Las trampas del apadrinamiento político y la degradación moral en las esferas del poder en Colombia.
La sentencia condenatoria por parte de la Fiscalía General de la Nación de Colombia a Juliana Andrea Guerrero por falsificación de títulos profesionales para asumir cargos públicos como el viceministerio de Juventudes bajo el gobierno del expresidente Gustavo Petro debeló la cultura corrupta y servilista que maneja el Estado, aquí ningún partido político se salva.
Empecemos con lo más reciente, las declaraciones de Guerrero en un video donde pide perdón al país por sus actos delictivos, primero decir, Guerrero lee una carta como requisito para aceptar el preacuerdo con la Fiscalía y segundo, ella en su lectura menciona que fue un “error” lo que hizo, acá, ni lo uno ni lo otro, sencillamente, Juliana Guerrero no se arrepiente de sus actos. Pero, en este caso, lo más delicado es, ver cómo la política colombiana opera bajo el mismo sistema de corrupción moral.
El caso de Guerrero, trajo al presente el caso de Jennifer Arias, expresidenta de la Cámara de Representantes del Gobierno Iván Duque, quien habría realizado plagio en su tesis de magíster en Gobierno y Políticas Públicas, conferido por la Universidad Externado de Colombia el 2 de mayo de 2016 y, que, por ese motivo, el Consejo de Estado le retiró el reconocimiento del título.
En su momento Arias fue férreamente defendida por un político de ultraderecha como Álvaro Uribe Vélez un expresidente investigado por delitos de lesa humanidad y Guerrero, defendida por un político progresista como Gustavo Petro expresidente de Colombia.
Las dos mujeres jóvenes, inteligentes y físicamente muy agraciadas, perfiles perfectos para hacer marketing político e impulsar a la sociedad a seguir el ejemplo de que la mujer puede llegar al poder bajo el apadrinamiento político a cualquier precio. Un mensaje peligroso, deshonesto y que da muy mal ejemplo a la juventud y las mujeres de hacer partidistas y políticas serias.
Me pregunto escribiendo estas palabras ¿cuál fue realmente el costo que pagó Guerrero y Arias para llegar a esos puestos públicos? ¿Qué tipo de favores tuvieron que aceptar para estar allí? ¿Quiénes le financiaron? ¿Quién le hizo el relacionamiento con estos personajes políticos?
En Colombia es casi cultural el acoso sexual en los ámbitos de poder político y mediático, el caso más reciente, el acoso sexual y laboral en Caracol Noticias. Recuerdo cuando fue asesora de comunicaciones en dos organizaciones en ambas recibí insinuaciones grotescas de los jefes inmediatos y también pasa con funcionarios públicos.
El caso de Juliana Guerrero y Jennifer Arias no se puede quedar solo delitos de falta de ética y ley de las mujeres porque hay algo más allá, la responsabilidad de los políticos de utilizar el poder económico y político para de alguna u otra manera persuadir a la mujer a conductas delictivas y violentas contra ellas mismas.





