• mayo 26, 2022 9:15 pm

Con la intención de dar a conocer los esfuerzos realizados por personajes nacionales e internacionales a favor de la paz de Colombia, y de contar la historia a través de diferentes textos, AlCarajoOrg publicará libros y textos que aproximan de forma verídica la lucha de la sociedad colombiana por lograr la paz en el país suramericano.

Empezamos este ejercicio con el Sociólogo, maestro, padre y revolucionario Camilo Torres, libro de la Universidad Nacional de Colombia, que será publicado en su totalidad en diferentes artículos, que recoge la esencia de sus planteamientos en sus aportes más importantes a la percepción de temas que aún siguen siendo vigentes por el alcance de los objetivos que estos se fijan en el orden espiritual, social, económico y político.

La sonrisa de la esperanza: Cambios estructurales y planeación económica a favor de las mayorías

Camilo concibe que el camino que debe seguir el cristiano, en los países pobres, es el de comprometerse en el cambio de estructuras sociales para lograr una planificación técnica a favor de las mayorías. Sin embargo, sabe que una de las mayores reticencias para adoptar esta actitud le vendría al cristiano de los marxistas, en caso de que la acción para generar esos cambios estructurales a favor de las mayorías fuera encabezada por ellos.

En tal caso, señala Camilo, el cristiano tendría tres alternativas: el rechazo de esa acción, la abstención y la colaboración. El rechazo o la abstención ante una acción que en sí sería benéfica para la mayoría, debe ser motivo de reflexión para un cristiano. Para decidirse a ello se necesitaría demostrar que los medios empleados son intrínsecamente malos o que hay fines inevitables, que también lo son.

Camilo piensa que el Estado puede ser un regulador de los procesos económicos y puede ayudar a generar una distribución más equitativa de la riqueza en el marco de una concepción más democrática de la economía. Considera que en lo que se refiere a la planificación económica, el fin principalmente buscado, es el de controlar las ganancias y las inversiones. El medio sería la intervención del Estado, tanto cuanto fuera necesaria en los medios de producción. Es posible que esa intervención llegue hasta la nacionalización de algunos o todos los medios de producción. Este fin y este medio no son intrínsecamente malos. Más aún, si emplear este medio y buscar este fin, es la forma como se logra mejor el bien común en una sociedad y en una época histórica determinadas, se vuelve moralmente obligatoria la colaboración para realizarlos.

No se trata, sin embargo, solamente de intervenir en la economía para garantizar el bien común, también hay propósitos políticos. En ellos Camilo señala que la colaboración con éstos implica un problema de moral y un problema de táctica que están íntimamente ligados. Un problema moral, si hay fines malos que pueden ser consecuencia del fin esencial o si se utilizan, de hecho, medios malos. Si es así, el rechazo o la abstención aún no son necesarios hasta no probar qué clase de mal se evita y qué tipo de causalidad tienen los fines malos respecto de los buenos (causalidad eficiente, total, esencial, etc.).

Frente a esta dificultad, Camilo recurre a las posibilidades que ofrece el estar evaluando los procesos sociales y el estar haciendo los ajustes que sean necesarios para que se desarrollen conforme a lo previsto. Piensa que en la realidad histórica de los países subdesarrollados estas circunstancias son difíciles de constatar. La revolución es una empresa tan compleja que sería artificioso encasillarla dentro de un sistema de causalidad y finalidad tan homogéneamente malo. Los medios pueden ser diversos, y en el curso de la acción es fácil introducir modificaciones.

En relación con los medios y fines que se utilizan para hacer las revoluciones, Camilo se mueve entre el peso moral de ellos y el propósito final de los procesos de cambios estructurales; algo así como la relación costo-beneficio, pero no en el campo político, ni económico, sino en el estrictamente moral. Por eso se interroga: en cuanto al problema de táctica, es necesario preguntarse: La colaboración decidida y técnica de los cristianos, en un proceso que en sí es justo, ¿no podría descartar medios y fines malos?

