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Ocho apellidos ucranianos

PorEloy Fontan

Jul 2, 2023

Oriunda de Dnepropetrovsk, la mejor francotiradora del Ejército Rojo. Liudmila Pavlichenko, decía que era rusa, que su apellido ucraniano era el de casada. No me pidáis que distinga un apellido ruso de uno ucraniano, es como pedirle a un albanés que distinga uno aragonés de uno riojano. El caso es que no son pocos los rusos famosos nacidos en Ucrania: Trotsky, de Jerson; Kliment Voroshilov, de Lugansk; Leonid Brezhnev, de Dnepropetrovs; Khushchev, de Jarkov, bueno, este era ucraniano, y los que vienen a continuación, rusos o ucranianos, son ciudadanos ucranianos muy ricos y se articulan en torno a tres clanes: el del Donbas, sureste del país; el de Dnepropetrovsk, centro y el de Galichina, noroeste. 

Empecemos por Akhmetov, dueño de una fortuna de 16.000 millones de dólares amasada en el metal. El clan del Donbas, surgido del ministerio del carbón soviético, destacaba en Ucrania por su proyección social: subidas salariales, pensiones y construcción de infraestructuras… Todo eso se acabó con Akhmetov. Llegó, se dice, liquidando a su mentor, Akhat Bragin o Alí el griego, que no era ucraniano ni griego, sino tártaro. En 1995, una bomba en el palco de del estadio de futbol en Donetsk acabó con su vida, salió por RTVE 1, y después de esto, Akhmetov se hizo presidente del equipo Shakhter Donetsk y cabeza visible del clan. 

También se dice que la voluntad de Akhmetov impidió a los prorrusos tomar Mariupol en 2014, ciudad y puerto clave para sus negocios. Incluso que Akhmetov quería hacer una guerra de mentirijillas para luego entregas Donbas a Kiev a cambio de conservar sus activos en la Ucrania Post-Maidan. Pero un tal Igor Strelkov tomó Slovianks y Kramatorsk y no para hacer una guerra de mentirijillas, sino para defender Donbas del ejército ucraniano.

Otro señor importante es Igor Kolomoisky, jefe del grupo Privat y presidente de varios clubes de fútbol, con intereses en la banca, medios de comunicación, gas… Si la estupidez de Akhmetov incentivó la guerra, la maldad de Kolomoisky y la provocó. Con una fortuna de 3.000 millones de dólares, organizó varios de los grupos paramilitares más conocidos por sus maldades en la guerra, como el batallón Dnipro y financió otros como Aidar o Azov, después incluidos en el ejército ucraniano y en la lista de organizaciones terroristas de EE.UU. y retirados cuando Biden ganó las elecciones.

Kolomoisky manda Dnepropttrosvsk fue gobernador y aquí hacemos un inciso para saber cómo es Ucrania:

Si Uds. Ponían en google Dnepropetrovsk, automáticamente el buscador le dirigía a un artículo de Wikipedia llamado “maniacos de Dneprospetrovsk”, la historia de un par de chavales que en 2007 mataron a 21 personas y lo grabaron en vídeo. Cuando llevaban una docena de asesinos, atacaron a dos chicos de 14 años, uno de ellos consiguió escapar y denunció el asesinato de su amigo a la policía. La policía, no les creyó y le dio de ostias (lo golpeo) hasta que confesó ser el asesino de su amigo y de la docena de victimas precedente. Algo normal en las comisarías ucranianas. Solo cuando los asesinatos continuaron, gracias a la colaboración de este acusado, la policía pudo detener a los verdaderos asesinos. Al “señor rico de internet” que les encargó los 40 vídeos snaff, ni lo nombra en el juicio. Así es Ucrania.

En 2002, un grupo de comunistas de Odesa logró poner una bomba en el edificio del KGB en Kiev, para denunciar que Ucrania se dirigía al fascismo; un petardo que ocasionó daños materiales, pero una afrenta al Ministerio del Interior. El “caso de los konsomoltsev (jóvenes comunistas)” se cerró con un montón de condenados y un muerto en dependencias policiales. Solo en 2002-2003, la vigilante de los derechos humanos en el parlamento ucraniano, Nina Karpachaeva contó 189 muertos en dependencias policiales y 5.082 hospitalizados. Eso es Ucrania.    

