Vie. May 7th, 2021

Camilo Torres: en el camino del humanismo científico y las prácticas sociales

En el periodo entre 1956 y 1963, la vida de Camilo se va a desarrollar vertiginosamente en un universo de acontecimientos nacionales e internacionales, que de una u otra manera lo van a permear. La Guerra Fría, las luchas de liberación nacional y social, así como el desarrollo del populismo, las dictaduras militares y las revoluciones socialistas hacen parte de la complejidad del escenario internacional. En el contexto nacional, el paso de la violencia bipartidista a través de la dictadura militar hacia el Frente Nacional; la irrupción de los movimientos sociales; la eclosión de grupos políticos de izquierda; el nacimiento de las guerrillas y la lucha armada revolucionaria configuran el nuevo escenario de los conflictos locales en los que Camilo ejercerá los roles de sacerdote, sociólogo, profesor universitario, investigador social y funcionario público. Es una época en que maduran, se desarrollan y transforman sus ideas de manera sustancial.


Seguramente, la experiencia académica de Lovaina, unida al desarrollo de las actividades sociales y pastorales, en una Europa que se transforma rápidamente, van llenando de nuevos fundamentos el pensamiento de Camilo, inclinando sus posturas sobre soportes cada vez más técnicos y científicos. Su aproximación al mundo universitario y a su complejidad en el marco de sus relaciones con lo humano comienza a ser parte de las preocupaciones intelectuales y religiosas del sacerdote. En estos años Camilo vive en el dualismo entre el servicio a Dios y el servicio al hombre, buscando hacer coincidir uno y otro como complementarios en el marco de una única misión transcendente.

Para Camilo, la institución universitaria ha jugado un papel fundamental en la formación de los dirigentes del país. Sin embargo, percibe que las universidades de los países subdesarrollados están cargadas de carencias y aún no logran responder de manera suficiente a los retos que la sociedad y su tiempo les coloca frente al futuro. Camilo afirma que la Universidad ha tenido siempre el papel de formar los dirigentes de un país, tanto desde el punto de vista científico como desde el punto de vista ético. Desde el punto de vista científico, dotando a los futuros profesionales de aquellos conocimientos indispensables para investigar y resolver los problemas específicos de su país, de su sociedad. Desde el punto de vista ético, enseñándoles a emplear esa ciencia sin menoscabo de los derechos de Dios y de los demás y, dirigiendo sus inquietudes científicas más hacia el servicio de Dios y del prójimo, que al servicio de sí mismo.

Camilo comienza a darle un contenido superior a los conceptos que la Iglesia ha cargado de responsabilidad moral, para ubicarlos en un nuevo contexto de significación en el que el contenido se reviste de naturaleza social y de compromiso en la construcción del bien común.


Camilo señala que la doble formación científica y ética está hondamente arraigada, no solamente en los principios de la revelación, sino también en los de la simple razón natural. Por la revelación sabemos que el máximo mandamiento es el de la caridad de Dios y del prójimo. Ahora bien, la caridad es servicio, y el medio más apropiado para servir es la ciencia. La razón natural nos dice que la ciencia tiene que tener como fin al hombre, concebido en toda su realidad. La ciencia no se puede concebir sino como servicio del hombre y de Dios, a través del hombre.


En relación con la búsqueda del bien común, Camilo establece la importancia que tiene la ciencia y la técnica en su logro, afirmando que no es sincero ni efectivo, si no se tratan de buscar los medios más aptos y, que este, no puede concebirse sin la ciencia y la técnica. Por ello, le da especial relevancia a la formación profesional y al papel de la institución universitaria en la solución de los problemas y necesidades de su tiempo. Camilo advierte que la formación ética siempre ha debido ser social y, por lo tanto —aunque no sea sino por esta razón—, ha debido ser social siempre la formación científica, ya que no puede haber formación moral sin formación especulativa. Además, la enseñanza científica de las universidades se ha orientado, a través de los años, de acuerdo con las necesidades y las inquietudes de cada época. Esta es la única manera de crear dirigentes que respondan a la vocación histórica que les toca realizar en cada época.


Para Camilo los problemas sociales son los que reclaman más insistentemente una solución y los que más inquietan al hombre moderno; la política, nacional e internacional, se orienta hoy en día de acuerdo con ellos. Las diversas ciencias, medicina, ingeniería, arquitectura, sicología, economía…, insisten cada día más en sus incidencias sociales.

Si bien así debería ser, con el paso de los años, el interés de las instituciones educativas y los centros de investigación se desplazó de la solución de los problemas sociales hacia las lógicas del mercado y la acumulación capitalista.

A finales de la década de los años cincuenta y a comienzos de los años sesenta, Camilo considera que el mundo se despierta de un largo letargo individualista, para especializarse en la sociedad. Es en ese contexto que va a construir sus reflexiones en materia de educación y ciencia. Para él era imposible que la Universidad, que es la que forma a los dirigentes de los diversos países, no los capacite para solucionar adecuadamente los grandes problemas contemporáneos. La Universidad traicionaría su misión si formara profesionales sin interés por el hombre, por la sociedad y por Dios. Este interés no se logra hoy en día sin mostrar las causas profundas de los problemas humanos actuales y las necesidades sociales que reclaman pronta solución.

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