• julio 4, 2022 10:59 pm

Camilo no deja de reconocer los esfuerzos que se hacen en su época en materia de planeación económica y de señalar la precariedad de sus resultados. Considera que esos ejercicios institucionalizados se ejecutan con muy poca eficacia y que no es suficiente que se propongan fórmulas administrativas, se reúnan expertos y se celebran congresos. Lo realmente útil y urgente es que se analicen las deficiencias estructurales que obstaculizan en estos países una auténtica y eficaz planificación económica en favor de las mayorías. Deficiencias que en su concepto surgen de obstáculos
económicos y sociales.

Los obstáculos económicos los caracteriza en torno a tres tipos de ausencias: inversiones productivas, personal técnico y políticas de desarrollo.

En materia de inversiones productivas las reflexiones de Camilo muestran un país atrapado en las limitaciones de sus propias posibilidades y poseído por una cultura que no se encuentra con facilidad en las ideas de la inversión productiva, desprovista de iniciativas y capacidad de riesgo. Un país que está atrapado por un orden mundial que condiciona los relacionamientos y define a la fuerza las relaciones de inversión, con profundas implicaciones en el mundo de las dependencias. Camilo observa que las inversiones pueden ser de capitales nacionales y de extranjeros. Las inversiones productivas de capitales nacionales son difíciles de lograr espontáneamente. En primer lugar porque los capitales nacionales son escasos, ya que escaso es el ahorro, porque los ingresos son bajos. Además, los capitales se invierten, de preferencia, en países que tengan moneda estable, y en donde haya más seguridades institucionales. Es decir, en países industrializados y desarrollados. Estos fenómenos constituyen círculos viciosos difíciles de romper. Por otra parte, las inversiones en bienes de consumo y bienes suntuarios, no son planificadas ni siempre son las más productivas. Desgraciadamente éstas son las más usuales en los países subdesarrollados. En éstos es imposible lograr inversiones productivas, si ellas dependen de la iniciativa privada.

Camilo entiende claramente los condicionantes políticos de la inversión extranjera en las redes de un mundo bipolar la división del mundo en dos bloques, capitalista y socialista, hace que los países subdesarrollados que se alineen en uno u otro se vean sometidos a un monopolio en cuanto a la financiación externa. La falta de competencia que implica esta polarización, pone a los países subdesarrollados incondicionalmente en estado de dependencia del país inversionista.
El problema del desarrollo industrial de los países subdesarrollados convoca la idea de la integración regional y de la especialización según las ventajas comparativas que posea cada nación.

Observa Camilo que todos los países subdesarrollados aspiran a conquistar su independencia económica, mediante la industrialización. Casi todos pretenden también poseer una industria pesada nacional. Sin embargo, los esfuerzos aislados de cada nación pueden resultar antieconómicos. Mediante la integración regional podría estudiarse qué género de inversiones podría ser más productivo, y si es el caso, que algunos países se especialicen en producción agropecuaria y otros en algunas industrias complementarias de las de los demás.

La planificación supranacional no puede darse sin que exista un margen de independencia y libertad de los países subdesarrollados. Para que ellos mismos definan, en la lógica de la competencia establecida entre los países desarrollados, cómo aprovecharse de las oportunidades.

En relación con la falta de personal técnico que participe y garantice el desarrollo de los países, Camilo considera que ese prerrequisito no se puede lograr sin inversiones en el sector de la educación y que los bajos presupuestos de los países subdesarrollados para éste, son una manifestación de la falta de criterio de productividad
en las inversiones.

Su crítica se dirige hacia la priorización de las inversiones unidas a los intereses del ejercicio del poder, lejos de las necesidades del desarrollo productivo de la nación. A este respecto afirma Camilo que se prefiere invertir en material bélico, en ejército o en burocracia poco eficaz, ya que estas inversiones están más de acuerdo con los intereses de las minorías privilegiadas, a quienes corresponde tomar las decisiones.

Para la década de los sesenta la preocupación de Camilo se refiere a las realidades de la formación técnica y profesional que luego se disparará en las universidades públicas. Pero sobretodo con la proliferación de universidades privadas e institutos técnicos.

