Dom. Sep 26th, 2021

Laura Guerrero con su hijo Nicolás García Guerrero. Foto cortesía.

“Mamá, vos sos mis ojos…”

Las primeras versiones apuntan a que la muerte de Nicolás García Guerrero fue una ejecución extrajudicial más de la Policía. Su madre, Laura Guerrero, busca testigos, aporta pruebas y exige que no solo caigan quienes dispararon, sino quienes dieron la orden.

Había pasado la medianoche. Corrían los primeros minutos del 3 de mayo y la angustia ya era dueña de Laura Guerrero. Sabía que su hijo estaba en la velatón en el Paso del Comercio en Cali, manifestación que era atacada por la Policía. Así lo veía por las transmisiones en vivo de las redes sociales.

Desde la noche anterior, cientos de personas se habían congregado para rechazar el asesinato y la desaparición de jóvenes en el contexto del paro. Hubo presencia del Ejército y la Policía. Los militares se retiraron y empezó el Esmad a intimidar. El miedo se extendió entre los manifestantes, algunos de los cuales estaban con niños. Con mazos y patadas, los agentes comenzaron a dañar las motos estacionadas en la bomba de gasolina que estaba junto a la reunión.

La gente no aguantó más y comenzó la confrontación. Rápidamente una nube de gases se tomó el lugar. Con rabia y frustración, hombres, adultos mayores, mujeres y niños buscaban dónde resguardarse.

“Ese día estuve pendiente de las transmisiones que hubo por Facebook en las que podía oír cómo disparaban balas de fusil. Mis amigas me decían que esa noche estaban mandando mucho Esmad. Mi hijo había quedado de escribirme y no lo había hecho. Empecé a escribirle diciéndole que me hablara”, recuerda Laura.

Su preocupación aumentó cuando vio trasmisiones de Popayán y Palmira donde sucedía exactamente lo mismo e intentó salir, pero recordó que su hijo Nicolás le había dicho que no, que la calle estaba muy peligrosa.

Nicolás utilizaba más su apellido materno. Como Nicolás Guerrero era más conocido. “Empezaron a llamarme y a preguntarme que si Nicolás era de apellido García, que si estaba en la casa, que dónde estaba. Eran muchas personas llamándome para hacerme preguntas y eso era raro, hasta que mi hermano llamó a su teléfono y una paramédico le dice que va camino al hospital”.

Cuando Laura llegó al centro médico, Nicolás ya había sufrido tres paros cardiorrespiratorios, uno de ellos en la ambulancia. En a clínica tuvo el último, el que no logró superar.

Entre al arte y la resistencia

Como si la tortura de Laura fuera poca, días después se enteró que cuando su hijo cayó herido con un disparo en la cabeza e intentaron auxiliarlo, la Policía no lo permitió porque continuaba disparándoles gases al lugar donde trataban de asistirlo.

“En la velatón Nicolás había comentado que se iba para la casa porque ‘Uno se va, la mamá le echa la bendición y luego es ella la que está sufriendo’”. Había decidido retirarse, aunque por el abuso de los agentes decidió enfrentarlos.

Nicolás García Guerrero era un joven artista de 26 años, quien ante la falta de oportunidades de estudio y trabajo en Colombia había estado viviendo con su esposa y su hija de ocho años en España. Allí estuvo un tiempo y había vuelto al país por una temporada corta con la intención de arreglar asuntos personales para retornar a Europa, a seguir trabajando y respondiendo por su familia.

“Nicolás estaba rodeado de muchas injusticias, mis familiares debieron salir del país buscando oportunidades, eso hacía que él quisiera vivir en otro país para tenerlas en otro lugar”, comenta su mamá.

Como artista, hacía murales, pero sobrevivió en España laborando en obra blanca, donde lo felicitaban por la calidad de su trabajo, aunque le pagaban mucho menos por ser extranjero.

A España planeaba volver en julio: “Por eso en el paro no estaba en primera línea, sino que decía que ayudaba en lo que se necesitara. No se exponía a que lo cogieran o algo así porque ya había desapariciones en esos días, había miedo en el ambiente, ya había una orden y se sabía de quién venía, para que la ‘gente de bien’ se defendiera, sabían que podrían salir lastimados, lo que pasa es que nadie espera salir muerto de una situación de estas”, anota Laura.

Además, la desconfianza de los jóvenes había crecido. Hasta evitaban ir heridos a hospitales porque se hablaba de varios desaparecidos luego de ser recogidos por ambulancias.

Otra madre que lucha

Laura Guerreo es una mujer de 44 años. Normalmente es vista en los puntos de resistencia en Cali, con diferentes responsabilidades, aunque no por el asesinato de su hijo. Siempre ha hecho parte de organizaciones sociales, colectivos de mujeres y de paz. Lo nuevo es que en este paro se convirtió en una víctima. “Yo no entré a esto porque mataron a mi hijo, porque recogí su bandera, yo ya le ayudaba en todo el tema cultural que él emprendiera. Él marchaba por su lado y yo por el mío”.

Rememora cuando él le decía, “Mamá vos sos mis ojos, me estás avisando si pasa algo, si te das cuenta de algo”, estaba bastante inquieto por la seguridad. No quería verse involucrado en ningún asunto que le impidiera retornar al seno de su familia, a estar con su niña.

Laura hace parte de la comunidad religiosa Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o mormones, en la que hacen énfasis en ayudar al prójimo, en sus necesidades y el servicio a los demás. Participó en una escuela de ciencia política con enfoque de género: “Al ver este mundo tan cambiante y al ver que mis hijos se hacían adultos, veía dinámicas diferentes en la sociedad y decidí aprender”.

Esta madre de tres hijos, hace años debió abandonar sus estudios para poder pagar la matrícula de ellos. Sin embargo, es técnica del SENA en seguridad y salud en el trabajo, y laboraba por prestación de servicios, “porque el alcance de nuestro trabajo se vio afectado por la nueva normatividad y se fue quedando sin peso la carrera técnica”.

Las pesquisas

Las investigaciones sobre este y otros asesinatos de jóvenes manifestantes en el Paro Nacional iniciaron rápidamente, aunque sin resultados definitivos hasta el momento. En el caso de Nicolás, su abogado Elmer Montaña comentó a VOZ que la investigación está priorizada por la Fiscalía General de la Nación y es llevada por un fiscal de derechos humanos. Ya se han recogido testimonios y hay pendiente una inspección judicial en el lugar de los hechos.

Elmer Montaña dice que, aunque es crítico de la Fiscalía ve interés del ente en investigar los casos de estos jóvenes. “Hay un fiscal que se sienta a dialogar con las víctimas y si se mantiene ese interés esas investigaciones van a salir adelante”.

Por su parte, la Policía aportó videos falsos, que no correspondían al lugar de los hechos ni a la fecha. Y, maneja un argumento, calificado como disparatado por parte del abogado, de que los manifestantes estaban disparándoles con armas de fuego y que se mataron entre ellos.

La versión de algunos testigos es que a Nicolás le dispararon desde donde estaba la Policía, que no había nadie más en ese lugar, que fue un ataque de la Policía.

“Lo que sí está acreditado a través de videos y otras pruebas, es que la Policía llegaba a sacar a los manifestantes de los sitios de bloqueo con armas de fuego, algunas de largo alcance como fusiles”, explica Elmer Montaña.

Con esperanza, Laura dice que ha aportado lo que ha podido para que avance la investigación. Exige celeridad y justicia: “Espero que no solo caiga el tirador, él es el último en la cadena. Pero había una orden, ¿quiénes dan las órdenes?”

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