Dom. Sep 19th, 2021

Foto: Pares

Mario Montoya, el general que exigía ríos de sangre

Por: Laura Cano, periodista Pares.

Traemos al presente este artículo de investigación de la organización Pares, tras el proceso para la imputación del exgeneral Mario Montoya; refleja la realidad de los falsos positivos bajo el gobierno de Uribe y aceptados por las Fuerzas Militares de Colombia.

Treinta y nueve años fue el tiempo que estuvo Mario Montoya en el Ejército Nacional de Colombia (1969 – 2008. En esos años pasó por varios puntos del país a través de sus cargos; Cúcuta, Villavicencio, El Bagre, Santa Marta y Arauca. Fue Comandante de Compañía del Grupo de Caballería No. 5, del Batallón de Inteligencia No. 4, de la Escuela de Caballería del Comando Operativo No 9, de la Brigada No 18, del Conjunto No 1 del Caribe, en el Batallón de Inteligencia del Ejército y de la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur. Además, fue comandante de la Brigada IV del Ejército en Medellín desde 2001 hasta 2003, esto precedido por su comandancia en el Batallón Antinarcóticos del Ejército en Caquetá en la que fue nombrado en el 2000.

Hoy, Mario Montoya es uno de los hombres que hizo parte de esta Institución con más cuestionamientos, y también por quienes muchos piden celeridad en la justicia y los procesos necesarios para que la verdad y la reparación a las víctimas de la gestión castrense de Montoya sea una realidad, ojalá cercana.

El héroe de Uribe

Los años en los que el ‘prestigio’ militar de Montoya creció y en el que más honores militares adornaron su uniforme, fue justamente en el primer periodo de presidencia de Álvaro Uribe Vélez, en el que la Seguridad Democrática fue la bandera del accionar tanto del Ejército, como del expresidente (2002-2006).

Ese supuesto plan de defensa y seguridad para reducir la exguerrilla de las Farc-ep, fue en realidad una de las medidas que más recrudeció el nivel de violencia dentro del marco del conflicto armado, en el que en nombre de ese objetivo se cometieron masacres, desapariciones, asesinatos y una serie de actos que terminaron afectando a millones de personas tanto en las ciudades, como en las zonas rurales.

Detrás de toda esa serie de hechos había un una cabeza que dinamizaba todo lo que sucedió en ese tiempo desde la institucionalidad, se trataba de Mario Montoya, quien hoy por hoy está sometido a la JEP y quien en sus últimas audiencias se limitó a decir que iba a hacer uso de su derecho a guardar silencio, y cuando habló fue para burlarse de lo que ha ocurrido en el país, diciendo que los militares que participaron en los delitos por los que se le acusan no sabían lo que hacían, pues eran jóvenes de estrato 1 y 2.

Montoya llegó ante esta justicia por estar relacionado con los casos de ejecuciones extrajudiciales, esto después de que once militares que también están en la JEP lo involucraran por estos hechos en sus versiones. Un rastreo de lo que fue el tiempo de Montoya en el Ejército les da la razón y demuestran que el exgeneral está demorado en que la ley lo condene por sus actos.

Recientemente, el teniente coronel Álvaro Amórtegui Gallego al comando del conjunto Número Dos de Cali, reveló a través de un video y luego en una entrevista en Caracol Radio, cómo era el trato y las peticiones que Montoya durante su mandato hacía a los militares en el año 2001.

Allí contó un caso específico ocurrido cuando Amórteguí capturó a 17 hombres quienes por petición de Montoya debían ser asesinados y luego hacerlos pasar por miembros de las Farc, poniéndoles unos brazaletes que él mismo iba a mandar. Según el teniente coronel, tras una negativa a la solicitud de Montoya la reacción de este último fue intimidar a Amórtegui diciéndole: “usted es un cobarde, me repugna y me escupió las botas. Si le da miedo vaya mate a un bobo o un loco, o sáquelos del anfiteatro».

‘Falsos Positivos’: La sombra que perseguirá a Montoya

Esta versión coincide con la que hace dio en Noticias Uno el coronel (r) Gabriel de Jesús Rincón, también condenado por ejecuciones extrajudiciales, quien hace menos de un año dio su testimonió y en él informó que Montoya le decía: “usted lo que tiene que hacer es: vaya saque unos tipos del anfiteatro, unifórmelos y preséntelos como resultados”, “a mí me tiene que dar son muertos y resultados en combate”.

Aquí lo que exigían eran muertes en combate y como manifestaba en sus programas el comandante del Ejército, era litros de sangre, tanques de sangre, él decía, – a mí no me importa nada de capturas, a mí me tienen que dar son muertos en combate y los muertos en combate son a como dé lugar-”.

Por otro lado, en otras declaraciones, se narra cómo Mario Montoya, además de ingeniárselas con brazaletes para hacer pasar a civiles por bajas guerrilleras, arreglaba documentos, escenas y firmas para legalizar todos los asesinatos que organizaba bajo el aval del Ejército.

