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PERIODISMO PROPOSITIVO DE PAZ

Nicolás Maduro, el héroe de la paz

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PorRosalba Alarcón Peña

Ene 8, 2026

El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de la primera dama y diputada, Cilia Flores, el pasado 3 de enero de 2026 en horas de la madrugada a manos de Estados Unidos, ha develado varias aristas. La primera es la decadencia del imperio estadounidense en el siglo XXI, el cual ha violado el derecho interno, el derecho de la humanidad y el derecho internacional en su afán de robar los recursos naturales de los venezolanos.

La estrategia injerencista ha transitado por bloqueos financieros y económicos, robo de buques, guerra mediática, acusaciones falsas por narcotráfico, la supuesta “falta de democracia” y los asesinatos de venezolanos provocados por la oposición para culpar al mandatario. Ante toda esa guerra psicológica y coercitiva, Maduro mantuvo la calma, la alegría y la sensatez para afianzar con sus homólogos relaciones internacionales, comerciales y militares, manteniendo así a flote a su pueblo.

Su templanza revolucionaria se ha puesto a prueba una vez más, ahora como prisionero de guerra. Como lo diría el Che: “Es mejor morir de pie que vivir arrodillado”. Según nuestras fuentes, EE. UU. le advirtió que, de no entregarse, no solo lo asesinarían a él, sino que bombardearían a Venezuela “al estilo palestino”. Aquí resaltan dos elementos: primero, que EE. UU. acepta abiertamente su genocidio contra el pueblo palestino para quedarse con un territorio donde promete construir grandes hoteles junto al genocida Netanyahu; y segundo, que Maduro se sacrificó para proteger al pueblo venezolano de los bombardeos.

Él sabía que, ante su firmeza de no entregar la soberanía de su país, el único camino que escogen los estadounidenses es la violencia, el secuestro y la tortura. Torturaron a Cilia Flores fracturándole una costilla y golpeando su rostro, pero ella, como mujer revolucionaria, tampoco cedió. Les dijo: “Si se llevan a mi esposo, me tienen que llevar a mí”. De ese carácter son los militantes chavistas; no se amilanan ante nada pues, como no debe olvidar el mundo, la tierra venezolana es tierra de libertadores como Simón Bolívar.

La presencia de Nicolás Maduro envuelve a la gente; su sencillez, carisma, humildad y espíritu de paz destacan, pero sobre todo su tranquilidad al saber que todos los cargos judiciales de los que se le acusa son un entramado falso para presionarlo. La presión se extiende también a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a quien continúan amenazando con bombardear Venezuela si no cede el petróleo de su país.

No es casualidad que agentes de la CIA y la DEA quieran fotografiarse con Maduro y hasta le quiten las esposas. Ellos saben que es inocente y que es un jefe de Estado. Diariamente, los peones de estas agencias ven a un presidente que ha resistido los peores chantajes, una postura que han terminado por admirar. Así lo confirmaron varios colegas al escuchar la respuesta que le dio al juez federal: “Soy Nicolás Maduro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela; soy inocente y me considero un prisionero de guerra”. La misma respuesta fue dada por Cilia Flores.

Ese es el temple de un revolucionario de verdad. ¿Acaso vieron a Dios negarle a Herodes su verdad? ¿O acaso vieron a Dios suplicar a quienes le daban latigazos, sabiendo que él era el camino y la verdad? Simplemente, la rendición no ocurre en una mente revolucionaria, aunque genere asombro en un mundo que ha naturalizado la guerra, la mentira, el engaño, el desprecio por el otro y la ley del garrote.

Un líder revolucionario asume con dignidad cualquier escenario. Maduro conecta y moviliza pueblos con su ejemplo; fue así como el mundo se levantó para pedir su libertad, incluso desde la misma tierra imperial. Con su don de gente, educación y diplomacia, rompió el cerco mediático al que estuvo sometido por décadas. Ese mismo cerco se verá ahora obligado a difundir la verdad que dejará en libertad a Nicolás Maduro, dando así una bofetada al imperio en su propio territorio.

Hoy, en todo el mundo, Nicolás Maduro es considerado un héroe de la paz. Sin detonar una bomba, sin invadir países y con la fuerza de su presencia, ha conquistado al mundo. Muchos admiran su firmeza, su moral y su conciencia política, deseando tener la fuerza de quien, con dignidad, defiende sus ideales ante la adversidad.

Sobre el autor

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Por Rosalba Alarcón Peña

Rosalba Alarcón Peña, periodista y Defensora de Derechos Humanos, directora del portal web alcarajo.org y la Corporación Puentes de Paz "voces para la vida". Además, analista y columnista del conflicto armado de su país natal (Colombia) en medios internacionales. Redes sociales. Twitter: @RosalbaAP_ Facebook. Rosalba Alarcón Peña Contacto: rosalba@alcarajo.org

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