Mar. Jun 15th, 2021

Gustavo Petro, senador de la República de Colombia

Con la violencia gana Uribe

El proyecto político de Uribe, como todo proyecto fascista, necesita del miedo para acceder al poder. En su momento tanto Hitler, como Mussolini, y después Franco, usaron el miedo al socialismo, y el primero el miedo a los judíos, como la mejor forma para ganar mayorías electorales o sociales en las clases medias de sus países y para atraer los núcleos del poder económico de sus sociedades.

Entre más miedo mejor. Por eso incluso organizaron ellos mismos el incendio del parlamento alemán y acusaron a los comunistas de aquel entonces, para voltear el respaldo popular que les era adverso.

Lo que se conoce genéricamente como fascismo, creció construyendo miedo en las sociedades sobre la base de la mentira como forma comunicacional, lo que hoy llamamos “Fake news”. La mentira comunicacional masiva permite desatar sentimientos de zozobra tan profundos, pánicos inmensos generalizados que provocan la reacción política inmediata de quienes los portan en contra precisamente de quienes los manipuladores de la mentira quieren. Goebbels fue capaz de desatar el odio contra los polacos antes de la invasión a Polonia con mentiras sobre asesinatos de alemanes por polacos, lo mismo hicieron con los checos y profundizaron hasta tal punto el odio a los judíos, que lograron la unidad nacional alemana alrededor de ese odio hasta llegar a los campos de concentración y el holocausto.

La estrategia de Goebbels, “los fake news” de ahora, fue seguida por buena parte de las derechas del mundo, generando un increíble crecimiento de la irracionalidad humana, hasta poner en peligro la construcción democrática liberal. Trump es un gran ejemplo de destrucción democrática en los EEUU, y lo que utilizó para ello fue el miedo a los inmigrantes a los que mostró como invasores de los puestos de trabajo de los blancos anglosajones. El odio al inmigrante se generalizó haciendo crecer la base electoral de Trump.

En Colombia esa ha sido la estrategia uribista.

Se usaron atentados de mentiras contra Uribe, se usaron otros atentados reales pero ejecutados por miembros de la fuerza pública en el inicio del mandato de Uribe. Usaron a las Farc con su guerra degradada, para la construcción real del miedo y de la zozobra generalizada a fines de los noventa, y así pudieron volver masivo el odio de la sociedad contra esa organización armada. Ese odio casi les permitió la base de una unidad nacional que los mantuviese en el poder por casi un cuarto de siglo. Pudieron ganar dos mandatos que pudieron ser tres de manera directa con Uribe, y dos más, de manera indirecta, con el primer Santos y ahora con Duque.

Por eso les incomoda tanto que se acaben las Farc y el ELN y destruyen los acuerdos de paz que se hagan con ellos. Los necesitan armados y violentos para poder generar el miedo y conseguir más votos.

Miedo y odio son los sentimientos que fueron cambiando la cultura y la mentalidad política del colombiano, de sus clases medias y de los sectores populares para consolidar un proyecto fascista. No tuvimos los campos de concentración nazis, pero si las ejecuciones judiciales de 6.402 jovencitos. Cada una de esas muertes era aplaudida popularmente, porque el aparato de propaganda oficial que son los grandes medios de comunicación privados, se convirtieron en un inmenso” fake news”, haciendo aparecer esos muertos como bajas de la Farc y triunfos militares inexistentes

Con esa experiencia goebbelsiana tan perfeccionada al cabo de los años, Uribe fue capaz de derrotar la única posibilidad de paz en décadas para acabar la guerra perpetua que vive el país. El mismo pueblo votó contra su propia paz, a partir de una gigantesca campaña de “fake news” que hacía aparecer la paz como algo profundamente indeseable para la sociedad colombiana.

Formados en esas campañas, sectores enormes de la sociedad colombiana odian y siente miedo de los cambios, de todo lo diferente, de la mujer libre, del que piensa diferente, de los inmigrantes venezolanos, de los que dejan las armas, de los pobres, de los que se organizan socialmente, de los sindicatos, de los indígenas, de los jóvenes, hasta del que escribe estas palabras.

Odian al punto de matar y sienten miedo de escenarios que sus propios jefes, a los que reverencian y obedecen, inventan. Más invención, más miedo, más votos y más muertos.

En escenarios de crecimiento de la riqueza, la estrategia es imbatible. En escenarios de ruina económica la estrategia tambalea.

Hoy estamos ante una estrategia semejante pero estamos en ruina económica.

