Al menos tres embarcaciones artesanales han sido blanco de ataques en aguas internacionales sin que Ecuador o Estados Unidos asuman la responsabilidad, dejando al descubierto la vulnerabilidad y el desamparo de las comunidades costeras.
En medio de un creciente hermetismo institucional y la absoluta falta de respuestas oficiales, pescadores artesanales de Ecuador que sobrevivieron a violentos ataques en alta mar han alzado su voz para exigir justicia y claridad frente a agresiones armadas de los Estados Unidos. Al menos tres embarcaciones ecuatorianas han sido objeto de bombardeos e incursiones hostiles en aguas internacionales durante los últimos meses, hechos que reportes de la prensa estadounidense vinculan directamente a operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos.

Pie de foto, Hernán Flores, propietario y capitán del barco Negra Francisca Duarte II.
Los pescadores, cuya subsistencia depende enteramente de la faena marítima en el Pacífico, cuestionaron la absoluta desproporción de los operativos y el desprecio por la vida humana, señalando la paradoja tecnológica de estas acciones:
«Si tienen tanta tecnología, por qué nos atacaron sabiendo perfectamente que éramos trabajadores del mar y no una amenaza», denuncian con indignación los afectados, mientras enfrentan secuelas físicas, pérdidas materiales totales y la indiferencia de los gobiernos de la región.
Hasta el momento, ninguna autoridad gubernamental de Ecuador o de los países involucrados ha asumido la responsabilidad de los bombardeos, dejando a las familias de los pescadores en un limbo jurídico y de total indefensión. Los reportes periodísticos internacionales señalan que estas operaciones se estarían ejecutando bajo el paraguas de supuestas estrategias transnacionales de interdicción marítima y combate al narcotráfico, métodos que terminan vulnerando flagrantemente los derechos humanos de las comunidades costeras y criminalizando la pesca artesanal.
Organizaciones de derechos humanos y colectivos de defensa social han advertido que el uso de armamento de alta precisión y operativos militares encubiertos en aguas internacionales por parte de agencias extranjeras como la CIA vulnera la soberanía de los Estados latinoamericanos y convierte a los trabajadores del mar en víctimas colaterales de una guerra imperial impuesta sin control ni rendición de cuentas.
Las comunidades pesqueras de la costa ecuatoriana exigen una investigación internacional independiente que esclarezca los hechos, determine responsabilidades estatales y ponga fin al terror en alta mar que amenaza la vida y el sustento de cientos de familias trabajadoras.





