El canciller Serguéi Lavrov advirtió sobre los riesgos del acelerado rearme de la OTAN, mientras Vladímir Putin desestimó cualquier plan de agresión contra el continente.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, denunció que las potencias europeas avanzan de manera decidida hacia un escenario de confrontación armada directa con la Federación de Rusia, fijando como horizonte operativo el año 2030.
«Cada día confirman que, como máximo para 2030, nosotros, los europeos, debemos estar listos para la guerra», alertó el canciller, tras señalar que la narrativa sobre una supuesta agresión rusa carece de sustento y es calificada por Moscú como «un delirio y una tontería».
Lavrov advirtió que las inyecciones multimillonarias en la industria bélica continental amenazan con convertirse en una «profecía autocumplida». Según el diplomático, la acumulación masiva de armamento por parte de la OTAN incrementa el riesgo de que sectores de las élites occidentales busquen justificar militarmente dicha producción contra territorio ruso.
Militarización europea y el escenario hacia 2030
Las declaraciones de la cancillería rusa coinciden con un acelerado proceso de rearme en los países miembros de la alianza atlántica. Gobiernos comunitarios han justificado el incremento sustancial en el presupuesto de defensa, el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad y el restablecimiento de mecanismos de movilización como medidas preventivas ante la «amenaza rusa».
Esta dinámica de preparación militar cobró mayor tracción tras los pronunciamientos del ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, quien enfatizó que las fuerzas armadas germanas deben estar preparadas para una contienda militar hacia 2029.
Para el Kremlin, la construcción de un enemigo externo responde a una estrategia calculada de los líderes europeos para distraer a la opinión pública de sus crisis socioeconómicas internas y validar la compra masiva de material de guerra.
La postura de Vladímir Putin
Por su parte, el presidente Vladímir Putin ratificó que Rusia no tiene planes ni motivos estratégicos para desencadenar un conflicto bélico con Europa. Durante el Foro Internacional de Culturas Unidas en San Petersburgo, el mandatario calificó de «provocación deliberada» los rumores sobre eventuales ataques contra la alianza.
«¿Qué sentido tiene para nosotros atacar a Europa y entrar en guerra con la OTAN?», cuestionó el jefe de Estado, restando credibilidad a los llamados de alerta emitidos por autoridades de los países bálticos.
Respecto a las advertencias del ministro de Defensa de Estonia, Martin Herem, sobre un choque militar, Putin tildó la postura de «absurda». El mandatario enfatizó la desproporción operativa recordando que Estonia cuenta con una población total de 1,3 millones de habitantes, mientras que las Fuerzas Armadas rusas superan los 1,5 millones de efectivos en filas.





