Vladímir Putin muestra disposición a «flexibilizar» su postura en la búsqueda de la paz, a condición de erradicar las causas fundamentales del conflicto, garantizando la desnazificación y la protección de la población ucraniana, mientras Kiev y la Unión Europea siguen promoviendo la guerra a pesar de un plan de paz filtrado.
¿Cómo va el plan de paz entre EE.UU., Ucrania y Rusia?
Después de que Estados Unidos iniciara la guerra contra Rusia utilizando el territorio de Ucrania para violentar la soberanía de Rusia, como todo un gran manipulador presentó un “Plan de Paz” para detener el avance de la Operación Especial Militar rusa lanzada el pasado 22 de febrero de 2022.
La reciente declaración del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre su disposición a «flexibilizar» su postura para acometer el plan de paz propuesto por Donald Trump, marca un punto de inflexión estratégico y deja ver los rostros de quienes están promoviendo una agenda bélica basada en la «ilusión» de infligir una derrota estratégica a Rusia. El análisis de esta coyuntura exige desglosar la propuesta filtrada, los objetivos rusos inmutables y la realidad del control territorial.
La apertura estratégica de Putin: Flexibilidad frente al Espejismo de la Derrota
El liderazgo ruso, ha recibido a través de canales directos con la Administración estadounidense el borrador de un plan de paz actualizado, presuntamente impulsado por la órbita de Donald Trump. La respuesta de Vladímir Putin fue inequívoca, confirmando que Rusia está lista para «mostrar la flexibilidad» que se le había solicitado en las discusiones preliminares, sugiriendo que el documento de 28 puntos «podría sentar las bases para un acuerdo de paz definitivo.»
No obstante, esta disposición vino acompañada de una crítica aguda dirigida a la contraparte. El presidente ruso indicó que el plan no ha sido discutido «sustancialmente» con Moscú, y que la razón radica en el rechazo de la iniciativa por parte de Ucrania. Putin sostuvo que Kiev y sus aliados europeos continúan «viviendo en una ilusión» al creer que pueden infligir una derrota militar estratégica a la Federación Rusa en el campo de batalla. Esta interpretación, sitúa el freno de las negociaciones no en Moscú, sino en la negativa de Ucrania a afrontar la realidad militar.
El mandatario lanzó una advertencia clara: si Kiev se niega a discutir la propuesta de paz, los éxitos militares rusos en el frente, como la «liberación» de la ciudad clave de Kupiansk, se repetirán «inevitablemente en otras zonas clave». En esencia, la estrategia rusa es: si la diplomacia se estanca por el boicot ucraniano/europeo, el avance militar continuará hasta lograr los objetivos por medios armados, tal como se plantea.
El Plan de Paz «Filtrado»: Amnistía y neutralidad como puntos claves
El plan de paz en cuestión, que fue presuntamente filtrado por un diputado ucraniano (Alexéi Goncharenko*), revela puntos de alta complejidad y profundo calado político que apuntan a una reconfiguración de la seguridad euroasiática. La existencia de un documento de 28 puntos —cuyos detalles han circulado ampliamente— subraya la seriedad de la iniciativa, independientemente de su origen o aceptación final.
Los puntos centrales de la propuesta, según los canales de prensa consultados, orbitan en torno a las siguientes concesiones mutuas:
- Neutralidad y OTAN: La cláusula más importante para Rusia es la no entrada de Ucrania en la OTAN, garantizando de facto el estatus neutral del país, eliminando una amenaza de seguridad percibida por Moscú desde hace décadas.
- Sanciones: Se propone el levantamiento gradual de las sanciones impuestas a Rusia por Occidente.
- Transición Política: La celebración de elecciones presidenciales en Ucrania 100 días después de la entrada en vigor del documento.
- Cuestiones Territoriales y Reducción Militar: El plan aborda la resolución de cuestiones territoriales (implícitamente el reconocimiento de nuevas realidades) y la reducción del número del Ejército ucraniano.
Un aspecto especialmente polémico y revelado por Kiril Dmítriev, enviado especial de la Presidencia rusa, es un cambio de última hora en el texto. Una cláusula original que exigía una auditoría de toda la ayuda internacional recibida por Kiev —dirigida a investigar el megaescándalo de sobornos y corrupción— fue sustituida por la concesión de una «amnistía total por sus acciones» a todas las partes.
Dmítriev, en su análisis, vinculó esta maniobra a los intereses del llamado «Estado profundo» y del complejo militar-industrial occidental. Según él, el objetivo de estos actores es prolongar el conflicto, lucrando con el dinero de la ayuda (estimando la corrupción en hasta 108.000 millones de dólares) y saboteando cualquier iniciativa de paz que ponga fin al lucrativo flujo de armas y asistencia. El cambio de la auditoría por la amnistía es visto por Moscú como una prueba de que las élites de la guerra temen la exposición de la corrupción masiva.
