Lun. Jun 14th, 2021

Expresidente colombiano Juan Manuel Santos, y Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, el comandante del ELN. Fotos: Colprensa.

Juan Manuel Santos no creía mucho en una Acuerdo de Paz con el ELN

Luis Eduardo Celis

Cuando Juan Manuel Santos fue electo presidente de Colombia en junio del 2010, venía de ser ministro de Defensa y tenía la convicción de que era posible un acuerdo de paz con las Farc, y desde esa postura trazó una estrategia de actuación de la cual aplicó con total dedicación, dejando a un lado los diálogos con el ELN, porque no creía posible avanzar con esta organización insurgente.

El presidente Santos trazó una estrategia para adelantar el proceso de paz: la prioridad es las FARC y en un segundo plano colocó al ELN, desde allí parte el proceso y los resultados que tenemos. Me pregunto; ¿era posible un proceso simultaneo y en dos mesas? Y mi respuesta es sí, eso era posible, pero el presidente tomó otro camino.

La ruta trazada por el presidente Santos partía de que el ELN no estaba maduro para un proceso de negociaciones viable y en eso tenía razón, el ELN del 2010 y el de ahora en el 2021 no ha construido a su interior una decisión firme de negociaciones, entonces la pregunta a resolver era y sigue siendo, como podemos adelantar un proceso de diálogos y negociaciones con una organización que aún no tiene construida esa decisión firmemente.

Un poco de historia para desarrollar el planteamiento de que el ELN no está maduro para una negociación viable, valoración en la que el presidente Santos tenía razón en 2010 y los que lo afirman hoy igualmente están en lo cierto. El ELN nació con un proyecto de poder global, se empeñó en construir una fuerza militar y social, tuvo su mejor desempeño hasta mediados de los años 90, luego le tocó enfrentar a los paramilitares y la fuerza pública y desarrolló varias guerras regionales entre 1995 y el 2002, allí están las grandes confrontaciones en Oriente Antioqueño, el Magdalena Medio, Bajo Cauca y Nordeste antioqueño, cesar, Catatumbo, todas esas confrontaciones regionales lo debilitaron, llegando a perder dos terceras partes de su fuerza expresada en presencia territorial, mandos, combatientes y finanzas, un verdadero desastre.

Cuando llega el Presidente Uribe en el 2002 y le plantea un gran pulso  militar a las FARC, el ELN es una fuerza totalmente debilitada, que entre 2002 y 2005 evalúa su situación, y concluye que su proyecto de poder global, de imponerse derrotando a su enemigo histórico, “la oligarquía colombiana aliada al imperialismo norteamericano”, no tiene ninguna viabilidad, no hay nada más serio que meterse a un proyecto de guerra donde se mata y se muere, de esta realidad de debilitamiento el ELN hace una reformulación estratégica de hondo calado donde afinca su nuevo proyecto: ya la centralidad del ELN no está en la derrota de su enemigo, se convence de que eso no es viable, ahora su proyecto es resistir  y mostrarle a su enemigo que sigue viviendo y siendo parte de la vida del país y a fe que hay evidencia que siguen vivitos y coleando, siendo un “Estado alterno” que en el 2010 permanecían en 90 municipios y hoy se han expandido a 140.

El ELN es una organización parada en su proyecto: “Resistencia armada”, lo que en términos concretos significa usurparle al Estado Nacional sus labores, de alguna manera hoy el ELN ejerce las labores de seguridad, justicia y tributación a su manera ilegal, en territorios y sus comunidades en una geografía importante.

Pero igualmente el ELN ha formulado una segunda definición: tiene interés en “explorar” el camino de la solución negociada, no ha definido abandonar su proyecto de “Resistencia armada”, nada de eso, pero si está dispuesto a recorrer un proceso de diálogos y negociaciones y si allí se construye un acuerdo de paz, está dispuesto a abandonar la resistencia armada y pasar a una etapa de acción política sin armas.

Resumiendo: el presidente Santos leía bien al ELN, no han tomado una decisión firme de paz negociada y es que la realidad del ELN del 2010 y del 2021 es que no ve un camino viable, no ve cuales son los contenidos concretos que serán parte de ese acuerdo de paz, todo eso es gaseoso, inasible y ahora con esta realidad de que el gobierno de Iván Duque no cumple el acuerdo firmado con las FARC y siguen matando a los firmantes de paz, refuerza la desconfianza del ELN.

El presidente Santos tomó una ruta y esa ruta fue: la prioridad es las FARC, primero las FARC, todos los esfuerzos y un equipo estable y solido con todos los recursos para adelantar un proceso de paz y eso dio buenos resultados, lo cual la sociedad que quiere avanzar en paz agradecemos, y por supuesto que las FARC tenían una decisión firme de paz, de su debilitamiento entre 1998 y 2008 tomó una decisión, no voy a ganar, entonces voy a negociar, muy diferente a lo que hiso el ELN, no voy a ganar, entonces voy a resistir.

El presidente Santos construyó una agenda con las FARC en seis meses, con el ELN le llevó dos años y medio -les recomiendo la lectura del libro del General Eduardo Herrera Berbel: ¿Un proceso de paz inútil? –  el presidente Santos y el ELN firmaron una agenda el 30 de marzo de 2016 en Caracas y el mismo día el presidente Santos le dijo al país que no iniciaría negociaciones si ellos no liberaban al Exgobernador del Chocó, lo cual demoró 11 meses en resolverse y termino solucionándose en un “Canje”, el ELN liberó a Odín Sánchez y el gobierno excarceló a dos integrantes del ELN, con graves problemas de salud.

El Presidente Santos tuvo tres jefes negociadores para el difícil proceso con el ELN y ya con muy poco tiempo para llevarlas adelante, solo se abrieron en febrero de 2017, cuando las FARC ya estaban el proceso de ubicación, lo cual muestra la disparidad de estos procesos.

El Presidente Santos firmó una agenda con el ELN, con la cual no estuvo a gusto, quería una agenda con la misma lógica de la firmada con las FARC: una agenda concreta y centrada entre el gobierno y el actor armado y la firmada con el ELN fue todo lo contrario, una agenda abierta y centrada en una dinámica de participación de la sociedad.

En estos días el presidente Santos ha afirmado que fue el gobierno del Presidente electo Iván Duque el que no permitió que se concretará un cese bilateral con el ELN y tiene razón, Iván Duque en campaña y como presidente electo dijo con toda claridad: no comparto nada de cese bilateral, debe ser unilateral y a esa directriz fue que se aplicaron los militares que estaban en la mesa, de manera realista.

El presidente Santos quiso dejar una mesa, una agenda y un cese bilateral, se aplicó a fondo en ello, pero para julio de 2018, su capital era muy poco y el nuevo jefe el presidente Duque había trazado una línea y a esa se aplicaron disciplinadamente los militares en la última ronda.

El ELN si quiere recorrer el camino de la solución negociada, tiene un orden interno, el Comando Central representa con mandato al conjunto de la organización, allí no están las dificultades.

El ELN tiene un mantra: bilateralidad, participación social amplia y diversa, transformaciones importantes y certezas, pensemos este mantra y sobre el pensemos una estrategia para un proceso viable. En estos referentes es posible que un gobierno con decisión, estrategia, que crea en la participación de la sociedad y tenga propuestas de transformación para adelantar un proceso de paz viable, logre con el ELN, construir el camino que hoy el ELN no ve.

El gobierno del presidente Iván Duque está en su recta final y la resistencia armada de la que participa el ELN, viene viviendo un pequeño proceso de expansión, reto pendiente y vigente.

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