Ya en la movilización social del 2019 apareció una extraña situación en Bogotá que alarmó hasta al mismo Peñalosa. Usando redes lograron crear terror en conjuntos residenciales de clase media asegurados en los perímetros por rejas. Todas las familias encerradas en varios puntos de Bogotá estaban convencidas que venezolanos vándalos llegaban en camiones para atacar sus hogares. La ciudad estaba en toque de queda y sus calles en manos de la policía y efectivamente hubo camiones en las calles. Pero en la realidad ningún hecho de vandalismo se presentó, no hubo vándalos venezolanos, solo policías controlando la ciudad, eso si algunos habitantes de un conjunto mataron a unos jóvenes que por casualidad pasaban por el lugar aterrorizado.

Se había probado una estrategia masiva de creación de zozobra en medio de una movilización social.

Hoy el piloto que en mi opinión organizaron sectores de la policía, como también organizaron la repartición masiva a lo largo y ancho del país de amenazas de las águilas negras, se ha extendido como método a todo el país.

Desde el 2015 el país vive un deterioro permanente de su situación económica por el derrumbe de los precios internacionales del petróleo y el carbón que se ha agudizado con la pandemia de una manera sustancial.

El contexto adverso para el país se ha sido tratado de una manera especial por el gobierno de Duque. Asistido por una profunda incapacidad del pensamiento ortodoxo económico colombiano que impide mirar alternativas a sus dogmas en una crisis que nunca había vivido el país, han decidido aplicar el recetario tradicional de política económica, sin darse cuenta que, prácticamente ningún país del mundo lo ha hecho.

Uribe, victorioso de nuevo en las elecciones del 2018, con su candidato Duque, decidió, escoger para si los cuatro ministerios que en realidad permiten el control de un gobierno en Colombia y el ejercicio del poder: el de las armas, el del dinero, el de las relaciones exteriores y el de la política interna.

Por eso Duque en realidad no gobierna y menos traza la política económica, de la cual, la verdad sea dicha, es solidario. Es Uribe quien gobierna, y es él quien maneja la política económica, que él, como buen comunicador goebbelsiano llama “la confianza inversionista” pero que es en realidad la ortodoxia neoliberal.

Ante la caída de los precios del petróleo Uribe, su presidente y su ministro Carrasquilla respondieron en el año 2019 con la reducción de impuestos a las corporaciones petroleras, carboneras y otras grandes corporaciones. Siguieron el libreto de la derecha norteamericana con su nunca comprobada teoría de la curva de Laffer, la tesis que afirma que si se bajan los impuestos al gran capital éste se expandirá más y pagará entonces en volumen más impuestos, así bajen las tasas, generando, de paso, más empleo.

Buscaba Uribe/Duque/Carrasquilla que la caída de los precios del petróleo sería compensada con el aumento de la rentabilidad del capital invertido allí, gracias a la reducción de regalías e impuestos, y así según ellos, se produciría más exploración, más extracción, más dólares con la exportación. Hasta el “fracking” se convirtió en una de las políticas a utilizar.

Como ocurre con todos los países que ponen la teoría neoliberal de Arthur Laffer en práctica, teoría que se escribió en un restaurante al lado de Rumsfeld y Cheney, y que fue la base de la política económica de Reagan, Busch y Trump, no llega el incremento del empleo, ni el incremento del volumen de recaudos del gobierno, sino que llega la desfinanciación del Estado.

Efectivamente la reforma tributaria del 2019 desfinanció el estado colombiano, le quitó casi 4 billones de pesos en el 2020, 9 billones para el 2021, y 15 billones para el 2022, y así por los años que vienen.

Nosotros lo advertimos en su momento y votamos contra la reforma. Pero la mermelada es más poderosa que la razón en cuestiones parlamentarias.

En el 2020 sobrevino el covid, y la parálisis económica, esto en medio de la desfinanciación del Estado, llevó a Carrasquilla a la búsqueda urgente de nuevos recursos y los encontró como reza el libreto neoliberal, en el endeudamiento. Sobre endeudo al Estado colombiano, renunció al recurso de la emisión, tal como reza el libreto neoliberal, y la dejó solo para financiar la liquidez de la banca privada.

Mientras el mundo emitía para financiar la política social que permitiera controlar el virus, y sostener las fuentes de empleo; Carrasquilla endeudaba a la sociedad.

No se necesita ser muy inteligente para saber que pasa con las finanzas públicas si se desfinancia por un lado, 2019, y se sobre endeuda por el otro, 2020. El déficit se dispara, se acerca el momento de la cesación de pagos.

