La Cancillería rusa lamentó la falta de respuesta de EE. UU. a la propuesta de prórroga voluntaria y advirtió que articulará su estrategia militar según el comportamiento de la Administración Trump.
Este jueves 5 de febrero de 2026 marca el fin definitivo del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III), el último pilar jurídico que limitaba los arsenales nucleares de las dos mayores potencias del mundo. Ante la expiración del pacto, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia emitió un comunicado oficial en el que confirma que ambas naciones han quedado libres de las restricciones de despliegue y monitoreo mutuo.
A pesar de que el presidente Vladímir Putin propuso en septiembre de 2025 mantener los límites máximos de ojivas y proyectiles de forma voluntaria por un año adicional, el Kremlin denunció que no recibió respuesta oficial por parte de los canales bilaterales de Washington. Por su parte, el presidente Donald Trump ha restado importancia a la caducidad del acuerdo, señalando que buscará «un acuerdo mejor».
A continuación, se presenta la postura oficial y el análisis técnico de la situación:
Comunicado íntegro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia
«El 5 de febrero de 2026, concluye definitivamente el ciclo de vida del Tratado ruso-estadounidense de Reducción de Armas Estratégicas, firmado por las partes el 8 de abril de 2010, que entró en vigor el 5 de febrero de 2011 y fue prorrogado por un período de cinco años en febrero de 2021 en virtud de la correspondiente posibilidad única prevista en dicho acuerdo.
En febrero de 2023, la Federación de Rusia suspendió la aplicación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas en el contexto de la insatisfactoria situación en la ejecución de determinados aspectos del tratado, así como debido a acciones absolutamente inaceptables de EE.UU., contrarias a los principios y entendimientos fundamentales del dicho acuerdo, consignados en su preámbulo. La medida en cuestión tuvo un carácter forzado y se convirtió en una reacción inevitable de la parte rusa ante la política extremadamente hostil de la Administración de J. Biden, que conllevó un cambio radical de las circunstancias en el ámbito de la seguridad, así como ante una serie de pasos ilegítimos de Washington en el contexto de disposiciones concretas del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, lo que en su conjunto fue calificado como una violación sustancial incompatible con la ulterior implementación plena del tratado.
Entre los factores negativos clave, cabe señalar las acciones desestabilizadoras de EE.UU. en el ámbito de la defensa antimisiles, contrarias a la interrelación indisoluble entre armas estratégicas ofensivas y defensivas consagrada en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas. Esto contradecía los objetivos del tratado en lo relativo al mantenimiento del equilibrio de fuerzas, que ejercía una presión significativa sobre su viabilidad y generaba fundamentos para que la parte rusa adoptara medidas compensatorias fuera del ámbito de cobertura del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas con el fin de mantener el equilibrio estratégico.
A pesar de los evidentes puntos problemáticos, el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas cumplía, en general, sus funciones principales. La suscripción del tratado y los años de su implementación inicialmente exitosa contribuyeron a desincentivar la carrera de armamentos estratégicos, permitiendo emprender reducciones significativas de las armas estratégicas ofensivas en los arsenales de las partes. Al mismo tiempo, gracias a las restricciones vigentes en el ámbito correspondiente, se garantizaba a largo plazo un nivel suficiente de previsibilidad.
Mientras los pasos destructivos de EE.UU. hicieron contraproducente para la parte rusa el cumplimiento pleno del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas en la etapa final de su existencia, nuestro país era plenamente consciente de que el núcleo del tratado seguía desempeñando su papel positivo en la reducción de los riesgos de un mayor deterioro de la estabilidad estratégica. Precisamente por ello, al mismo tiempo que se suspendió la vigencia de dicho acuerdo, la Federación de Rusia declaró su intención de mantener voluntariamente su compromiso con las restricciones cuantitativas centrales contenidas en el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas respecto a las armas reguladas hasta la conclusión del ciclo de vida del tratado en febrero de 2026. Este ejemplo, en aquel momento, fue seguido también por la parte estadounidense, que anunció su disposición a actuar de manera similar.
Impulsado por el afán de prolongar en la actual etapa turbulenta el efecto positivo de tales medidas recíprocas para mantener el equilibrio y la certidumbre en el ámbito de las armas estratégicas ofensivas, nuestro país dio un paso constructivo adicional. El 22 de septiembre de 2025, el presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, presentó públicamente la iniciativa para que las partes del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas asumieran autorrestricciones voluntarias para cumplir los ‘límites máximos’ establecidos en el Tratado en lo que respecta a las armas correspondientes, durante al menos un año después de la expiración del citado acuerdo.
Sin embargo, no se recibió ninguna reacción oficial formalizada de EE.UU. a la iniciativa rusa por los canales bilaterales. Los comentarios públicos de la parte estadounidense tampoco dan motivo alguno para concluir que Washington esté dispuesto a seguir el orden de actuación en el ámbito de las armas estratégicas ofensivas propuesto por la Federación de Rusia. En esencia, se trata de que nuestras ideas han sido dejadas sin respuesta deliberadamente. Tal enfoque se considera erróneo y resulta lamentable.
Desde el punto de vista práctico, nuestro país considera este desarrollo de los acontecimientos como un hecho dado que debe tenerse en cuenta a la hora de determinar la próxima política rusa en el ámbito mencionado. En las circunstancias actuales, partimos de que las partes del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas ya no están vinculadas por ningunas obligaciones ni por declaraciones simétricas en el contexto del tratado, incluidas sus disposiciones centrales, y, en principio, son libres en la elección de sus pasos posteriores. Al mismo tiempo, la Federación de Rusia tiene la intención de actuar de manera responsable y mesurada, articulando su línea en el ámbito de las armas estratégicas ofensivas sobre la base de un análisis minucioso de la política militar de EE.UU. y de la situación general en el ámbito estratégico.
La Federación de Rusia siempre está preparada para adoptar contramedidas militares y técnicas contundentes con el fin de contrarrestar potenciales amenazas adicionales a la seguridad nacional. Al mismo tiempo, de cara al futuro, nuestro país permanece abierto a la búsqueda de vías políticas y diplomáticas para la estabilización integral de la situación estratégica sobre la base de soluciones dialogadas en condiciones de igualdad y beneficio mutuo, en el caso de que se formen las condiciones adecuadas para este tipo de interacción».
¿En qué consiste el Nuevo START?
Ante la falta de respuesta de la Administración Trump, por primera vez en décadas no existe un documento legal que regule los arsenales de las dos superpotencias nucleares. El tratado establecía los siguientes límites:
- 1.550 ojivas nucleares desplegadas.
- 700 proyectiles desplegados, incluyendo misiles balísticos intercontinentales (ICBM), misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados.
- 800 lanzadores (desplegados y no desplegados).
Además del control cuantitativo, el acuerdo prohibía el despliegue de armas estratégicas fuera del territorio nacional y permitía inspecciones mutuas. Uno de los puntos de fricción recientes fue la insistencia de EE. UU. en incluir a China en las negociaciones, a pesar de que el arsenal de Beijing representa solo un 12% del volumen que manejan Washington o Moscú.
La postura de Donald Trump
Aunque inicialmente calificó la propuesta de Putin como una «buena idea», el presidente Trump adoptó una postura pragmática hacia la expiración: «Si expira, expira», declaró a The New York Times en enero. El mandatario estadounidense apuesta por una renegociación total que involucre a nuevos actores, dejando al mundo, por ahora, en un vacío normativo estratégico.