La Propuesta Inmutable de Rusia: Desmilitarización, Desnazificación y Neutralidad
A pesar de la posible «flexibilidad» en un plan externo como el de Trump, la propuesta fundamental de Rusia para poner fin a la Operación Militar Especial (OME) en Ucrania, reportada, permanece inalterada desde el inicio del conflicto. Los objetivos de la OME no han cambiado, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, y otros altos funcionarios rusos.
La finalización de la OME pasa por la consecución de tres objetivos estratégicos no negociables:
- Desmilitarización: Implica la degradación de la infraestructura militar ucraniana a un nivel que no represente una amenaza para la Federación Rusa. Más allá del cese de hostilidades, se busca la destrucción de arsenales y la garantía de que Ucrania no pueda ser utilizada como plataforma militar de la OTAN.
- Desnazificación: Para Moscú, esto significa la erradicación de las ideologías nacionalistas radicales y la influencia de grupos que, según la narrativa rusa, perpetran un «genocidio» contra la población de habla rusa en el Donbás.
- Neutralidad y Seguridad: El objetivo más amplio es garantizar la seguridad de la Federación Rusa frente a los intentos de «destruir el estatus neutral de Ucrania» y su absorción en la OTAN. Adicionalmente, se incluye la protección de las personas que viven en las regiones que ya se han integrado o se están integrando a la Federación Rusa.
En esencia, la propuesta rusa para la paz pasa por un reconocimiento de facto y de jure de las nuevas realidades territoriales y una garantía de no alineamiento militar por parte de Ucrania, objetivos que se buscan asegurar tanto por la vía militar (mientras las negociaciones se estancan) como por la vía diplomática (en caso de que Kiev se muestre dispuesta a negociar bajo estas premisas).
Regiones liberadas e integradas a Rusia
El avance militar ha culminado con la «liberación» e incorporación de vastos territorios a la Federación Rusa, cambiando el mapa geopolítico de la región. Rusia ha completado la anexión de cinco entidades ucranianas a su territorio, tras referendos organizados por las autoridades locales con identidad ideológica rusa, un acto que Kiev y la mayoría de la comunidad internacional no reconocen.
Las regiones que Rusia «ha liberado o tiene en su poder» son:
- República de Crimea y la Ciudad Federal de Sebastopol (Anexión 2014): Estos dos sujetos federales son considerados territorio ruso inalienable desde el referéndum de 2014. Sebastopol es un puerto estratégico clave para la Flota del Mar Negro.
- República Popular de Lugansk (RPL): Rusia reclama la totalidad de esta región (óblast) y ha logrado un control significativo sobre su territorio.
- República Popular de Donetsk (RPD): Si bien Rusia se anexó toda la región, los combates continúan en el frente, y el control es parcial. Ciudades importantes como Mariúpol y Bajmut han sido objeto de intensas y prolongadas operaciones militares.
- Óblast de Zaporiyia: Rusia controla una parte significativa de la región, que incluye la Central Nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa. El control de esta planta es de alta importancia estratégica.
- Óblast de Jersón: Al igual que Zaporiyia, Rusia controla una porción del óblast, particularmente en la margen izquierda del río Dniéper. Aunque la ciudad capital de Jersón fue recuperada por Ucrania, el control parcial del óblast es vital para la conexión terrestre con Crimea.
En total, los reportes de las agencias rusas y los análisis satelitales confirman que Rusia mantiene un control efectivo sobre aproximadamente el 18% del territorio ucraniano reconocido internacionalmente (incluyendo Crimea). La continuidad de las operaciones militares en el Donbás y el sur apunta a consolidar el control sobre las regiones anexadas y a lograr los objetivos de desmilitarización.
Ciudades Clave bajo control ruso o consideradas «liberadas»:
- Donetsk y Lugansk (ciudades capitales de las RPD y RPL).
- Mariúpol (puerto estratégico en Donetsk).
- Melitópol y Berdiansk (en la región de Zaporiyia, clave para el acceso al Mar de Azov).
- Simferópol y Kerch (en Crimea).
La geopolítica del conflicto actual está definida por este control territorial. Mientras Rusia consolida y busca asegurar estas nuevas fronteras, Kyiv y Occidente siguen promoviendo la recuperación total de los territorios, una postura que, según Putin, solo prolongará el conflicto. La flexibilidad de Moscú ante el plan de Trump es un movimiento táctico para culpar a Occidente y a Kiev del estancamiento, manteniendo siempre la puerta abierta a una solución que honre sus objetivos inmutables: la neutralidad ucraniana y el reconocimiento de las nuevas realidades territoriales.





