a vías públicas y perturbación en servicio de transporte público, todas en el marco de las movilizaciones.

Lo que si hubo, fue una buena cantidad de videos de policías participando de la jornada de caos, algunos, facilitando sus transportes (camiones) para movilizar los supuestos “vándalos”, otros, atacando ellos mismos vidrios y algunas viviendas.

Fueron varias las denuncias que se empezaron a mover por las redes sociales sobre el papel de la policia en la jornada de temor colectiva.

Otra pregunta para hacerse, es ¿cómo la capacidad de la policía podía ser sobrepasada una noche en que al haber toque de queda y ley seca no había establecimientos de comercio, que con el efecto del alcohol generan las mayores conflictividades en las noches de fines de semana? ¿Cómo no podrían darse cuenta de “grupos de vándalos” que intentaban moverse de un conjunto a otro?

Tomado de: Facebook.com/CaricaturasDelYeyo

Luego de los ejercicios represivos en las movilizaciones del 21N que fueron difundidos por redes sociales y por los mismos canales privados, en donde una concentración (en el caso de los cacerolazos) o movilización tenía fácilmente el cubrimiento (o afectación) del ESMAD con las ya conocidas motocicletas (reciben el nombre de matrimonios) con patrulleros manejando y de pasajero un agente armado (con armadura) del Escuadrón (y algunos en caballos con armaduras, como en el señor de los Anillos)  pudimos darnos cuenta que estos podían llegar en minutos, por decenas, a los lugares de protesta, dispersando (en muchos casos sin razón aparente) a la ciudadanía.

¿Cómo era posible que se hubieran presentado los saqueos en los supermercados de cadena (ARA y Surtimax) en el sur y occidente de Bogotá, durante horas de transmisión de televisión sin la presencia de policías o militares (estos últimos que se vieron en las calles bogotanas como en las épocas del estado de sitio) más allá de uno que otro desprevenido policía de cuadrante o de tránsito, que en sus motos terminarían atrapados en la turba sin recibir apoyo de sus compañeros? (pueden hacer un experimento simulando una pelea de vecinos en la noche y se dará cuenta cuantas motos de policía llegan para una simple situación de convivencia). 

¿Qué pasó entonces la noche del 22 de noviembre y la madrugada del 23? ¿Quién y cómo asustó a los vecinos, tanto que los llevó a buscar cualquier cosa para defenderse de los invasores que nunca llegaron? ¿Qué buscaban con eso?

Lo que tenemos hasta ahora son efectos en los vecinos que tal vez apoyaron el cacerolazo del 21 de noviembre, pero que la jornada del miedo del 22, les generó, de nuevo, el clamor por la mano fuerte, por la policía en cada esquina, por el Ejército para defendernos de “los vándalos” y el desprecio por la protesta. Porque recordemos que antes de esta jornada la popularidad del Ejército estaba en franco descenso y no es de gratis luego del bombardeo y asesinato de un grupo de mas de ocho niños que habían sido reclutados en un campamento de disidentes y de otros posibles en varios lugares del departamento del Caquetá.

También se exasperó el racismo y la xenofobia. Pues al no encontrar a los vándalos tanto esperados, se veían sus caras en las personas “diferentes” que se acercaban, en los jóvenes con “pinta de venezolanos” que andaban por las calles cerca a los conjuntos, llegando de alguna rumba o en alguna actividad social, o que no se veían “como nosotros” pues seguramente esos serían los que envidiarían “nuestro nivel de vida” y por tanto nos podrían llegar a hacer daño. El día llegó y no nos invadieron.

Esto fue una operación para generar miedo. No hay que olvidar que estas operaciones no son nuevas, así nos han gobernado durante muchos años, creándonos demonios de quienes protegernos.

Creo que esta especie de operación, una acción de guerra, hasta ahora sin director aparente, que busca crear enemigos a atacar y como en los autoatentados de la época de la presidencia (directa, no indirecta como la actual) de Álvaro Uribe se presentaban en época electoral.  O el famoso «estabamos buscando que la gente saliera a votar berraca», confesada por el jefe de campaña del NO, en el plebiscito por la paz.

Son varios los casos, pero este fue el mas difundido. Ver en: https://caracol.com.co/radio/2006/09/08/bogota/1157690880_330141.html

Tal vez no hay forma pronta de saber quien estuvo detrás de la operación psicológica que se montó esta noche (varias personas han reclamado investigaciones a Procuraduría y Fiscalía), pero si sabemos quién pudo verse beneficiado.