Por eso, en el Dnepropetrovsk de Kolomisky, las fuerzas de seguridad del grupo Privat redujeron rápidamente las protestas anti-Maidan y sus víctimas enterradas en los bosques adyacentes, no salieron por la tele, como en Jarkoy u Odesa, donde a pesar de que la masacre de 2 de mayo de 2014 fue mundialmente televisada, no hay ningún condenado por ella.

Ser alto representante de la comunidad judía no le impide a Kolomoisky financiar al partido de Tiahnibok, el imitador de Hitler en el arco electoral ucraniano. También es el mecenas del payaso Zelensky. De hecho, en su primer viaje a EE. UU., Zelensky solicitó el sobreseimiento de las causas pendientes de Kolomoisky en ese país.

Los expresidentes Victor Yushechenko y Petro Poroshenko son representantes del clan Galichina, el oeste católico de Ucrania obsesionado con un país étnicamente puro, esto es, sin rusos. Ya después de la II Guerra Mundial, el Vaticano intercedió para los miembros del Ejército Insurgente Ucraniano, colaboracionistas del Tercer Reich, no fueran entregados a las autoridades soviéticas. Después y hasta 1949, la CIA los soltaba en paracaídas para atacar objetivos blandos en territorio soviético y en 2010, como cagada final a su presidencia, Yushchenko reabilitó a su lider, Stepan Bandera. Hoy, el estadio de futbol del Ternópol lleva el nombre de Roma Shukhevich, responsable en esa ciudad del exterminio de los 45.000 judios que vivían allí hasta 1941. Si Akhmetov puso la estupidez y Kolomoisky la maldad, estos cocinaron el odio. Pero no por razones étnicas, solo negocios: la marca de lamines Roshen de Poroshenko, padrino de los hijos de Yushchenko, se vende en España desde 2014. Ese odio se manifiesta en el bombardeo de Donetsk y Lugansk el día que se abrieron las escuelas en 2014 o más recientemente, el bombardeo de la estación de tren de Kramators repleta de civiles con bombas de racimo o la demolición del teatro de Mariúpol con refugiados dentro, ambos actos atribuidos al ejército ruso en el paisaje mediático occidental.

Después de la estupidez, la maldad y el odio, vienen el engaño. Esto lo pusieron el MI6 y la CIA. Ekaterina Yushchenko, la mujer del expresidente, desde 1986 ha ocupado cargos en la administración estadounidense: en la Secretaría de Estado, la Casa Blanca, el ministerio de finanzas y el Congreso. En vísperas de la guerra, la CIA contaba con una planta para ellos solos en el edificio de los Servicios de inteligencia ucranianos, los cuales se han convertido en un apéndice de la CIA. La OTAN imparte cursos en las principales universidades ucranianas y reparte los diplomas imprescindibles para hacer carrera en el país. 

Ucrania se convirtió en la «arena de los servicios de inteligencia» ya en los 90. Uno de los primeros en desembarcar fue el MI6, con Robert Shetler Jones, quien abrió la puerta a las inversiones de los Rothschild en Ucrania. El oligarca Dimitry Firtash, con intereses en petroquímica y gas, es la persona de los Rothshild en Ucrania, uno de los iniciadores de la «guerra del gas» con Rusia y padrino del presidente defenestrado Viktor Yanukovich. Prorruso, sí, recogía el voto prorruso, pero también entregó concesiones a la Chevron de Rokefeller y negoció el acuerdo de cooperación con la Unión Europea. Mediante este acuerdo, la UE pretendía hacer de Ucrania su fábrica barata, al modo que ha hecho EE. UU con China. Un tratado «colonial» en boca de un negociador europeo. La firma de ese tratado incluía un ajuste estructural que Yanukovich se negó a aceptar, porque sabía que eso llevaría a las protestas del Maidan. La postergación de la firma del tratado también llevó al Maidan. El hecho es que desde el 2010, en el que Yanukovich desalojó de la presidencia a Yushchenko, la CIA entendió que no podía controlar Ucrania mediante procesos electorales y preparó un golpe de estado. Por eso las protestas del Maidan eran inevitables, tanto si se firmaba el acuerdo con la UE y se aplicaba el plan de ajuste como si no se firmaba.

