Mié. Dic 1st, 2021

MÁS ALLÁ DE LAS EXPECTATIVAS

El sueño americano era un mito y, como todos los mitos, estaba lleno de esperanzas. Esperanzas que Alexis de Tockeville, en su libro: “La democracia en América”, recogió de manera magistral convirtiendo las expectativas que generaba la conformación del modelo de formación social estadounidense en una suerte de verdad universal. Se hablaba de su perfección, era el modelo a imitar.

Pero, como todo mito, con el correr del tiempo va generando dudas, exigiendo explicaciones creíbles, que sus postulados facticos sean demostrables en la realidad. Y la realidad de la sociedad estadounidense cada día se alejaba más de ser un sistema democrático perfecto.

La célebre frase de Abrahan Lincoln de que la democracia “es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, se hacía más distante del ejercicio del gobierno.

La toma del Capitolio, el 6 de enero pasado, por bandas y sectas fundamentalistas promovida por el ex Presidente Donald Trump, no es más que un momento de la descomposición ética y política que vive esa sociedad.

Descomposición que es claramente demostrable con el resurgimiento de conductas neo nazi-fascistas; con la incapacidad demostrada para enfrentar la pandemia y sus repercusiones sociales; el racismo y toda clase de discriminación étnica; la violencia con que las fuerzas policiales reprime a la población afrodescendiente, a los movimientos que se pronuncian contra ella;   la exagerada violencia con que las milicias armadas, conformadas por supremacistas blancos, auspiciadas por el ex Presidente Trump; la inhumana represión contra los migrantes; la acusación de fraude realizada por éste con respecto de la últimas elecciones presidenciales, son, entre otras, razones que demuestran que la crisis que vive la sociedad estadounidense es una crisis muy profunda, es una crisis sistémica.

Para decirlo, en términos más claros, es la civilización estadounidense la que está en crisis. Ya que, en una democracia la opinión del pueblo cuenta para el ejercicio del poder. Y, en la “democracia” estadounidense viene ocurriendo lo contrario. La concentración de la riqueza se ha apoderado del poder político. Es el capital financiero y las multinacionales, “los amos de la humanidad” como los llamaba Adam Smith, quienes han hecho del “todo para nosotros y nada para los demás”, su principio y razón de ser.

¿Podrá Joe Biden ir más allá de las expectativas que su elección ha generado? Ese es el reto que tiene. De algo si estamos seguros, el mito del sueño americano terminó, y no tiene retorno.

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