El gobierno fue uno de ellos. El gobierno nacional y su partido sacado de lo más profundo de las cavernas, solo ve enemigos en el pueblo, pero más, en la gente que protesta, que se sale de “la normalidad”, de su normalidad, la que los beneficia. Las declaraciones de sus particulares voceros ven bolcheviques, comunistas, ateos, castrochavistas, anarquistas, forodesaopaulistas e infinidad de calificativos en el que ubican a quien se les sale del molde mental con el que ven a todo el mundo

La ceguera característica de estos, les impide entender que lo que aquí hay, lo que ha demostrado el Paro que ya lleva ocho días, es una ciudadanía cada vez más ciudadana, cada vez más empoderada de sus derechos, una ciudadanía que manifiesta su profundo malestar por el torpe destino al que han llevado este país quienes nos gobiernan, ahorita, y casi que desde hace doscientos años. Y por eso usan el miedo como herramienta.

Eric Fromm, nos contaba en ese bonito texto llamado El Miedo a la Libertad, que hay estados de ánimo colectivos, y se refería en el momento a la situación de depresión colectiva que había en el periodo entreguerras en Alemania, que fue claramente aprovechado por el régimen nazi para gobernar, construyendo enemigos, los judíos y trayéndoles el mesías, el deplorable Adolfo. Creo que la estrategia antes aplicada y que se buscaba la noche del 22, era más o menos la misma, volver a generar la necesidad, cual bebes que buscan a sus padres para que los protejan, añorar la presencia de una fuerza pública que es cada vez más cuestionada, por sus abusos, y asesinatos, como en el caso del joven Dylan Cruz.

V de Vendetta es una de las películas que mejor explican la construcción del dominio y la garantía de la hegemonia a traves del diseño de un enemigo y la milagrosa entrega de la cura.

Las fuerzas militares estudian y aplican este tipo de operaciones psicológicas, buscando la consolidación de sus poblaciones y con un texto de mayor extensión habría que seguir estudiando:

“Las actividades psicológicas planeadas en crisis y guerra, (son) dirigidas a la población civil localizada en áreas bajo control propio para conseguir una conducta deseada que apoye los objetivos militares y la libertad operativa de los comandantes apoyados”. Sobre las Actividades Psicológicas de Consolidación (PCA).

Es tal vez lo que se llama la Guerra de Cuarta Generación, para la cual, no se necesita un gran armamento, sino las herramientas y la oportunidad para controlar psicológicamente a las personas, para lo cual la tecnología y las redes sociales son una gran herramienta. (De los primeros documentos conocidos está el elaborado por militares gringos a finales de los ochenta, llamado «El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación».)

“Tras los ataques terroristas del 11-S en EE.UU., la Guerra de Cuarta Generación se complementa con el uso del «terrorismo mediatizado» como estrategia y sistema avanzado de manipulación y control social.

Se produce, por primera vez, el uso sistematizado del «terrorismo» (realizado por grupos operativos infiltrados en la sociedad civil) complementado con Operaciones Psicológicas Mediáticas orientadas al aprovechamiento social, político y militar del hecho «terrorista».

(…)

“Las tácticas y estrategias militares, son sustituidas por tácticas y estrategias de control social, mediante la manipulación informativa y la acción psicológica orientada a direccionar conducta social masiva. Los blancos ya no son físicos (como en el orden militar tradicional) sino psicológicos y sociales. El objetivo ya no apunta a la destrucción de elementos materiales (bases militares, soldados, infraestructuras civiles, etc), sino al control del cerebro humano”. (..)

“Los guerreros psicológicos no quieren que usted piense información, sino que usted consuma información: noticias, títulos, imágenes, que excitan sus sentidos y su curiosidad, sin conexión entre sí. Su cerebro está sometido a la lógica de Maquiavelo: «divide y reinarás»: Cuando su mente se fragmenta con titulares desconectados entre sí, deja de analizar (qué, porqué y para qué de cada información) y se convierte en consumista de órdenes psicológicas direccionarlas a través de consignas”

https://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/sociopol_globalmilitarism157.htm)

Esto fue tal vez lo que tuvimos la noche del 22 y la madrugada del 23, una excelente representación de una operación en el marco de las “guerras de cuarta generación”.  Si tenemos un gobierno que ve a su población como enemigo, no es una posibilidad tan lejana. Queda por saber quién fue cómplice de ella y quienes dentro de las fuerzas militares y de policía, que claramente hicieron parte del ejercicio, dieron la orden.

Y finalmente, es necesario pensar ¿cómo el paro nacional y todos los que nos movilizamos, recuperamos la confianza de los vecinos a los que el miedo les pudo más y ya no nos acompañan ni con las cacerolas?  

Ver la parte I (ACÁ)

La Doctrina del Shock es un documental hecho con base en el texto de la periodista canadiense Naomi Klein escrito en el año 2007 con el mismo nombre. Muy recomendado para comprender los procesos de control psicológico.

*Facebook: @victorgaviriaanalistapolitico

Twitter: @Vgaviriadiaz

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