• mayo 18, 2022 1:14 pm

Por María Julia Aparicio.

Así en las escuelas no se hable de Jorge Eliecer Gaitán o se enseñe la falacia de que lo mataron por un lio de faldas en algún momento de la vida de cada colombiana o colombiano se convencerá que lo mató la CIA.

Le truncaron la vida al más destacado líder de la construcción metódica y colectiva de los procesos de cambio cultural del siglo XX en Colombia precisamente por encarnar la voluntad popular en ese momento histórico.

Esa vocación metódica, la de la democracia directa y participativa, la expresó en 1945, en su discurso en la plaza de Santamaría, “No ha operado jamás de otra manera el proceso histórico. Nunca en la sucesión de los acontecimientos se han presentado actos milagrosos. En la trayectoria que han seguido todas las civilizaciones y en las tormentas donde se han cumplido transformaciones esenciales, han actuado en dramática y fecunda contraposición dos fuerzas que culminan en dos estados sicológicos. De un lado aquellos a quienes el poder, como siempre, adormece y estanca; a quienes la embriaguez del dominio recorta y amengua en su ambición creadora; a quienes el ejercicio del mando destruye el impulso de la inconformidad; a quienes por actuar en ambientes de beneficiados se les hace sordo el oído para escuchar el clamor subterráneo que se incuba y vibra como un presagio de tempestad. De otro lado aquellos que producen este mismo clamor; los que fuera, en la escuela, en el rancho desolado del campesino, en el taller sonoro del artesano, en el alma de la madre y en el seno de la juventud; en la mente del industrial y del comerciante, van gestando un nuevo destino del vivir, una nueva ansiedad en la forma y en la organización de la sociedad.

Y como la vida verdadera es dinámica, anhelo de superación, voluntad de progreso, presencia de mejores concepciones, un día, cualquier día, el distanciamiento de esas fuerzas encontradas, la una visible y radiante, la otra oculta y activa, llegan a la saturación y se presentan altivas y batalladoras. Y en medio del silencio narcisista o contra la represión violenta; por encima de la propaganda engañosa que intenta falsear la realidad, de los socavones de la conciencia colectiva van brotando nuevos filones, van poniéndose en circulación nuevas ideas. Sobreviene el choque. Y de él quedan un nuevo sistema y unos métodos nuevos, fundados en la marcha inexorable del progreso humano.”

Gaitán siempre fue un líder de los métodos pacíficos, de las marchas y el voto, en un contexto en que desde 1946, los terratenientes empleaban las armas del estado y de los “pájaros” para matar, desalojar, expropiar y desplazar campesinos.

No creyó que la oligarquía lo asesinaría, Gaitán los conocía, eran sus adversarios políticos, pero llevaban buenas relaciones personales, por ello valoró que no atentarían contra su vida, confiaba que evitarían una guerra civil, no sucedió así, la tarde del 9 de abril lo mandaron a matar, 74 años después esa herida en el sentir popular sigue abierta, no hubo verdad, ni justicia, así, no ha sido posible la conciliación.

El pueblo enardecido se insurreccionó en Bogotá primero y luego a lo ancho y largo de la geografía nacional, pero cuando doña Berta Hernández revolver en mano mando a la fuerza militar aplastar a sangre y fuego a la sublevación popular, la dirigencia Liberal se fue a el palacio a pedirle al presidente Ospina Pérez no su renuncia por semejante crimen, fueron a negociar puestos unos y otros a suplicar su ida para el exterior.

Los dirigentes populares junto a Gaitán no alcanzaron a constituir una dirigencia del partido Liberal que acogiera la democracia directa y defendiera los intereses de lo que Gaitán llamó el país nacional, campesinos, obreros y empresarios.  Gaitán, no logró su aspiración de la dirigencia oligárquica del partido Liberal se fuese para el partido conservador y el pueblo conservador se pasara al partido Liberal.

El grueso de la revuelta popular, la de los gobiernos populares, fue sometida en los primeros días, en Barrancabermeja y en Barranquilla y poblaciones apartadas. Otros insurrectos: los del Llano, el Tolima y los santanderes persistieron alzados, hasta que la dirigencia Liberal los convenció que se entregaran al plan de paz del general Rojas Pinilla, entonces dictador. Miles de guerrilleros y tal cual guerrillera, en largas filas fueron entregando sus armas, a cambio de promesas y ni siquiera un azadón. Los principales jefes desmovilizados fueron asesinados meses después, Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure entre ellos.

Los guerrilleros liberales y comunistas más precavidos se fueron a sus comunidades a organizarlas a sembrar y criar animales, cuando ya estuvieron bien plantados, y como habían guardado una que otra escopeta el estado los declaró “repúblicas independientes», merecedores de una operación militar y hasta los gringos fueron el plan de ataque, con bombardeos incluidos, y con ello ayudaron a fundar las FARC.

La guerra estatal contra los territorios no fue cosa menor, las hordas paramilitares han sido y son brutales, mocharon cabezas, violaron mujeres, quitaron tierras, destruyen el tejido social de los pueblos ancestrales y comunidades.

Jorge Eliecer Gaitán el líder popular sigue clamando paz, la paz con justicia social, que no puede ser mientras las mayorías, hasta ahora vulneradas, no asuman el poder político.

Ese poder que se construye en la marcha de las antorchas, la oración del silencio, que impacta mentes y corazones, hasta   este presente construyendo democracia directa, ahora en el estallido social de jóvenes y madres, y en el intento de ser gobierno con los votos. Pero tengamos en cuenta si el estado no dialoga, ni le cumple a quienes siguen tercos alzados en armas como continuadores de la sangrienta traición de hace 74 años, al menos merecen el respeto de los progresistas de quienes Gaitán es precursor   y de Comunistas y socialistas de los que Gaitán nunca fue, pero que nunca estigmatizó.

Columna de opinión

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