Además de los casos cometidos en Bogotá y Soacha con jóvenes a quienes se les ofrecía trabajo y luego eran asesinados para presentarlos como bajas, también Montoya está relacionado con casos similares que ocurrieron en La Guajira, en el municipio de Dibulla en el 16 de agosto de 2006, en donde le quitaron la vida a cinco jóvenes provenientes de Valledupar con el mismo modus operandi; a través de propuestas de empleo y quienes luego fueron ejecutados en una finca conocida como El Cafetal, ubicada en el corregimiento de Palomino, para luego presentarlos como bajas en un supuesto enfrentamiento.

Paramilitarismo y Ejército: la otra cara de la moneda

Las alianzas de Mario Montoya con los paramilitares tienen varias vertientes. Por un lado, están las masacres y operaciones que ocurrieron mientras él estaba en la comandancia de algunos batallones o brigadas, en donde muchas veces las Autodefensas Unidas de Colombia fueron guías para que tropas del Ejército pudieran entrar en los territorios.

Ejemplo de esto, la masacre en San José de Apartadó, ocurrida en 2005, en donde fueron asesinadas ocho (8) personas; tres (3) niños: Deiner Andrés Guerra (11 años), Natalia Tuberquia (5 años) y Santiago Tuberquia (1 año) y cinco (5) adultos:  Luis Eduardo Guerra, Sandra Milena Muñoz, Alejandro Pérez, Bellanira Areiza y Alfonso Bolívar Tuberquia.

A Montoya se le acusó de estar detrás lo ocurrido allí por medio de la Brigada XVII, en donde también hubo presencia de las Autodefensas Unidas de Colombia, quienes para ese momento ya funcionaban como guía del Ejército, esto se conoció tras las declaraciones de varios exmilitares quienes pasaron por procesos judiciales desde el año 2009, momento en el que Montoya ya se desempeñaba como Embajador de República Dominicana, cargo al que renunció en julio de 2011 por todos los casos con los que ya se le empezaba a relacionar.

Montoya también estuvo detrás de la Operación Fénix (2008) en Sucumbíos; Ecuador, en la que murió Raúl Reyes y otros 22 guerrilleros más. Este hecho, además de las bajas por las que trabajaba Montoya, también dejó una crisis diplomática regional.

A esta serie de masacres también se le suma lo ocurrido en la Operación Orión (octubre de 2002), en la Comuna 13 de Medellín, donde se registraron, al menos, 80 civiles heridos, 88 homicidios por parte de la Fuerza Pública y los paramilitares, 12 personas torturadas, 92 desapariciones forzadas y 370 detenciones arbitrarias. Además, en 2009 alias ‘Don Berna’ en su declaración libre desde una cárcel de Estados Unidos confirmó cómo se alió el Ejército, principalmente con Mario Montoya; la Policía, a través de Leonardo Gallego y el Bloque Cacique Nutibara de las AUC que él dirigía.

Esta masacre fue precedida por la Operación Mariscal (mayo de 2002) y la Operación Antorcha (agosto de 2002), en las que también se relaciona a Mario Montoya. Por esto, el general (r) rindió versión libre ante un fiscal delegado de la Corte Suprema de Justicia en diciembre de 2011.

A esta relación paramilitar también se le suma el enriquecimiento ilícito con el que se relaciona a el exgeneral, por la suma de alrededor de 1.500 millones de pesos, que obtuvo tras aliarse con el asesinado jefe paramilitar Miguel Arroyave para que el Bloque Centauros pudiera enfrentar y además ganar el control que tenían las Autodefensas Campesinas de Casanare.

Asimismo, el desmovilizado de las AUC, Libardo Duarte alias ’Bam-Bam’, contó en febrero de 2011 ante la Corte Suprema de Justicia que Montoya colaboró con el Bloque Metro, frente que delinquía en Antioquia. A esto se le sumó lo dicho en 2010 por Juan Carlos Sierra, alias ’El Tuso’, en donde en una versión libre, también desde Estados Unidos, acusó a Montoya de estar en la nómina de la llamada ‘Oficina de Envigado’, organización criminal que en su momento fue dirigida por alias ‘Don Berna’, la cual tuvo como resultado la creación de los bloques de las AUC Cacique Nutibara y Héroes de Granada de las Auc.

‘Bam-Bam’ también corroboró lo señalado en ocasiones anteriores por paramilitares desmovilizados en el proceso de Justicia y Paz, en el que se decía que el Ejército le habría dado en el año 2002 siete (7) fúsiles y una camioneta para que fueran utilizados por miembros del Bloque Metro de las Autodefensas las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá.

Tras todo esto no es de sorprenderse que lo último dicho por Uribe respecto a Montoya es que él “ha sido un héroe de la patria”.

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