Su postura lo conduce a exigir una evolución del marxismo en sus relaciones con el cristianismo y a abrigar la posibilidad de esa posición en el caso polaco. En el que, como después se evidenciará, el no haber entendido esa relación revirtió el proceso socialista, de mano de la movilización cristiana. Dice Camilo que si se analiza de cerca la problemática marxista creo que se puede contestar afirmativamente. El materialismo dialéctico y el materialismo histórico, aparecen dentro del proceso mental de los marxistas como una especulación tan demasiado útil para la práctica revolucionaria, como para que pueda ser objetiva. Además, el enfoque materialista da, a los marxistas, una tendencia hacia lo positivo. Si se logra la aplicación de los principios económicos y sociales, es probable (y de hecho ha sucedido en casos como el de Polonia) que su insistencia en las especulaciones filosóficas se desvanezca. Es más, los últimos planteamientos de Togliatti2 sobre la táctica antirreligiosa, muestra cómo el marxismo tiene que evolucionar en su teoría, si en la práctica se demuestra, que la religión no es “el opio del pueblo”.

Camilo considera que, de ser posible la alianza entre cristianos y marxistas para avanzar en los cambios estructurales que benefician el interés común, es necesario tener en cuenta ciertas normas para no correr el riesgo de servir como “idiota útil”. Para ello se requiere determinar si tal momento (el de los contactos con no católicos) ha llegado o no, como también establecer las formas y el grado en que hayan de realizarse contactos en orden a conseguir metas positivas ya sea en el campo económico y social, ya también en el campo cultural y político, son puntos que solo puede enseñar la virtud de la prudencia, como reguladora que es de todas las virtudes que rigen la vida moral, tanto individual como social. Pero esto, cuando están en juego los intereses de los católicos, tal decisión corresponde de un modo particular a aquellos que en estos asuntos concretos desempeñan cargos de responsabilidad en la comunidad; siempre que se mantengan, sin embargo, los principios del derecho natural al par que la doctrina social de la Iglesia y las directivas de la autoridad eclesiástica.

Para Camilo es importante que la colaboración entre cristianos y marxistas se establezca en el plano de la acción, en el cual se puede concretar el alcance y las implicaciones doctrinales. Conociendo muy bien tanto los fines y medios más eficaces, de acuerdo con la técnica y las circunstancias como los fines y medios que corresponden a la teoría marxista. Con decisión y sin timideces, ya que la mayor autoridad aceptada por la sociedad que necesita un cambio de estructuras es la del comprometimiento revolucionario que, para el cristiano, debe ser el comprometimiento en la caridad. Esta autoridad permitirá exigir concesiones a los marxistas en el caso de que ellos tengan alguna cuota de poder.

Las reflexiones sobre planeación y cambios estructurales llevan a Camilo a concluir que es necesario buscar el planeamiento económico autoritativo (estatal revolucionario) en los países indigentes, y que esa es una obligación para el cristiano. Este planeamiento es una condición para la eficacia en el auténtico servicio de las mayorías y por lo tanto es una condición de la caridad en estos países.

Camilo tiene claro que es más probable que los marxistas lleven el liderazgo de ese planeamiento económico autoritativo. En este caso, el cristiano deberá colaborar en la medida en que sus principios morales se lo permitan, teniendo en cuenta la obligación de evitar males mayores y de buscar el bien común.

El concepto unitario y de alianzas positivas atraviesa el pensamiento de Camilo. Sin embargo, no deja de asaltarlo el temor a que sean los intereses de grupo los que se coloquen por encima del interés general. En consecuencia concluye: en estas condiciones puede ser que en los países subdesarrollados no se repitan las luchas entre los grupos que pretenden las reformas estructurales en favor de las mayorías. Sin claudicaciones, sin vencedores ni vencidos, los cristianos podrán participar en la construcción de un mundo mejor, cada vez más cercano a su ideal del Amor Universal.

Rosalba Alarcón Peña

Rosalba Alarcón Peña, periodista y Defensora de Derechos Humanos, directora del portal web alcarajo.org y la Corporación Puentes de Paz "voces para la vida". Además, analista y columnista del conflicto armado de su país natal (Colombia) en medios internacionales.

Deja un comentario