Camilo tiene claro el papel que juega la educación en el desarrollo de un país y lo que su ausencia y baja calidad limita en sus posibilidades de fortalecimiento económico y productivo con porcentajes tan bajos de preparación técnica es imposible tener ejecutores de un plan de desarrollo verdaderamente científico. Influyen también poderosamente los altos índices de analfabetismo. Este defecto en la base, trasciende lógicamente a los niveles medio y superior de la
educación. Por falta de planeamiento autoritativo, en ocasiones los profesionales de nivel superior son más numerosos que los del nivel medio, pese a que las necesidades requieren lo contrario.

Igualmente, preocupa a Camilo la fuga de los profesionales más formados hacia los países desarrollados en busca de mayores oportunidades económicas para sus propios proyectos de vida. Los mejor calificados de nivel superior, muchas veces emigran a países desarrollados en donde encuentran mayor remuneración. Y considera que la ayuda que ofrecen los países desarrollados en materia de formación técnica es importante pero que la tarea urgente es evitar la migración de los técnicos nacionales.

El tercer componente que limita los procesos de desarrollo de los países subdesarrollados lo constituye la falta de una política de desarrollo pertinente que permita el despegue de esos países en un contexto de mayor proyección y competitividad. Eso se debe en gran parte a la forma como están concentrados lo que Camilo denomina como “factores de poder”. Los cuales se encuentran en manos de élites políticas y económicas cuya mayor preocupación
es mantenerse a cualquier costo en el ejercicio del poder. Afirma que la falta de inversiones productivas y de personal técnico, está sometida a una serie de círculos viciosos, de los cuales es imposible salir sin una decisión por parte de los que controlan los factores de poder. En los países subdesarrollados, los diversos factores de poder están generalmente concentrados en muy pocas manos. Los medios de producción y los altos niveles culturales, pertenecen a una clase dirigente minoritaria. Esta misma clase reducida, ejerce por sí misma o por medio de un cuerpo de políticos el poder político; en algunos países en donde hay una mayor división de trabajo, el grupo dirigente ni siquiera se toma la molestia de ejercer funciones públicas. Le basta con poder dirigir a los funcionarios. El ejército no se justifica en dichos países, sino para mantener el orden interno, es decir, la estructura dominante. Cuando se habla sobre las frecuentes revoluciones o golpes de estado, en Latinoamérica por ejemplo, no se trata de verdaderas revoluciones, ya que las estructuras se conservan intactas.

Lo que sucede es que hay apenas un simple relevo de personal en los cargos públicos. Cuando este relevo no lo puede ejecutar la clase dirigente por las vías legales, entonces opta por las ilegales. La concentración del poder es en la percepción de Camilo el elemento determinante de las limitaciones que tienen los países subdesarrollados para encontrar las rutas que lleven progreso, bienestar y seguridad a las poblaciones. El mantenimiento del status quo constituye en esencia el propósito de los sectores dominantes. Concluye Camilo que a través del poder económico, del poder cultural, político y militar, la clase dirigente controla los demás poderes.

En aquellos países en donde la Iglesia y el Estado están unidos, la Iglesia es un instrumento de la clase dirigente. Cuando, además la Iglesia posee gran poder económico y poder sobre los medios educacionales, la Iglesia participa del poder de la minoría dirigente. Camilo considera que la lógica que mueve las inversiones de los grupos minoritarios está relacionada con sus propios intereses y que las decisiones para hacer inversiones, que sirven a las mayorías, difícilmente pueden ser adoptadas por las minorías a no ser que también se beneficien por las mismas decisiones. Y que aunque pueden encontrarse actitudes altruistas en algunos miembros del grupo minoritario, es difícil que las motivaciones individuales produzcan actitudes del grupo, como tal.

En el momento histórico que está atravesando la vida de Camilo, el país se encuentra en una etapa de reorganización de su mapa demográfico, de crecimiento de las ciudades y de desarrollo de un ciclo de industrialización que se detendrá en la siguiente década. La lectura que él hace de ese momento se reviste de la pertinencia y objetividad de su formación académica y científica, pero igualmente de su preocupación cristiana de mejorar las condiciones materiales de los sectores menos favorecidos. Dice Camilo que una decisión que podría ser tomada por la clase minoritaria, y
que favorecería a todos, es trabajar por la elevación general de los niveles de vida. El aumento del poder adquisitivo aumenta, en principio, la demanda y aumentando la demanda se puede aumentar la producción.