Carrasquilla ha estudiado lo suficiente para saber que efectivamente el déficit fiscal se le dispararía, pero él no estaba preocupado por ello, se podría plantear una nueva reforma tributaria basada en el IVA a los alimentos, tal como su jefe real, el banquero Luis Carlos sarmiento había propuesto.

Lo que le preocupaba a Carrasquilla era lo mismo que a Sarmiento; cómo en una brutal crisis económica, nunca vista en la historia de Colombia, se podían salvar las utilidades del sector financiero.

Por eso hicieron girar tanto la política social para controlar el covid, como la llamada política de reactivación económica, no alrededor de impedir el crecimiento del hambre y la pobreza, para lo cual una renta básica de verdad era necesaria, o de detener la destrucción de puestos de trabajo, para lo cual subsidiar la nomina laboral de la pequeña y mediana empresa privada era sustancial, sino que la hicieron girar alrededor de la sostenibilidad de las utilidades financieras.

Y tuvieron éxito. El sector financiero obtuvo 14 billones de utilidades en el 2020, mientras todo el resto de la economía quebraba y la mitad de la población se hundía en el hambre y la pobreza.

Para el 2021, Carrasquilla decidió enfrentar el déficit presupuestal que el mismo había creado, con lo que le dictaba el libreto, hacer una nueva reforma tributaria esta vez para financiar el estado, pero con el bolsillo de los que comen y de los que trabajan.

Y como era de esperarse y como lo advertimos en su momento, pero sin ser escuchados por quienes ya no tienen oídos, sobrevino el estallido social.

Ahora la prensa, el gran aparato goebbelsiano y todo lo que queda del uribismo, desesperadamente, tratan de volverme responsable del desastre, del estallido, y de la violencia con que se enfrenta. Incendiario grita la periodista, traidor grita el opinador de radio fajardista. Resentido social lleno de odio gritan los uribistas, ellos si, llenos de odio.

La política económica de Duque/Uribe resultó un enorme fiasco. Hundieron a la sociedad colombiana en el hambre, la pobreza y la quiebra. La ruina económica ha puesto en peligro todo el edificio uribista, y a Uribe no le ha quedado otro recurso que Goebbels de nuevo.

La encuesta Invamer que me coloca como ganador en todos los escenarios posibles para las elecciones del 2022 rebasó la copa para ellos.

Pero peor aun fue que ellos vieran que a pesar del covid, de la ayuda que les dio la magistrada Villamizar prohibiendo las movilizaciones inconstitucionalmente, del propio miedo al virus, la gente acató en todos los sectores sociales el llamado del comité del paro a la movilización.

El gobierno ante centenares de miles de colombianos y colombianas movilizadas entró en defensiva, retiró la reforma tributaria del Congreso y aceptó la renuncia del ministro Carrasquilla

Los bonos de deuda pública se derrumbaron, se convirtieron en bonos basura, no valen nada. El gobierno podría recomprarlos, pero no quiere. El peso se derrumbó por segunda vez, el endeudamiento del país se convirtió en el más caro del mundo.

La necesidad de financiar el estado colombiano quedó al orden del día. Ante esa necesidad propusimos derogar la reforma tributaria del 2019, y obtener 9 billones para este año y 15 para el entrante, haciendo pagar impuestos de nuevo, como lo hacían en el 2018, a petroleras, carboneras, bancos y otras grandes corporaciones. Propusimos que la emisión no se dirija totalmente a la liquidez de la banca privada sino a financiar la renta básica para las familias que enfrentan el covid y el subsidio de la nomina de la pequeña y mediana empresa privada del país. Pero el gobierno ya no entiende razones. Solo aplica el plan de Goebbels.

El retiro del proyecto de reforma tributaria es un verdadero triunfo popular, pero el gobierno rehízo casi de inmediato su estrategia y la movilización social cambio por completo de forma y contenido.

La estrategia del gobierno es la barbarie, es su último intento desesperado de conservar el poder en el 2022. Hoy es Uribe el estratega. Desquiciado por las tesis del neonazi Alexis López Tapias, sobre la Revolución molecular disipada, que opera como Q’Anon, la teoría conspirativa norteamericana, en la mente de la cúpula militar y policial, ha trazado su campo de combate.

Han vuelto objetivo militar la movilización. Ven a los manifestantes, hoy la juventud barrial excluida, como blancos legítimos. Transforman la vida en la ciudad como un teatro de operaciones. Asesinan de frente con armas oficiales, ametrallan desde helicópteros y puentes con granadas lacrimógenas que se convierten así, en letales, cazan manifestantes por las calles de los barrios, disparan allí indiscriminadamente, aumentan por decenas los muertos.