Yanukovich hizo poco por impedirlo. Protooligarca corto de miras, se dedicó a mantener un mínimo orden social para poder seguir haciendo negocios. Centrado en las aduanas y la agroindustria, su nicho no eran los grandes conglomerados ya repartidos, sino la mediana empresa. Por eso no es de extrañar que mucha gente apoyara las protestas del Maidan.

Otro superrico bien relacionado con Occidente es Viktor Pinchuk, el cuñado del expresidente Leonid Kuchma, patrocinador del primer ministro Arseni Yatseniuk, primer ministro después del golpe de estado de 2014.

 Acabamos, para complicar la cosa, con una retalia de poco conocidos traficantes de armas y drogas: Sergey Maksimov, la familia Dercach, Viktor Ragunovich y Vadim Rabinovich, condenado en 1980 por robo de propiedad estatal, ciudadano de israel y mecenas del partido LGTBI Ráduga (arco iris) y del grupo Femen.

A estas personas les gusta coleccionar equipos de futbol y pasaportes extranjeros, pero lo que verdaderamente los une es la capacidad de enviar capitales fuera del país, concretamente a los almacenes de los banqueros occidentales, por eso son una pieza clave del modelo de saqueo. Cojamos el ejemplo de Serguey Kurchenko, un joven oligarca de Jarkov que huyó a Rusia con Yanukovich y 17 más después del golpe de estado de 2014. No podríamos decir que es prorruso, porque sus activos en Crimea fueron decomisados; no podríamos decir que es prooccidental, porque está desde el día 1 en la lista de sancionados por el colectivo occidental; no podríamos decir que es independentista, porque se le atribuye el asesinato en Lugansk del asesor presidencial Dmitry Kargaev y la apropiación de la compañía de exportación de carbón en Donetsk y no es antiucraniano, porque logró colocar una buena suma de dinero lavado a un banco austriaco y evitó que la consecuente investigación llegara a buen puerto gracias al silencio administrativo de Kiev. Son, simplemente, oligarcas, como Abramovich, con su pasaporte de Israel, con su equipo de fútbol en Manchester, su casa e LondresGrad y su faena en el sistema de división del trabajo mundial: transferir riquezas de las colonias a las metrópolis. Cuando dejan de hacerlo, cuando dejan de ser útiles a las metrópolis, son defenestrados y expropiados.

Rusia torpemente financió el partido Regiones de Yanukovich, apoyó en 2007 el ascenso de la ultranacionalista ucraniana Yulia Timoshenko en 2007 (después encarcelada bajo la presidencia de Yanukovich) y en 2022 intercambió por 50 prisioneros del batallón Azov a Viktor Medvedchuk, presidente del partido “por la vida”, que recogió el testigo “prorruso” en Ucrania tras la deposición de Yanukovich. A este último lo entrevista Oliver Stone en su documental “Revealing Ukraine” de 2019, donde se asegura que la guerra va a empezar y empiece como empiece, se le echarán las culpas a Rusia.

Digo torpemente porque Rusia no ha hecho nada para contrarrestar la penetración ideológica de Occidente marcada por la rusofobia en Ucrania, muy bien resumudo en el documental de Oliver Stone “Ukraina on fire” de 2016. Solo el oligarca George Soros cuenta con la Universidad Centroeuropea para la Democracia y todos sus apéndices. Por eso, en 2013 se gritaba en el Maidan “moscovita el que no salte” en lugar de “abajo la oligarquía”.

Me acaban de publicar la novela “Gen 2036, distopia en Piracés”

Eloy

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