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Pekín denuncia una «injerencia flagrante» y advierte que la estrategia de Washington para contener al gigante asiático está destinada al fracaso
La República Popular China advirtió que la continua venta de armamento de Estados Unidos a Taiwán incrementa el riesgo de una confrontación militar y constituye una «flagrante injerencia en los asuntos internos» de Pekín, según afirmó el portavoz del Ministerio de Defensa chino, Zhang Xiaogang.
«Al incumplir sus propios compromisos y aumentar la venta de armas a Taiwán, EE. UU. está envalentonando la arrogancia de los partidarios de la ‘independencia de la isla’ y acelerando la deriva hacia el peligroso abismo de la confrontación militar en el estrecho», advirtió el vocero. Estas declaraciones se producen tras la nueva asignación de aproximadamente 1.000 millones de dólares por parte de Washington bajo la «Iniciativa de Cooperación en Seguridad de Taiwán», fondos destinados a la adquisición de equipo bélico.
Zhang destacó que esta política estadounidense «envía una señal gravemente errónea a las fuerzas separatistas y socava la paz y la estabilidad en la región». Asimismo, el portavoz instó a la administración estadounidense a respetar el principio de «una sola China» y a reconocer «la gran sensibilidad de la cuestión de Taiwán», actuando con la máxima cautela.
«La estrategia de ‘utilizar a Taiwán para contener a China’ está condenada al fracaso, mientras que ‘buscar la independencia por medios militares’ es un camino autodestructivo», manifestó Zhang con firmeza.
Contexto histórico y diplomático
Taiwán mantiene una administración propia desde 1949; sin embargo, Pekín la considera una parte irrenunciable de su territorio nacional. Esta postura es respaldada por la mayoría de la comunidad internacional y países como Rusia, que reconocen a la isla como parte integral de la República Popular China.
Ante las declaraciones de corte separatista de los líderes taiwaneses, el Gobierno de Pekín ha sido enfático en remarcar que la región «nunca ha sido un país, ni jamás lo será», reafirmando que Taiwán es una «parte inalienable» de la soberanía china.





