Sáb. Jun 19th, 2021

El 17 de abril de 1781 nace el primer ejército rebelde en la Nueva Granada

Por: Aníbal Montes de Oca

El 17 de abril de 1781, en el Socorro fue proclamado Generalísimo Juan Francisco Berbeo y conformada la Junta del Común, el 27 de mayo un ejército conformado por 226 capitanes y 20.000 hombres y mujeres alzados, acampaban en Zipaquirá.

Durante 2002 años de  vida republicana, Colombia vive en situación  de recurrente  guerra interna, una herida sin cicatrizar abierta hace 240 años cuando los ricos criollos, los oligarcas, traicionaron la Rebelión de los Comuneros.

Los Comuneros fue la más grande ebullición social, un hecho de sublevación y negociación  previo a la guerra de independencia, por relatos de varios historiadores podemos apreciar los antecedentes y la repercusiones de este hito histórico.

Un imperio decadente

Para 1530 los pueblos indígenas estaban unos exterminados por la invasión, otros habían perecido en minas y plantaciones, pocos quedaron refugiados en selvas inaccesibles; muchos sobrevivieron mestizados, en el revoluto de la pasión violenta y pocas veces amorosa.

Los españoles pobres querían mandar, rehuían doblar el espinazo para escarbar minas y labrar  cultivos, así que los monarcas, su sequito y gobierno para mantener sus lujos y banalidades incentivaron  empresas  privadas para someter a pueblos africanos a la esclavitud.

Los africanos, de raíz libre,  apenas pisaban   suelo americano se erguían cimarrones en palenques, así como  Benkos Biohó, nacido rey en  Guinea, que ganó en franca lid en 1605 un tratado de soberanía para  palenques cerca de Cartagena, quien  traicionado por la monarquía, fue ejecutado el 16 de marzo de 16212.

En 1981,  los británicos los que  hacían la vida imposible en los mares con sus corsarios y piratas; la corona para mantener  la anticuada armada de Barlovento, continuar fortificando los puertos, y de ñapa  apoyar la independencia de los norteamericanos, recurrió a imponer nuevos impuestos a los  criollos y mestizos y a desterrar los indígenas de los resguardos.

Lejos habían quedado los años de Gloria del imperio español, forjados con sudor y lágrimas y no poca sangre de indios, mestizos y negros y pocos españoles que comandados por el Virrey Eslava y el Mariscal  Blas de Leso le propinó la mayor derrota de todos los tiempos a la Royal Navy Británica.

Fue en Cartagena de Indias, donde el Virrey y el Mariscal, que le decían “medio hombre”, le faltaba una pierna, un brazo y un ojo,  se quedaron para fortificar murallas  y aprontar pertrechos para la batalla, reunieron y prepararon 3600 soldados y 36 buques, los británicos atacaron con 256 naves, 26.000 hombres y algo de arrogancia que se les  quedó  en pantanos y manglares,  después de fieros combates, iniciados en marzo de 1941, cuando se replegaron dejaron más de 170 naves hundidas y miles de cadáveres con sus armas tiradas.

Ochenta años llevaban los Borbones gobernado cuando estalló la gran rebelión, Monarcas que en los albores del siglo XIII habían ganado la guerra de sucesión a los Austrias, hecho  que dio inicio a la perdida de unidad de la España y  ahondó la ineficacia y corrupción de la monarquía.

El Pueblo Insurrecto

Los hacendados y comerciantes criollos estaban cansados  de ser tratados como “manchados de la tierra”,  odiaban a los corruptos virreyes, visitadores, regentes y obispos, pero eso sí, querían títulos, puestos y libre comercio para ellos y nada de libertad de esclavos, ni resguardos de indios.

Los indígenas vueltos a ser cazados y expulsados de sus resguardos  tuvieron noticia del alzamiento  del Inca Túpac Amaru en el Perú en 1980, soñaron en restablecer sus naciones.

Los peones, amedieros, artesanos pobres,  mestizos agobiados por la pobreza y la carencia de propiedad   marcharían  junto  a los indígenas y los esclavos sublevados.

Así fue que el 16 de marzo de 1781 en el Socorro brilló Manuela Beltrán, una artesana cigarrera, quien rompió el edicto que promulgaba nuevos impuestos, avivando la revuelta con su grito de ¡Viva el rey y muera el mal gobierno!

Al 16 de marzo lo antecedió el sentimiento de rebeldía generalizado en toda la nueva Granada, había motivos de sobra.

Los roles, consignas e intereses de los comuneros estaban establecidos por su origen  de clase social. Da ahí sus consignas: Viva el rey abajo el mal gobierno, de todos; Viva el Rey Inca y mueran los chapetones, indígena, y unión de oprimidos contra opresores, lo que ha de ser que sea, de José Antonio Galán.

El Común, los capitanes y comuneros

En medio del fervor popular el 30 de marzo   llegó  al  Socorro José de Alba enviado de Santafé por Fray Ciríaco de Archila, con un pliego en versos, que concitan a extender el movimiento a todo el territorio de la colonia y a que marchen sobre Santafé.

Enardecidos por la realidad y los versos se convocaron el 17 de abril de 1781, en el Socorro, algo más de mil hombres que  proclamaron  Generalísimo a  Juan Francisco Berbeo, y capitanes a Salvador Plata, Antonio Monsalve,  Francisco Rosillo que  formaron la Junta del Común; ellos  esa misma noche  Juraron ante el escribano lealtad al pueblo y ante notario lealtad al rey, tiraron a ganar con ambas caras.

