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Semana sangrienta

Felipe Tascón Recio / @felipetascon57 / Cali, 8 de mayo de 2021

Recorrer las calles de Cali, Palmira o Buga durante el paro nacional, es encontrar manifestaciones y barricadas a lo largo y ancho del Valle del Cauca, la guerra que el gobierno trae a la Colombia urbana nos brinda cátedra de tácticas, en la orilla del poder emergente popular con el arrojo de su juventud, sus ollas comunitarias y solidaridades, y en la del poder constituido aristocrático-mafioso el uso de paracos, militares y policiales cuál servicio doméstico. Aquí cualquiera ve sin filtros la “lucha de clases”, esa vaina que se “inventaron” hace 173 años un par de alemanes tomando tinto en un café de Bruselas.

Si bien en Cali y el Valle la movilización ha sido más grande y la violencia oficial mayor, no se puede caer en chauvinismo y pretender que solo acá se pelea. Sin embargo, bien vale tomar ejemplos de la región con los mayores indicadores de protesta y represión, para construir el análisis. A continuación, el ala económica y el ala de fuego de esta guerra.

Desde el lunes 3 de mayo, el comité del paro y las 1ª líneas de las barricadas, en todo el Valle, acordaron corredores humanitarios para medicamentos, alimentos, gasolina y camiones de basura. Sin embargo, inicialmente lo único que entró a Cali fueron furgones con oxígeno hospitalario y sólo el miércoles 5 entró por Juanchito comida para las galerías de la ciudad. Entonces ha sido el ejército, el gobierno, quien está impidiendo o dosificando la entrada de gasolina y la recogida de la basura. Para ubicar geográficamente al lector, a 12 kilómetros de la entrada norte Sameco, se almacena la gasolina para todo el sur occidente del país. Buscan así tensar las condiciones de vida de la población para ponerla en contra de los manifestantes, mientras la basura se acumula en todas las esquinas, la tarde noche del miércoles 5 se presentaron aglomeraciones de motociclistas en las estaciones de gasolina, que abrían los depósitos subterráneos y literalmente “chupaban” lo poco que les queda para tanquear sus vehículos, subrayando el peligro de explosión cuando se vacían los depósitos. Si bien esto es ilegal y peligroso, en la estación de la calle 5ª con 44, vi cómo una patrulla de policía supervisaba la operación.

En este ejemplo de guerra económica la confrontación táctica se da dentro de la ciudad de Cali y en sus ocho entradas intermunicipales. Es claro que mientras las fuerzas populares saben que no se pueden bloquear ellas mismas de los elementos básicos de sobrevivencia, la contra táctica del poder constituido es la de la del cerco por hambre, dejar sin los elementos básicos de sobrevivencia la ciudad buscando un levantamiento de la población contra el paro, los marchantes y las barricadas. Solo el viernes 7 cuando ya toda la ciudad sabía por las redes de los corredores humanitarios decretados por la marcha popular, el gobierno dejó entrar unos pocos carrotanques de gasolina y camiones de basura para llevar esta hasta el botadero en Yotoco.  

Desde el inicio de la protesta hubo asesinatos con balas oficiales, por ejemplo, en el Paso del Comercio donde un francotirador disparó a la cabeza del manifestante más alto Nicolas Guerrero. Sin embargo, el lunes 3 de mayo marca un salto de la escala represiva, del asesinato de civiles, de la acción de “simbronear” (sic) verbo anunciado por el general Zapateiro en su charla con el ministro Molano (que conocemos gracias al hackeo de Anonymous). Empezó en la madrugada en la vía de Palmira al aeropuerto internacional, en esta ciudad las manifestaciones siempre fueron pacíficas, de hecho, durante el paro del 2019 se consiguió que los marchantes fueran invitados permanentes al puesto de mando unificado, donde se controla la seguridad del municipio. Un provocador que empezó a gritar que había que quemar el peaje y acto seguido una molotov cumplió ese cometido. La barra del América que hacía las veces de 1ª línea empezó a ser ametrallada desde la oscuridad y jóvenes heridos se metían a ciegas a los cañaduzales aledaños. Luego de semejante “limpia” el Escuadrón Móvil AntiDisturbios copaba el lugar sin resistencia.

Esa tarde, la policía se autosimbroneo cuando les estalló una granada en su polvorín clandestino del hotel La Luna. Jose Alberto Tejada el micro-empresario director del canal 2, devino corresponsal de guerra, reseñando la batalla de fusiles del bando oficial y mafioso, contra las piedras del bando popular. El relevo de este cubrimiento, mas tarde, lo recibieron el fotógrafo Jahfrann y el mismísimo filósofo Rene Perez, quien desde el Caribe amplifica al mundo la denuncia. Ironía de la globalidad, todo esto ocurrió en el puente de la autopista Barberena sobre la Calle 13 de Cali. Horas después a dos kilómetros de ahí, al sur de Siloé, la policía arrasaba a tiro de fusil una velatón pacifica, desde el aire un helicóptero iluminaba los blancos. Esta desigual guerra urbana buscaba la reacción armada de milicias y bandas que suponen existen en la parte alta del barrio, pero esto no ocurrió y todos los asesinados fueron del lado popular y con munición de dotación oficial.