Lo hacen con un propósito: que aumente el miedo en el conjunto de la sociedad, la que no sale a las movilizaciones. En cierta forma la juventud popular les acepta el juego, tratando de saldar las anteriores heridas con la policía que los ha agredido permanentemente en los barrios, cita las manifestaciones al atardecer sabiendo que la noche trae la muerte.

El gobierno ha decidido construir la violencia. Infiltra sus efectivos de civil para disparar a líderes, para saquear pequeños comercios, construye el desabastecimiento de alimentos y gasolina. La comida no entra a las ciudades. pero extrañamente las municiones y las granadas si entran por doquier.

Uribe sabe que si aumenta la zozobra generalizada puede construir odios de una parte de la sociedad, la más pudiente, la de clase media, que ya se olvidó que esos jóvenes populares que ahora no quieren y llaman vándalos, les ayudaron a frenar el aumento de sus impuestos. Barrios ricos salen como en EEUU, con camionetas Toyota y armas a defenderlos cuando no han sido atacados. Los paramilitares pagados salen en sus vehículos a matar jóvenes movilizados.

La estrategia de la barbarie es generalizar el miedo. Uribe espera así, que ese miedo se transforme en odio y se vuelvan millones de votos decisivos en las elecciones del 2022. Y si no es así espera incluso que no haya elecciones.

Todo el aparato goebbelsiano está disparado. Los grandes medios y las bodegas pagas en las redes me culpan de la situación y de la violencia que desatan ellos mismos. Buscan así, disminuir la intención de voto por mí.

Ya no tienen propuesta económica, ya solo queda la evidencia de su fracaso.

Ya saben que nosotros tenemos la salida más responsable y tranquila. Por eso la ANDI coincidió con nuestra tesis de suspender la reforma tributaria del 2019.

Lo único que tienen muy peligrosamente, es la necesidad de aumentar la violencia para conseguir los votos del 2022.

La respuesta nuestra por tanto debe ser inteligente y tranquila.

“Paz para los cambios y cambios para la paz” decía el general progresista uruguayo Líber Seregni. Esa es nuestra consigna.

Le hemos pedido al movimiento juvenil barrial que se movilice de día para disminuir su vulnerabilidad ante el asesinato, que elija delegados por puntos de movilización y se encuentren por ciudad, que los delegados de la movilización a nivel nacional seleccionados por ellos mismos se integren con el comité de paro. Son dos mundos distintos. El sindical jerarquizado y el juvenil barrial en red, pero deben coordinarse.

Hemos pedido una nueva agenda de la movilización social, que en nuestra opinión gire alrededor de una nueva política social que permita ingresos para la juventud discriminada y extensión de la cobertura de la universidad publica gratuita y del Sena.

Hemos pedido que Duque, que aún no se da cuenta que debe cuidarse de Uribe, dialogue con ese comité ampliado con las juventudes del paro y no con sus amigos políticos.

Hemos dicho que no hablaremos con Duque hasta que no detenga la masacre.

Hemos pedido que se construyan corredores humanitarios para la comida, los enfermos, y la gasolina.

Hemos pedido paz y tranquilidad. Que las movilizaciones vuelvan a ser enormes y festivas y que el gobierno se fortalezca negociando sin trampas con la movilización unos cambios que son imprescindibles y que la sociedad colombiana necesita para avanzar.

No estamos detrás de las movilizaciones, ni detrás de la barbarie. No estamos con la consigna de derribar a Duque. Duque debe terminar su mandato. Detrás de la violencia no estamos nosotros sino Duque y Uribe, la causa de esas movilizaciones, y eso Duque no lo entiende, es la indignación ante la violencia policial, así que cada acto de barbarie mantiene la movilización. Pero cada acto de barbarie también sirve para generalizar la zozobra y el odio.

La no violencia es el camino para la solución de nuestros conflictos. Las propuestas que hemos hecho son serias y razonables. La juventud popular no debe permitir que sea utilizada como carne de cañón para darle la excusa a Uribe del miedo.

La hora de grandes movilizaciones pacíficas, y de los grandes cambios ha llegado y esa hora se llama paz y no violencia.

A los policías y soldados, que en su mayoría han guardado la prudencia les digo que se abracen con su pueblo, que confraternicen, que no se dejen llevar del odio contra su propio pueblo, contra la juventud de la que son parte.

A quienes han matado y desatado la barbarie les digo que serán juzgados.

A todas las madres de Colombia, independientemente de su situación económica, les digo que haremos todo lo posible para que sus hijos, siempre, piensen como piensen, se vistan como se vistan, llegarán tranquilos a sus casas.

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