Sin embargo, Camilo es consciente que para que eso funcione se requiere de algunas condiciones: de la existencia de una economía nacional de mercado que comprometa la competencia libre sin monopolios, oligopolios y, de proteccionismo aduanero, además de una mentalidad de empresario de los productores. Camilo tiene claro que un sector importante de los miembros de la clase dirigente de los países subdesarrollados, no basa sus ingresos en una economía de mercado nacional. Los terratenientes asentistas, muchos propietarios de finca raíz y los que invierten en
el extranjero, no se ven afectados por las fluctuaciones inmediatas de la demanda de bienes y servicios dentro del mercado interno.

E igualmente que la concentración del poder económico en pocas manos, es correlativa a la estructura monopolística. En los países subdesarrollados los monopolios, los trusts y los carteles controlan la producción, especialmente la producción industrial. En cuando a la producción agropecuaria que esté dentro de una economía de mercado, los intermediarios se constituyen en monopolistas de la distribución.

Para Camilo las formas cómo se organiza y fluye la oferta de productos están determinadas por las lógicas del interés del capitalista en relación con la producción del beneficio mayor con el esfuerzo menor. Al respecto señala Camilo que el productor monopolístico no depende necesariamente del volumen de la demanda, para mantener su nivel de ganancias. Puede establecer el precio por encima de los costos marginales de producción. Solamente aumentará el volumen de producción, cuando las ventajas de la cantidad de ventas, justifiquen la baja del precio que implica ese aumento. La elevación de los niveles de vida, se haría a costa de las ganancias de los capitalistas. Es mucho más cómodo insistir en precios altos para menos consumidores, que en precios bajos para más consumidores. La última fórmula implica más trabajo, más posibilidades de conflictos laborales y una reducción de bienes suntuarios. Si los monopolios gozan de la protección del Estado, se excluye la competencia de los productos extranjeros. Mientras el precio de éstos sea más elevado, el esfuerzo que hace el productor nacional es únicamente sobre la calidad. La propaganda irá dirigida al sector de la población que consume, por cualquier razón, productos extranjeros. La demanda que interesa al monopolista, es la proveniente de los estratos económicos altos. Los productores procuran un aumento en los niveles generales de vida, solamente en un mercado de libre competencia.

Camilo considera esencial desarrollar la mentalidad de empresario de los productores, puesto que es ella la que potencializa el desarrollo económico general; para ello se requiere audacia y creatividad. Afirma Camilo que Existen en los países subdesarrollados algunos productores que, dentro de una economía de mercado, están en libre competencia. Sin embargo, para que éstos decidan hacer aumentar la demanda de sus productos, necesitan tener el deseo de ampliar su producción. Para esto se requiere poseer mentalidad de empresario en el sentido en que la define Schumpeter, en la cual la productividad, la creatividad y la audacia están en primer término. Con todo, la divulgación de esta mentalidad, depende estrechamente del desarrollo económico general.

Sin embargo, Camilo entiende que esta necesidad choca con la cultura que tienen las élites económicas en los países subdesarrollados, muy dadas a mantenerse en las comodidades de sus ambientes económicos, inseguras de arriesgar en otros escenarios productivos que desconocen y a los cuales temen. Camilo advierte que en los países subdesarrollados la mentalidad feudal es la más generalizada. El prestigio está basado más en poseer, y poseer bienes ostensibles, que en producir o poseer bienes de producción. Esto hace que sólo una pequeña minoría de los productores, esté interesada en la elevación de los niveles de vida de las clases populares. Esta minoría es la que se ha solido llamar burguesía progresista o nacionalista.

A pesar de esta minoría, la realidad nos ilustra sobre la dificultad que hay para que la clase dirigente tome decisiones para bien de las mayorías, y no exclusivamente de sus propios intereses. En los países subdesarrollados, el poder de esta clase es tan grande que toda concesión es pérdida. Estas circunstancias se irán superando en el tiempo posterior
a la muerte de Camilo; sin que se llegue a poner fin a los llamados círculos viciosos que han condicionado el desarrollo económico del país a la subordinación de la inversión extranjera. La iniciativa de ruptura de los círculos viciosos económicos difícilmente podrá partir espontáneamente de las minorías dirigentes. Esta es la base para que no exista en los países subdesarrollados una política de desarrollo, y no pueda haber una verdadera y auténtica planificación
económica.

Rosalba Alarcón Peña

Rosalba Alarcón Peña, periodista y Defensora de Derechos Humanos, directora del portal web alcarajo.org y la Corporación Puentes de Paz "voces para la vida". Además, analista y columnista del conflicto armado de su país natal (Colombia) en medios internacionales.

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