En la noche del martes 4 la guerra se trasladó al norte de Siloé, incursión desde lo plano por el sector La Nave y desembarco de tropas en la parte alta sector San Francisco. La meta gubernamental era la misma, buscar que le salieran unos armados que siguen sin aparecer. Todo esto para justificar los rumores citados de milicias en el barrio y la guerra psicológica de grabaciones de los organismos de inteligencia oficial, que afirmaba que con la guardia indígena habían entrado a la ciudad el ELN, la FARC, Terminator y el Hombre Araña. Para desdicha del relato oficial, ningún armado salió a enfrentar las heroicas fuerzas de la dictadura.

La guerra el 5 empezó temprano, fue madrugada sangrienta en Buga, metralla y gases por tierra y por aire en los barrios Aures y Paloblanco, donde la protesta popular y camionera tenía cortado el comercio exterior del país. La ubicación estratégica de la ciudad, donde la carretera al puerto de Buenaventura se conecta con la red vial de dobles calzadas, la convierte en la joya de la corona del paro, por eso ahí el establecimiento abandonó cualquier escrúpulo y no le importo ametrallar un área urbana, desde donde infinidad de celulares grababan la dimensión de la demencia de este sicariato desde el gobierno.

En Cali la tarde del jueves 6, la juventud en 1ª línea de la barricada de la salida al mar se topó con un furgón de placas privadas, pero de propiedad policial, que cargaba civiles armados que al verse descubiertos empezaron a disparar. Vale reseñar que, gracias a la presencia cercana del ejército, estos sicarios no pudieron realizar una masacre. Después de publicar un trino con videos de este Caballo de Troya, recibí muchos otros, entre ellos uno que muestra que el furgón como si fuera el bus de un colegio privado, estaba recogiendo a los “alumnos” infiltrados en la marcha, era hora de cambio de turno y el chofer por estupidez o por desconocimiento de la ciudad, se metió en la boca del lobo.

El viernes 7, la población en Cali se auto convocó a conciertos en La Luna y la Loma de la Cruz, y cuando apenas empezaba a nutrirse la concentración empezó el sicariato. Ahora desde una camioneta blanca -que igual quedó grabada- se disparó indiscriminadamente contra la multitud. Vale señalar que esta modalidad de disparar desde lo que en Colombia conocemos como narcotoyotas, fue la misma del atentado contra Lucas Villa en Pereira.

En el plano de la propaganda el gobierno y los medios masivos se habían demorado en buscarle culpables externos a la protesta, para ellos el hambre no existe y por ende nunca será una causa posible. Los conocemos, son demasiado previsibles, esta semana también han echado mano a los sospechosos de siempre: Petro y Maduro. En su mentalidad mafiosa sólo es viable la protesta financiada. En sus limitados cerebros no existe otra manera posible, es gente que no conoce el hambre, tampoco la capacidad de resistencia y menos la solidaridad popular, no entienden que “el que se mete con mi barrio me cae mal”.

Para las fuerzas populares es momento de análisis, el desarrollo de la consigna “A parar para avanzar, viva el paro nacional” debe ser para ordenar lo avanzado. El gobierno ha jugado frenando la reforma tributaria, enrocando ministros, pero intentando que pasen intactas las reformas de pensiones y salud, ambas del más aberrante neoliberalismo. La suciedad ética de cobrarle impuestos a las pensiones de la población mayor creo que no tiene antecedentes en ninguna otra latitud. Mientras la involución de la perversa ley 100, entregando el sistema sanitario a aseguradoras transnacionales, es salvavidas para las Empresas Prestadoras de Salud quebradas (por ejemplo, Coomeva acumula en su Certificado de existencia y representación legal 40 páginas de embargos), es el ahorcamiento de población cada vez más alejada de una sanidad de calidad y universal. El paro sigue vivo, porque “la oscuridad no absuelve al verbo mentiroso”.

Hay que entender que la consigna del gobierno es “A ‘simbronear’ para arrasar, muera el paro nacional”, ante esto hablando en colombiano no es hora de dar papaya. El paro debe trascender la lucha desigual de la piedra contra los fusiles, hacia manifestaciones multitudinarias y sistemáticas donde sin dejar de exigir seamos nosotros los que controlemos la cancha, el régimen no tiene suficientes paramilitares para enfrentar marchas de centenares de miles o millones de personas.

Más allá del dolor por nuestros muertos, más allá del orgullo que nos generan la entrega de la juventud en la lucha y la depuración lograda en las tácticas de resistencia de las 1ª líneas y la solidaridad de la retaguardia, más allá de la rigurosidad de los sindicatos y organizaciones sociales en los pliegos, esta es hora de estrategia, de una que se construye sabiendo que en guerra Uribe mantiene el poder, mientras en paz es el pueblo quien gana.

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