Al día siguiente los sublevados  partían hacia Santafé, Berbeo se quedó en el Socorro para organizar el Comando General.

El gobierno monárquico se organiza

En Santafé, el 12 de mayo, la Junta Superior de Tribunales decide, nombrar una Comisión Negociadora; entre ellos al Arzobispo Caballero y Góngora; y que huya el Regente Gutiérrez Piñeros, hacia Cartagena para informar al Virrey Flórez.

También dispuso enviar un piquete de tropa comandada por el Oidor Osorio, a apaciguar los insurrectos, pero no alcanzaron a llegar al Socorro, los encontraron  en Puente Nacional, allí   el  7 de Mayo, al sentirse asediados, una parte  se integró a  los Comuneros, los demás huyeron, dejando armas y pertrechos.

Las capitulaciones, el espejismo de la victoria

El  27 de Mayo cerca de Zipaquirá acamparon  más de 20.000 insurgentes  226 capitanes; tan numerosos como la población de Santafé. Podían entrar a la capital sin tener siquiera resistencia.

La Comandancia general del Socorro le escribió a Berbeo advirtiéndole que debería entrar a Santafé, pues no tardaría el Virrey en enviar refuerzos de Cartagena y la venganza sería bestial, Berbeo prefirió negociar en Zipaquirá.

El 5 de Junio iniciaron las negociaciones en Zipaquirá, mientras el alcalde Galavís y el oidor Vasco, negociaban, el arzobispo se dedicaba a meter cizaña entre los capitanes, ganando respaldo los de Tunja y San Gil.

Los plenipotenciarios, antes, durante y después de la negociación y luego en la firma fueron dejando constancia ante la notaria y el Tribunal de que sus actos los hacían bajo presión. El arzobispo no firmó las constancias y tampoco las capitulaciones. Tenía manos libres.

El 15 de junio de 1781, acordaron y firmaron las capitulaciones, lo que llenó de regocijo a los Comuneros, pues fueron acordadas todas sus reclamaciones, rebaja de impuestos, prohibiciones de artes y cultivos, expulsión del Regente Visitador Gutiérrez de Piñeres, mantenimiento del ejército comunero, empleo para los criollos, restablecimiento de resguardos.

Una vez conocidas la capitulaciones por el Virrey Flores las desconoció, y en agosto el mismo Tribunal superior que las promulgó las derogó, bien poco le duró la euforia al pueblo.

El desafío de José Antonio Galán

Nacido el 11 de septiembre de 1741 en Charalá, tenía 12 años de edad cuando le consiguen una beca para estudiar en el Seminario de San Bartolomé, en Santafé de Bogotá. En  diciembre de 1780, Galán  con Pedro Nieto, Ignacio Clavijo ¡asalta a Charalá! Fue preso a Cartagena, no había allí suficientes soldados, lo alistan, se fugó de allí y participó en el alzamiento de 1781.

Berbeo lo nombró capitán general y encargado de la cabeza del Virrey Regente, que huyó de Santafé. Galán por razones desconocidas no lo capturó; se empeñó en  reducir guarniciones y decretar la liberación de esclavos en las riveras del Magdalena;  impregnando   fraternidad en los  Comuneros, distribuyendo medios de vida en campaña sin odiosos privilegios.

Al recibir la orden de repliegue retornó a Chalará, en septiembre ante la inminente contraofensiva de los españoles,  inicia un repliegue militar hacia los llanos.

Refugiado en un rancho inhabilitado de la ruta, el primero de septiembre de 1781, cae prisionero, por un piquete guiado por el capitán traidor Salvador Plata.

 El 1 de febrero de 1782, fueron fusilados  Galán, Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina y Juan Manuel Ortiz. Sus cabezas y extremidades descuartizadas  fueron exhibidas para escarnio púbico en las plazas de 20 municipios, sus casas quemadas y sus cimientos salados para que nunca más osen desafiar la ley.

Una rebelión renaciente

Hasta inicios de 1782 la insurrección se extendió por todas las provincias de la nueva granada, llegando las revueltas y los insurrectos hasta Quito en el sur y hasta Mérida y Maracaibo hacia  el Nororiente.

Ante la desventaja militar, las guerrillas restantes se refugiaron en los llanos y en las montañas; 38 años después la lección aprendida sirvió para levantar la guerrilla de la Niebla, que  enfrentó al ejército realista en Paita, Charalá, el 4 de agosto de 1919, impidiendo el refuerzo a los realistas en la batalla de Boyacá.  Antonia Santos su comandante había sido fusilada el 28 de julio de 1919 en el Socorro.

Las semillas Insurgentes que se esparcieron por Quito (hoy ecuador) Cundinamarca (hoy Colombia) y hacia Venezuela fueron germen y abono para el ejército Libertador.2

  1. Ver: Benkos Biohó a 400 años de su asesinato, Aidén Salgado Cassiani | 19/03/2021. Rebelión.org
  2.  Los datos y narrativas de hechos históricos están  adaptados para este texto, basado en relatos expuestos en  los siguientes libros: Los Inconformes, de Ignacio Torres Giraldo; Historia de Colombia y sus oligarquías, de Antonio Caballero; Y del artículo, La Biografía de Antonia Santos, publicado por Banrepública cultural.

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